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INVESTIDURA CATALANA

¿Por qué es tan difícil el acuerdo entre JxCat y Esquerra?

Desde que Roger Torrent aplazó el pleno de investidura, Esquerra y Junts per Catalunya llevan muchas reuniones “poniéndose de acuerdo” dilapidando la fuerza del pueblo que los encumbró.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Lunes 12 de febrero | 19:42

El 17 de enero se constituyó el Parlament catalán de acuerdo a los resultados de las elecciones autonómicas del 21D. La mayoría independentista permitió obtener la dirección de la mesa del Parlament y nombrar a Roger Torrent, de Esquerra Republicana, como su nuevo President. Sin embargo, los acuerdos entre Esquerra y Junts per Catalunya no se pudieron plasmar en la sesión de investidura fallida del 30 de enero, ni aún queda claro cuándo se pondrán de acuerdo.

Lo que está en juego para estas dos formaciones es el poder en Catalunya y quien sigue al frente del movimiento soberanista. Y, para ello nadie escatima esfuerzos. Por un lado, Esquerra no quiere correr riesgo alguno. El partido de Junqueras pretende aceptar las reglas de juego que Rajoy, el TC y el juez Llarena imponen contra el pueblo catalán. Como han dicho varios dirigentes, sin provocar nuevas imputaciones o detenciones y con la investidura un Gobierno estable y efectivo.

La propuesta de Esquerra Republicana se sintetiza en investir un Gobierno “normal” con consellers “normales” para gobernar. Junto a ello, que el Parlament reconozca que hay un gobierno en el exilio, el de Puigdemont, aunque sea simbólico. Ese gobierno reconocido por el Parlament sería votado por la “Asamblea de los electos” que sumaría a todos los alcaldes y diputados catalanes. Esta fórmula sería una adaptación clara al 155 y al régimen del 78, de lo más disimulada que encontraron.

Por el contrario, Junts per Catalunya se propone investir a Puigdemont de manera efectiva, esto es telemática. El argumento que esgrimen es que es legítimo porque era el President y se lo volvió a ganar el 21D. Para validar la mayoría del 21D hay que movilizar las masas y que estas los aúpen desde la frontera hasta el lugar donde el Parlament quiera sesionar. Pero Puigdemont prefiere las piruetas antes que enfrentar a las reaccionarias instituciones de éste régimen. JxCat busca “forzar” un acuerdo con el Gobierno, como siempre.

Por ello, JxCat presentó en solitario, el viernes pasado, en el Parlament una propuesta para modificar la “Llei de la Presidència” con la intención de investir a Puigdemont a distancia. De ésta manera quiere presionar a ERC para una investidura telemática. No obstante, la diputada Marta Rovira dejó bien en claro que no hay acuerdo en dicha modificación quedando patente los enfrentamientos entre ambas formaciones.

ERC se siente amenazada por el Gobierno de Rajoy y los jueces, por un lado, y la posibilidad de nuevas elecciones por el otro. Junts per Catalunya busca la investidura de Puigdemont sea como sea. Si bien es cierto que es legítimo que Puigdemont sea investido, también es cierto que el TC y Rajoy se encargarán de impugnarlo en un santiamén. Y, ante ello, no ofrecen una alternativa seria, no hay un full de ruta basado en la movilización y organización de las masas.

Mientras se pelean JxCat y ERC, la derecha española se frota las manos. Sobre todo Ciudadanos riéndose de la bancarrota política a la que se dirigen. El gobierno de Rajoy continúa con el 155 y la intervención económica de Catalunya. El poder judicial prosigue con su macrocausa y el juez Ramírez Sunyer también tiene su causa abierta por el delito de rebelión y avanzan decididamente en la represión judicial.

Las fuerzas en pugna

Más allá de tal o cual maniobra, lo que hay por detrás de estas negociaciones y estas propuestas “innovadoras” es la falta de voluntad para llamar al pueblo catalán a las calles, es la falta de un enfrentamiento real con el Gobierno español, el 155 y las instituciones del régimen. Ni Junts per Catalunya-PDeCAT, ni Esquerra Republicana quieren sacar los pies del plato.

