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EDUCACIÓN

¿Por qué el agobio de los profesores es la ganancia de los sostenedores?

Los sostenedores reciben millones en recursos educativos transferidos desde el ministerio, bajo concepto de subvenciones. Otro tanto de esos millones proviene de la sobreexplotación de sus trabajadores, el agobio laboral que denuncian los docentes.

Alejandro Guerrero

Profesor de Historia y Geografía

Sábado 28 de abril

Hace poco días el actual ministro Varela ofreció una cuestionada disculpa a los sostenedores y empresarios de la educación por cómo habían sido tratados durante el pasado gobierno de Bachelet y, subterráneamente, por los cuestionamientos hacia su rol en la educación que no fueron capaces de cerrar desde el primer gobierno de Piñera y el ciclo de movilizaciones que se abrió el 2011.

El actual modelo educacional de mercado fue impuesto desde arriba en plena dictadura militar, en un período donde se violaban sistemáticamente los derechos humanos desde el propio Estado, por lo que no es de extrañar que en la base de su “éxito” (las millonarias ganancias en los bolsillos de los sostenedores privados) se encuentre la sobreexplotación de sus trabajadores.

Los sostenedores reciben millones en recursos educativos transferidos desde el ministerio, bajo concepto de subvenciones, por la matrícula y la asistencia de cada uno de sus alumnos. Esta es la parte mas conocida y también la que más ha sido cuestionada por las movilizaciones estudiantiles desde el 2011. Sin embargo, no es la única vía por la que los sostenedores se han enriquecido.

Otro tanto de esos millones proviene de la sobreexplotación de sus trabajadores, el agobio laboral que denuncian los docentes. Hacer clases en los colegios no requiere solamente estar en el aula frente a 40 alumnos enseñando, pues esa es una pequeña parte que no sería posible sin la preparación previa de materiales o de instrumentos de evaluación del aprendizaje y su posterior corrección por citar algunos de los ejemplos más conocidos. Es como pensar que el actual triunfo de la selección chilena femenina de fútbol fue el mérito del partido, desconociendo toda la preparación, la práctica y el entrenamiento que sostuvieron para lograrlo.

Actualmente los profesores no tienen tiempo fuera de las aulas. Las horas lectivas (horas en aula haciendo clases) representan un 70% del total de horas, según lo establecido por el Mineduc en su página oficial, lo que significa que apenas un 30% queda para la preparación, la creación de evaluaciones y la corrección de las mismas. Y en los establecimientos subvencionados, la situación es aún peor.

Esto obliga a los docentes a trabajar en horarios fuera del colegio, a llevarse trabajo para la casa, horas que evidentemente no son remuneradas y que traen como consecuencia además la pérdida de tiempo para la vida propia del docente y su familia.

Esto podría solucionarse fácilmente. Equilibrar la proporción de horas lectivas y no lectivas en 50/50% que permitiría dedicar el tiempo necesario a la preparación de las clases, mejorando de paso su calidad, al tiempo que permitiría contratar más docentes que cubran la disminución de horas en aula por profesor. Es decir, si un profesor pasa menos horas en aula porque tiene más tiempo preparando su material, otro docente debe ser contratado en las mismas condiciones, repartiéndose así la carga horaria total en aula y evitando el desempleo.

¿Por qué esto no ocurre? Porque atenta directamente contra las ganancias de los sostenedores. Hoy en día el sistema educacional requiere el doble de profesores en aula que los que actualmente se encuentran haciendo clases (por eso la tasa de cesantía es alta), por lo tanto un profesor hoy está trabajando lo que deben trabajar 2 docentes, o mirado desde otro ángulo, el sostenedor se está ahorrando la mitad de salarios que debería pagar además de lo que ahorra en las horas que no le paga al profesional cuando éste trabaja en casa.

De esta manera es que el “éxito” del actual modelo descansa sobre la sobreexplotación, el agobio, que junto con las subvenciones, deja un enorme margen a la ganancia empresarial.

Es por esto que la educación jamás va a mejorar de la mano de los empresarios, pues como queda demostrado, la calidad es contrapuesta a las ganancias y los empresarios siempre elegirán ganar más. Es necesario acabar con el modelo de mercado, cuyo motor es el agobio del docente, y esto sólo podrá ser realizado de la mano de profesores y estudiantes, sin confianza en parlamentarios y ministros que como Varela piden perdón a los sostenedores y les rinden pleitesía, por la vía de las fuerzas propias y de la movilización activa. Solo de las ruinas de la educación de mercado podrá surgir esa educación de calidad, integral y sin discriminación que soñamos para el futuro.






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