Política México

ANÁLISIS

¿Por qué renunció Raúl Cervantes a la PGR?

La renuncia inesperada del que fuera la carta fuerte de Peña Nieto para ocupar la Fiscalía General, es una medida no decidida por Raúl Cervantes, y que golpea fuertemente los planes para lavarle la cara a la corrupción tan evidente en ese gobierno. Atrás está la mano de Peña Nieto.

Martes 17 de octubre

La renuncia a la PGR del Procurador Raúl Cervantes es una medida política obligada por el arrinconamiento impuesto a Peña Nieto por el Frente Ciudadano (PAN-PRD-MC) que de llegar a consensuar una candidatura común superaría la votación del PRI.

Se da en un contexto en el que, lejos de haber logrado una recomposición con el intento de imponer su política de “unidad nacional” a la población durante los sismos de septiembre, el gobierno de Peña Nieto no logra salvar las dificultades que enfrenta en la carrera rumbo a las elecciones del 2018.

Si bien logró desplazar de las calles a la juventud que salió a sumarse a los rescates en los sismos de septiembre, mediante una gran campaña mediática a nivel nacional y con el gabinete “al frente” de la situación -lo que frenó relativamente la caída de la imagen del Presidente-, no ha logrado superar la crisis de legitimidad abierta a partir de la desaparición de los normalistas de Ayotzinapa.

Cervantes, otro flanco débil del tricolor

Ahora, la renuncia del procurador -quien será reemplazo por Alberto Elías Beltrán, antes titular de la Subprocuraduría de Justicia y Asuntos Internacionales- es también, dicho por el mismo Cervantes, la renuncia a su aspiración a la Fiscalía General.

Se trata de un puesto al que Peña Nieto había apostado -pues sería el mecanismo transexenal que protegería al gobierno de la evidente corrupción existente-, y donde la decisión de Cervantes de no retomar su cargo en el Senado, se explica por la debilidad en que regresaría a una cámara de la cual salió con muchas expectativas.

Por lo que lejos de ser una decisión personal, más bien parece una medida precautoria de Peña Nieto para evitar un mayor desgaste del PRI y el gobierno en el Congreso.

Este es un golpe muy fuerte para el PRI que muestra así su debilidad ante el Frente Ciudadano, y que ya se expresó en septiembre durante la crisis del Senado, cuando el bloque parlamentario formado por el PAN, el PRD y el MC –al que sumó el Morena-, logró eliminar el pase automático que llevaría a Raúl Cervantes a la fiscalía general.

Y es que la gran ofensiva del PRI -orquestada por Enrique Ochoa Reza-, contra el presidente del PAN y su “enriquecimiento inexplicable” (que para cualquier ciudadano es muy explicable en este régimen de bandidos), abrió una caja de Pandora que se le puede revertir peligrosamente si esta declaración de guerra contra el PAN escala aún más.

Así, el escándalo abierto con el asunto del “inexplicable” Ferrari 458 Coupé de Raúl Cervantes cuyo costo es de casi cuatro millones de pesos (230.000 dólares), mismo que fue registrado en el 2012 en un domicilio ajeno al de Cervantes a pocos días de haber tomado posesión como senador, salpica fuertemente la imagen del ahora llamado “fiscal carnal”.

Es un escándalo que deja como ilegítima cualquier acusación de corrupción que salga del arsenal priísta.

En una situación de disputas internas por la nominación del PRI de su candidato a las elecciones presidenciales, de críticas de la población a las medidas insuficientes y tardías a los damnificados por los sismos, y de baja legitimidad del gobierno, el ex procurador empezó a ser un lastre para el priísmo, muy difícil de sostener.

El sacrificio del alfil

Para el gobierno fue necesario tomar la iniciativa pidiéndole a su mejor hombre para la Fiscalía General, que anunciara su renuncia irrevocable, antes que la campaña por el 2018 fue torpedeada por el Frente Ciudadano, el Morena y algunos independientes. Es decir, fue una medida defensiva obligada por las circunstancias.

La declaración en tono molesto de Peña Nieto sobre la renuncia de Cervantes, muestra un gobierno puesto contra las cuerdas. Esto debilita el plan mayor de Peña Nieto para evitar una crisis del PRI basada las denuncias por la corrupción gubernamental.

Nada que ver con la prepotencia de los primeros años del presidente y su seguridad cuando anunciaba el impulso a las reformas estructurales en el Congreso. Ahí, el PAN de Ricardo Anaya –junto con el PRD– tenía mucho acuerdo con el PRI.

Un gobierno fuerte hubiera pasado sobre las resistencias en el Senado para nombrar al ex procurador como Fiscal General, pero el de Peña Nieto no puede hacerlo, la relación de fuerzas hoy no le da.

Pese a su visión exitista, el PRI no remonta

El PRI se juega todo en estas elecciones; de ahí su preocupación por imponer como Fiscal General al priísta Cervantes. Como nunca, va muy atrás de AMLO y el Morena que, sin hacer mucha política, se mantiene en el primer lugar de las preferencias electorales.

El susto sufrido en las elecciones del Estado de México trata de disimularlo con millonarios anuncios pagados, declaraciones exitistas y bravuconadas que no corresponden a la realidad.

En la población hay mucho hartazgo por el autoritarismo del gobierno, la carestía de la vida, la creciente inseguridad en varias regiones en el país –evidenciando la ingobernabilidad existente en esos lugares–, a lo que se viene a sumar el descontento por el abandono que sufren muchos en lugares donde los sismos pegaron fuerte.

Ante ese panorama, el PRI quiere legitimarse aparentando ser campeones de la honestidad; se les olvida Carranza, Álvaro Obregón, Ávila Camacho, López Portillo, Salinas de Gortari, Zedillo, Peña Nieto, su gabinete y los ex gobernadores priístas que los últimos años acumularon riquezas “inexplicables”.

De poco le servirá su política para dividir al PAN, y la salida de Margarita Zavala de ese partido para fragmentar el voto de la centroderecha y favorecer al PRI (en la pelea de Felipe Calderón contra Anaya está la complicidad de Calderón con el PRI). Medida a la que a apuntan también los aspirantes a candidaturas “independientes” como "El Bronco" y Ríos Peter.

Más allá de cómo se desarrolle esta pugna entre el Frente Ciudadano y el PRI –todos partidos patronales que impusieron las reformas estructurales con el Pacto por México–, o si sigue puntero el Morena, ninguno de sus programas da respuesta a los problemas de la clase trabajadora, del campo, de los bajos salarios, de la miseria de la población, de la inseguridad, de la exorbitante deuda externa y de la subordinación al imperialismo.

Los trabajadores y el pueblo pobre necesitan una herramienta política que los represente y luche por movilizar a las mayorías contra estos flagelos del capitalismo.






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