Internacional

DOSSIER CRISIS DE PETROBRAS

Por qué el modelo del PT para Petrobrás no es ni estatal ni nacionalista

La política de Lula de ampliar el poder del Estado sobre la explotación de crudo en la zona marítima conocida como Pre-Sal, cambiando el modelo de concesiones, tuvo como objetivo favorecer el poder de regateo del capital nativo con respecto al extranjero. Por más que los petistas intenten vender esa política como un estatismo contrapuesto al entreguismo, esta contraposición no existe en la realidad.

Sábado 11 de julio de 2015 | Edición del día

Para contraponerse a la saña de los “tucanos”, como se los conoce a los partidarios del PSDB, de profundizar la entrega del petroleo brasilero a las multinacionales imperialistas, los petistes venden la ilusión de que el modelo actualmente vigente es estatal y nacionalista. Para eso, ocultan que por detrás del control mayoritario que tiene el gobierno de las acciones con poder de voto de Petrobrás, más del 72,3% del capital con derecho a ganancias es privado, y de esos, menos del 35,4% es propiedad directa del capital extranjero. Incluso la menor parte de las ganancias que le quedan al gobierno está puestas al servicio de alimentar los 42% de presupuesto público federal que es destinado anualmente al pago de deudas y amortiguaciones a los banqueros y especuladores. Toda la propaganda del gobierno sobre los royalties del Pre-Sal que supuestamente serían destinados a la educación no pasa de una mísera parte de toda es torta mordida por el capital privado nacional y extranjero.

Frente a la actual crisis de Petrobrás en función del escándalo de corrupción conocido como operación “Lava-Jato” y la caída del precio del petroleo, que trajeron a la superficie las enormes deudas acumuladas por la estatal, el PT está poniendo en práctica un nuevo plan de “desiversión” y privatización de la empresa. El plan de negocios de la empresa, recientemente publicado, prevé desinversiones, que significan privatizaciones, por el valor de 57 mil millones de dólares entre 2015 y 2019. Una suma inmensa que corresponde a una gran parte del capital de la empresa.

Como parte de este nuevo paquete ya fue vendida a Shell a precio de banana una nueva cuenca del llamado “pos-sal”, que se encuentra por encima de la capa de sal del fondo del mar, en el estado de Espírito Santo, y está en discusión la apertura de capital de BR Distribuidora en la bolsa de valores, y hay rumores de que lo mismo podría ocurrir con otras subsidiarias de Petrobrás como Transpetro, Liqugás, las fábricas de fertilizantes (FAFEN) y termoeléctricas (UTE). Esas aperturas de capital, en la medida que se confirmen, permitirán al capital nativo y extranjero morder una parte más de las ganancias del conglomerado de Petrobrás.

Sumada a esta privatización aumenta la presencia del capital imperialista en las licitaciones de contratos en función del veto a los proveedores investigados en la operación Lava-Jato y la reducción de inversiones, ese es el plan con que el gobierno del PT hoy busca recomponer el valor de Petrobrás frente a los ojos del mercado.

Por otro lado, 81% de los trabajadores de Petrobrás mantienen contratos tercerizados con derechos laborales flexibilizados. Esa fue una “herencia” que el gobierno de Lula recibió del ex presidente Fernando Henrique Cardos (FHC) que fue mantenida y profundizada por el proyecto “estatal” y “nacionalista” del PT. Aquí, al igual que en muchos otros ámbitos como vemos ahora con la política económica de Levy, Lula y Dilma fueron continuadores del “proyecto de país”, apalancado por la ofensiva neoliberal de los tucanos.

La falacia del “contenido nacional”

El 85% de los contratos de prestación de servicios, obras de construcción civil, materias primas y equipos reservados a empresas “nacionales” es repartidos entre gigantes como Odebrecht y Andrade Gutierrez, cuyos presidentes se encuentran detrás de las rejas y están entre las mayores financiadoras de las campañas del PT y del PSDB. Lejos de ser ejemplos de una “burguesía nacional”, así como en el caso de Petrobrás, esos gigantescos conglomerados poseen múltiples formas de asociación con el capital imperialista. Por detrás de un control mayoritario de brasileros en las acciones con derecho a voto se esconde una amplia gama de capitales extranjeros que llevan sus ganancias al exterior.

Los símbolos de esas empresas son empresarios como Eike Batista y Odebrecht, que hicieron fortunas como amigos del gobierno. Aprovechando los altos precios de las commodities y la abundancia de capital extranjero en el país, ayudados por el financiamiento con dinero público, se enriquecieron y transformaron en verdaderos “global players”. La propia Odebrecht pudo “diversificar” sus activos con la ayuda de Petrobrás y el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), ya que pasó de ser una importante empresa de la rama petroquímica a través de BRASKEM a detener el monopolio del sector, aniquilando a todos los concurrentes. La nueva BRASKEM en una joint-venture entre Odebrecht (60%) y Petrobrás (40%). Ahora, enfrentados a una situación de crisis, tanto Eike Batista y Odebrech y muchos otros amenazan dejar impagas sus gigantescas deudas con el BNDES.

