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Opinión

¿Por qué el Gobierno no invierte en el Astillero Río Santiago 100% estatal?

Desde la conducción de ATE Ensenada, junto con los municipios de Berisso y Ensenada como principales convocantes, habían llamado a realizar este 17 de agosto una “caravana por la soberanía” por la región. ¿Somos soberanos si no podemos producir lo que necesitamos en el país?

Juan Contrisciani

Delegado del Astillero Río Santiago | Agrupación Marrón | Dirigente del PTS

Jueves 20 de agosto | 10:03

La acción convocada por ATE para este lunes, que finalmente fue pospuesta por el disparo de contagios, tenía por objeto “la defensa de la soberanía, la expropiación de Vicentín, el tratamiento al impuesto a la riqueza, la reactivación de la industria naval y la construcción del buque polar en Astilleros nacionales, la concreción del Canal Magdalena y en apoyo a las medidas adoptadas por el Gobierno en el combate contra el Covid-19”.

Esta convocatoria da cuenta de la creciente preocupación entre los trabajadores del Astillero respecto a las condiciones en las que se retomarán las tareas en medio de la pandemia, pero principalmente frente al futuro laboral en el ARS.

A esta preocupación se suma el malestar por los anuncios del gobierno por la adquisición de un buque polar usado pregonado como una “donación”, pero que en realidad tendrá un costo de U$S 2 millones en reparaciones.

La industria nacional para el gobierno es una apuesta...de alto riesgo

Esta medida del Gobierno no es aislada, sino que es continuidad de una política de vaciamiento de la industria naval nacional por parte del Estado, que comenzó en los ‘80 y se profundizó con el menemismo y continúa hasta nuestros días.

Dicha política implica el abandono cada vez mayor de grandes y medianos buques en el país y el favorecimiento, a través de legislación y eximiciones impositivas al charteo de barcos, que es, en otras palabras, el alquiler de barcos usados descartados en otros países por el incumplimiento de normas laborales y ambientales.

Además, el Ministro de Defensa Agustín Rossi expresó sus intenciones de destinar todo trabajo naval de su área, sea construcción o reparación, al Astillero CINAR (Ex Tandanor – Domeq García) que no solo no cuenta con experiencia en la construcción de buques (es un taller de reparación de cascos principalmente) sino que allí abundan las compañías privadas que hacen negocios con el Estado, precarizando a los trabajadores navales.

Compartimos con la conducción de ATE Ensenada la necesidad de poner sobre la mesa frente al Gobierno y ante la sociedad la falta de perspectiva laboral para el único astillero 100% estatal del país.

Sin embargo, no podemos dejar de señalar que el Gobierno viene adoptando medidas que son verdaderas opciones en favor del rescate a los empresarios como el retroceso ante el anuncio de intervención de la empresa Vicentín, el subsidio ATP a grandes empresas como Siderar de Paolo Rocca y las suspensiones con reducción salarial que el Gobierno propició.

Pero sobre todo no avalamos el acuerdo por el pago de la deuda ilegal, ilegítima y fraudulenta, que hipoteca nuestro futuro y el de las próximas generaciones. Un negocio que viene desde la nacionalización de la deuda privada en el ’82 hasta el enorme endeudamiento del gobierno macrista para financiar la fuga de capitales.

Estos retrocesos que impuso el Gobierno y su constante ceder a los empresarios, sumado a la inacción cómplice de las direcciones sindicales, es lo que le da triunfos políticos a la derecha, que viene de hacer marchas cada vez más numerosas.

¿Cómo se defiende la soberanía?

En los años ’90, con la oleada privatizadora del menemismo, Argentina dio un salto en cuanto a subordinación económica y entrega nacional a las empresas transnacionales. La industria naval y el comercio exterior fueron un claro ejemplo de ello. ELMA, la línea de bandera de transporte por agua, fue liquidada y los puertos fueron privatizados. Esto dejó al Astillero sin su principal función: construir barcos tanto para ELMA como para otros clientes del Estado como YPF (también privatizada), la Armada, etc. Ninguno de los gobiernos que vinieron después de Menem cuestionó este esquema neoliberal.

De hecho, fomentaron el charteo de buques usados, descartados por países como España por ser obsoletos. Lo que unos tiran, nuestro país los reforma para que, por ejemplo, las industrias pesqueras los utilicen en la muy rentable pesca de langostino. No casualmente la pesca en el litoral marítimo argentino cuenta con la cifra de más de 40 hundimientos y más de 100 muertes de trabajadores de la pesca debido al mal estado de las embarcaciones.

De este vaciamiento de la industria naval estatal y este negocio “a medida” se beneficiaron los armadores y astilleros privados nucleados en la F.I.N.A. (Federación de Industria Naval Argentina) con Héctor Tettamanti a la cabeza, dueño del astillero SPI de Mar del Plata, que fue Secretario de Puertos y Vías navegables durante el gobierno de Cristina Kirchner en 2012.

¿Qué rol tenemos los trabajadores para defender nuestra soberanía o los intereses nacionales?

Si el Astillero es hoy símbolo de resistencia obrera y defensa de la industria naval nacional es porque en medio de esa enorme entrega de las riquezas y los recursos productivos del país que fue el neoliberalismo, supimos defender lo nuestro.

Lamentablemente tenemos que decir que el Astillero, junto con los mineros de Río Turbio, somos de las pocas excepciones ya que la complicidad gremial de la CGT y la impotencia de la CTA llevaron cada lucha de resistencia a la derrota.

De no haber sido por la lucha de las y los trabajadores del ARS en los ’90 y recientemente frente al intento de cierre del macrismo, no tendríamos industria naval 100% estatal. Ya vimos como los empresarios en su afán de ganancia no tienen ningún problema en entregar los recursos a las multinacionales y cómo los distintos gobiernos se detienen frente a los intereses privados, mucho más si son de potencias imperialistas.

Es por eso que la defensa de la “soberanía” que muchos reclaman depende de la lucha que demos los trabajadores para proteger y desarrollar los recursos productivos en función, no de la ganancia empresaria, sino de los intereses nacionales. Hay que empezar por impulsar la construcción de buques de gran porte para las necesidades del Estado, como el buque polar, como la recuperación de la flota de la YPF de mayoría estatal, o recuperar el comercio exterior de las multinacionales.

Para esa estratégica pelea tenemos que poner toda la fuerza que demostró el astillero en la calle durante todos estos años. Pero también desarrollando la más amplia unidad con el conjunto de los trabajadores interesados en que nuestra pelea triunfe, con aquellos más golpeados por la crisis, precarizados y desocupados.

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Como lo sigue demostrando la política actual desarrollada por el Gobierno, esta pelea además debe darse con total independencia de los gobiernos de turno, que no han demostrado tener ningún interés en modificar el esquema de dependencia heredado del neoliberalismo.

Es por eso que, planteamos la necesidad de abrir la discusión en lo métodos que permitieron al astillero llegar a donde llegó, con asambleas, reuniones de delegados, debates, aunque sea virtuales por el momento. Necesitamos ir sumando aliados en esta enorme pelea que tenemos por delante de defender al Astillero como emblema de la industria naval estatal.







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