Cierto es que el enemigo tiene cierta fortaleza por dirigir las fuerzas represivas del Estado. La policía, el ejército y los jueces están de su lado. Incluso la “oposición” en pleno se encarga de defender las reglas de juego. Y, las barbaridades de Rajoy y los jueces son apoyadas una y otra vez por el PSOE y Ciudadanos. Además cuentan con unas leyes interpretables a gusto y placer del consumidor y una Constitución dictada por el bunker hace 40 años.

Sin embargo, el Estado, contando con todas estas fuerzas, no ha sido capaz de evitar las urnas y que el 1O se vote. El referéndum que Rajoy no vio se hizo delante de él y con una organización y movilización del pueblo enorme. A pesar de los 10.000 piolines amarrados en el puerto, el pueblo demostró su fuerza y logró darle un tortazo a Rajoy. Por tanto, la fortaleza del Estado es relativa.

Fue la fuerza de aquellos que luchan por la república, la que hizo tambalear el escenario político. Esa “fuerza” se expresó en decenas de miles que defendieron el voto en cada escuela, en más de dos millones que votaron el 1O, en la primera huelga general de Catalunya que se hizo sin la convocatoria de CCOO y UGT, en las manifestaciones masivas de la tarde de ese 3O, en los cortes y piquetes callejeros y vías férreas del 8N que protagonizaron los CDRs y decenas de miles.

La fuerza del pueblo catalán se ampara en más de seis años de movilizaciones pidiendo ejercer el derecho a decidir. Se trató de negociar con el Estado español la cesión de la competencia para poder convocar un referéndum que fue negado por el PP-PSOE rotundamente. Se ampara en la experiencia de un Estatut que cortado y recortado, y que luego de ser votado por el pueblo, fue tumbado por el PP-Tribunal Constitucional.

Se ampara en la enorme movilización del 10J cuando se repudió al Tribunal Constitucional y la impugnación de algunos artículos (que eran copia de otros estatutos no cuestionados por el TC). Se ampara en décadas de opresión, en los problemas en que el Estado pone para un uso cotidiano del catalán. Es una fuerza que surgió desde abajo, para sorpresa de la antigua Convergència, de Esquerra y de todo el establishment.

Ni ERC, ni JxCat promueven estas fuerzas

Desde el 3O no hubo llamamiento unitario para movilizar al pueblo catalán, ni convocatorias de huelgas por parte de los sindicatos. La Assemblea Nacional Catalana y Òmnium, que tienen a sus máximos dirigentes presos, apenas si han hecho una movilización importante el 11N para luego mantener una extraña pasividad. En cuatro meses de cárcel provisional que llevan sus presidentes, no hubo una campaña de movilizaciones para liberarlos.

Todas las organizaciones que expresan el independentismo abandonaran las calles. Puigdemont el primero que alargó todo lo que pudo la declaración de la república. Recién el 27O y solo como algo simbólico. En eso le acompañaron los dirigentes de Esquerra Republicana y las organizaciones sociales ANC y Òmnium. Y, luego del 8N, lamentablemente, también se sumaron también la CUP y los CDRs.

Todos entraron de lleno en las elecciones del 21D y las negociaciones para formar Govern, sacando al pueblo de la calle. Luego del 21D también siguieron con la misma dinámica. Una pasividad criminal, teniendo en cuenta la ofensiva del Gobierno de Rajoy para impedir la investidura de Puigdemont o la macrocausa de Llarena para perseguir a los dirigentes catalanes.

Quizás haya repetición de elecciones, quizás haya algún tipo de investidura bifronte o técnica. Pero lo más peligroso es que las cúpulas de ERC y JxCat están logrando sacar al pueblo de las calles y así ganan tiempo para sus piruetas. Mientras tanto se aleja más el 1O y el 3O. El movimiento independentista catalán está en la encrucijada. Es un delicado momento de decisiones. Y, los diputados de la CUP siguen con la “mà extesa” (mano tendida) hacia Puigdemont y Junqueras.






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