Al contrario de lo que los petistas intentan aparentar, nunca en la historia de Brasil hubo semejante entrada de capital extranjero como en los últimos años. Para que se tenga una dimensión histórica, de 1947 a 2005 el saldo de entrada de capitales extranjeros en el país alcanza 329 mil millones de dólares, y solo entre 2006 y 2014 ese saldo equivale a 662 mil millones de dólares: más que el doble.

Más allá de las multinacionales que se instalaron en el país, una enorme parte de ese capital extranjero fue destinado a la especulación financiera y a la compra de acciones de empresas de los llamados global player brasileros, pero en realidad son empresas mixtas bajo control del capital nativo. Esa fue una importante diferencia de Brasil con respecto a países como Argentina, donde la ofensiva neolbieral dejo pocas empresas de ese tipo, vendiendo la mayoría a los monopolios imperialistas.

La política de Lula de ampliar el poder del Estado sobre la explotación del pre-sal cambiando el modelo de las concesiones tuvo como objetivo favorecer el poder de regateo del capital nativo en relación al extranjero. Por más que los petistas intenten vender esa política del PT como un “estatismo” contrapuesto al entreguismo, esa contraposición no existe en la realidad. Al contrario, el capital privado se fortaleció enormemente con la ayuda del gobierno y el capital extranjero nunca ganó tanto dinero en el país. Aún así, por más que esa ampliación del stock de capital extranjero en el país haya correspondido a un enorme aumento de la transferencia de rentas provenientes de ganancias e intereses al exterior, la sed de rapiña del imperialismo quiere facilitar la penetración directa de sus grandes monopolios para competir libremente con los global player brasileros y dirigir el proceso de acumulación de capital en una escala superior en su “patio trasero”.

¿Por qué la corrupción del PT está más en evidencia que la del PSDB?

Los petistas dicen que en “su” gobierno la corrupción está siendo más combatida que enlos gobiernos del PSDB, y dicen que no hay ningún problema en “abrir la carne” para deshacerse de la podredumbre. Los escándalos de las privatizaciones en los años 90 y el involucramiento del PSDB con las mismas constructoras de la operación Lava-Jato en las obras del subterráneo de San Pablo y en los financiamientos de campaña de sus candidatos dejan en claro que ese “mal” no es un privilegio del PT. Al contrario, se sabe que lo que ocurre hoy en Petrobras siempre ocurrió en todas las empresas “públicas” a lo largo de la historia del país.

Al ser un partido que tuvo su origen en la clase trabajadora, en los sindicatos y movimientos sociales, para transformarse en administrador de los negocios capitalistas a través del Estado, el PT tuvo que ofrecer ventajas a determinados sectores capitalistas para crear su propia red de “amigos” preferenciales del Planalto (ejecutivo).

El denominado Petrolão no es más que eso: el esquema creado por el PT con la ayuda de Petrobrás y el BNDES, para apalancar su partido como una de las principales maquinarias electorales del país, mojando las manos que fuesen necesarias para ese fin.

Ya el escándalo del mensalão fue un intento del PT de gobiernar sobornando partidos menores en alquiler para no tener que subordinarse a los intereses del PMDB, la otra maquinaria electoral ligada a lo que existe de más reaccionario y oligárquico en el interior del país. Fue derrotado y tuvo que inclinarse, pasando a compartir con el PMDB el “consorcio de explotación” de Petrobras como red de corrupción.

Lo que está en juego por detrás de la operación Lava-Jato es no solo la penetración del capital privado e imperialista sobre las empresas y obras públicas del país, sino cuáles serán los representantes de esos intereses de ahora en más.

¿Por qué la subordinación al PT es un obstáculo para una lucha antiimperialista consecuente?

Muchos sindicalistas, periodistas, intelectuales y blogueros petistas como Luís Nassif y Emir Sader rechazan los intereses imperialistas sobre Brasi y el papel que el PSDB cumple como correa de transmisión de esos intereses. Sin embargo, al considerar al PT como única alternativa prosible frente a esos intereses, terminan cumpliendo un papel de obstáculo para el desarrollo de una fuerza antiimperialista que parta de la organización y movilización independiente de la clase trabajadora, de la juventud y de los movimientos sociales.

Eso es inevitable porque cualquier movimiento o fuerza política que quiere verdaderamente combatir los intereses imperialistas en el país también va a enfrentarse necesariamente con “su” gobierno del PT. Porque cualquier proceso de movilización antiimperialista genuino que se desarrolle no va a diferenciar entre el “entreguistmo hard” de los tucanos y el “entreguismo light” de los petistas. Por eso, la decisión de defender ese gobierno, aún cuando sea como “mal menor” frente a los tucanos, va a terminar siempre contraponiendo o buscando imponer límites a cualquier movimiento de masas que busque cuestionar la subordinación del país al imperialismo.

Eso queda claro hoy, pero también quedó demostrado en el remate de la cuenca de Libra en 2013. Un remate que significó una de las mayores privatizaciones y entregas de la historia del país, a precio de banana fue vendido uno de los mayores campos de petroleo del mundo, un campo que solo alcanza reservas de 15.000 millones de barriles, siendo que todo el resto del país tiene aproximadamente la misma cantidad. Esta venta, con derecho a participación de Shell y empresas chinas fue acompañada con la represión a los trabajadores en huelga y con la excusa de que el modelo de privatización petista era menos entreguista.

Cuando la cuenca de Libra fue privatizada, Brasil acababa de vivir las jornadas de junio, donde la juventud, apoyada por toda la población, cuestionó la naturalización de la miseria de lo posible neoliberal sobre los derechos sociales más elementales como transporte y educación. Fueron protestas que cuestionaron profundamente la casta de políticos que parasita al Estado al servicio de los intereses dominantes, golpeando a todos los partidos en forma indiscriminada. La lucha contra la privatización de Libra se dió en el marco de grandes huelgas que no se veían desde la década del 80, como las huelgas de la construcción civil en 2011 y 2012 y el paro nacional luego después de las jornadas de junio. Simultaneamente al remate, los profesores de Rio de Janeiro encabezaban una heroica huelga con actos de 50 mil en las calles. Fue en ese marco que los petroleros hicieron una huelga nacional contra la privatización de esa cuenca del pre-sal.

Sin embargo, en un escenario como ese, extremadamente favorable al surgimiento de un gran movimiento nacional contra la entrega de Libra al capital privado e imperialista, donde estaba al alcance de la mano construir grandes actos de masas en Rio de Janeiro con el apoyo de todo el país, nada de eso fue hecho.

Al contrario, el PT festejó la participación de Shell que quebró el boicot de las demás petroleras norteamericanas, demostrando que la huelga encabezada por los sindicalistas de la CUT no tenía otro objetivo que servir a la negociación de mejores condiciones de regateo de “su” gobierno con ese o aquel capital imperalista. Un día se protesta “contra los remates”, al día siguiente se defiende el modelo de privatización, incluendo los remates... Esa fue la mayor prueba de que la bandera levantada por la CUT de una “Petrobras 100% estatal” o su oposición a los remates no era más que una cobertura por izquierda para la forma particular de entreguismo del PT.

La lucha contra el imperialismo y la privatización debe darse de forma inseparable de la lucha contra la corrupción

El cinismo de la defensa de una Petrobras 100% estatal por parte de la CUT se demuestra de forma aberrante cuando esa no organiza un plan serio de lucha para combatir las medidas de privatización de Petrobras al capital nativo y extranjero que están en curso en este momento. Ni siquiera para combatir la ley que el senador José Serra (PSDB) quiere implementar para cambiar el modelo de exploración del pre-sal la CUT ha convocado a una gran movilización de los petroleros y de los trabajadores de todo el país.

Para la CUT, la lucha contra los intereses imperialistas está completamente separada de la lucha contra la corrupción, porque en ese caso se trata de defender los propios privilegios del PT y la burocracia cutista sobre Petrobrás. Si una Petrobras 100% estatal fuese admiistrada como es actualmente, seguiría siendo un antro de corrupción que estaría al servicio de los intereses de las clases dominantes, sus indicados, sus empresas prestadoras de servicio, etc., y no de la mayoría de la población. La defensa de una Petrobras 100% estatal debe ser inserparable de la lucha para que la misma sea administrada de forma verdaderamente democrática, en la que los trabajadors que la hacen funcionar asuman para sí los destinos de la empresa en sus propias manos, creando una nueva forma de administración basada en organismos de democracia directa de los propios petroleros en alianza con el conjunto de la clase trabajadora.

El PSOL y el PSTU tienen planteado impulsar una amplia campaña nacional que muestre la necesidad de luchar para que Petrobras sea no solo 100% estatal, sino que sea administrada por los trabajadores.

Invitamos a los lectores de La Izquierda Diario a leer el Dossier Especial sobre la Crisis de Petrobras, elaborado por Esquerda Diário de Brasil.

Petrobrás: corrupción, privatizaciones y expoliación imperialista

La mirada imperialista sobre el petróleo brasilero

Otra cara de la privatización y la corrupción: el drama de centenares de miles de tercerizados

Por una Petrobras 100 % estatal bajo administración democrática de los trabajadores







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