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HUELGA CATALUNYA

¿Por qué el 3O debe ser una huelga general y no un paro cívico?

Este martes Catalunya vivirá una huelga general con impacto en sectores importantes. CCOO y UGT, en acuerdo con el procesisme, tratan de transformarla en una protesta ciudadana de la mano de la pequeña y mediana patronal, junto al Govern.

Santiago Lupe

Barcelona | @SantiagoLupeBCN

Lunes 2 de octubre | 21:44

El pasado jueves las centrales de la izquierda sindical catalana -CGT, IAC, COS y CoBas- convocaron una huelga general para este martes 3 de octubre en contra de la oleada represiva desatada para impedir el referéndum del 1-O y por una agenda de reivindicaciones sociales por las que se proponen pelear en el marco del proceso constituyente de una república catalana que este domingo fue apoyado por millones.

La brutal represión vivida durante aquella jornada forzó además a que las direcciones de CCOO y UGT en Catalunya, que junto a la ANC y Omnium forman la Mesa por la Democracia, se sumaran a la medida para rechazar la represión del Estado, aunque tratando de convertirla en un paro cívico o “aturada” de la mano del govern catalán y la pequeña y mediana patronal. A la dirección del procés, en colaboración con las direcciones burocráticas de CCOO y UGT, les incomoda que la clase trabajadora pueda entrar en escena con sus métodos de lucha y sobre todo su propia agenda.

La “aturada” que no quiere incomodar a los empresarios

Una “aturada” que, si bien por un lado ha roto el cerco mediático que había contra la convocatoria del día 3, también persigue quitarle el carácter de clase a la medida de lucha. Así de claro lo dejaba CCOO en su comunicado sobre la cuestión: “hacemos un llamamiento a la participación en la movilización de este día 3 de octubre a toda la ciudadanía en cualquiera de las formas que sean el resultado de un consenso entre todas las partes interpeladas a participar. Pactar paros en las empresas, en los barrios, en las escuelas... Todo aquello que podamos hacer de forma conjunta y pactada para garantizar una respuesta cívica, pacífica y de toda la sociedad”.

Esto, a efectos prácticos, supone por ejemplo que los trabajadores de Mercadona no deberían parar, ya que el derechista de su patrón, el millonario Juan Roig, está radicalmente en contra del derecho a decidir. Lo mismo podemos decir de los trabajadores de CaixaBank, Freixenet o Almirall, entre otras muchas propiedades de patrones españolistas. Pero también otros partidarios de la independencia se negarán a que se tomen medidas de lucha que puedan afectar a su cuenta de resultados, ese es el límite de su patriotismo.

Por otro lado, la posición de las respectivas direcciones confederales de ambas centrales ha sido completamente criminal. Después de los más de 800 heridos y la brutal represión desatada, su principal preocupación este lunes ha sido la de salir a oponerse a la huelga del día 3 y a las decisiones de sus colegas catalanes. Álvarez y Sordo se han ubicado lealmente al lado del gobierno y la Constitución del 78, igualitos que Pedro Sánchez.

El papel de la movilización y la autoorganización popular para garantizar el 1-O

Para que el referéndum se pudiera llevar a cabo fue imprescindible el gran proceso de movilización y los elementos de autoorganización popular que se vivieron en la última semana. Las ocupaciones de los centros de votación por profesores, madres y padres, estudiantes, vecinos y activistas de los comités de defensa del referéndum, fueron claves para la apertura, y las concentraciones permanentes de centenares de personas durante todo el día para su defensa de la acción policial.

En el sector público este lunes ha sido una jornada de reuniones informales y espontáneas, asambleas, claustros extraordinarios... en los que se ha discutido la situación y votado sumarse a la huelga del día 3. En el puerto los estibadores también lo han ratificado en una asamblea. Hasta los trabajadores de CaixaBank de Diagonal han decidido parar este martes y han salido a cortar el tráfico en la Diagonal. Y otras muchas empresas han vivido situaciones semejantes.

La posibilidad de que se desarrollen los procesos de incipiente autoorganización vividos en escuelas y barrios, a la vez que se extiendan a las empresas, los trabajadores públicos o el movimiento estudiantil, y que pueda generarse una movilización independiente es algo que sin duda incomoda muchísimo a la dirección del procés del PDeCAT, ERC y las entidades soberanistas. Sin embargo, y como en el 1-O, esta es la única garantía de que el resultado del domingo pudiera realmente efectivizarse, y que al mismo tiempo las demandas de la clase trabajadora, la juventud y los sectores populares empiecen a estar también en el centro.

¿Se abre la posibilidad de disputar la hegemonía del proceso catalán?

Este domingo se expresó el apoyo mayoritario del pueblo catalán a la conformación de una nueva república catalana y la apertura de un proceso constituyente. Incluso los que no compartimos el proyecto de formar un nuevo Estado independiente, menos aun el Estado capitalista propuesto por Junts pel Sí, debemos defender el derecho a que este resultado pueda efectivizarse. Sin embargo, si la hegemonía de este proceso sigue en manos de los representantes históricos de las grandes empresas y familias del Principado es más que probable que el resultado del 1-O no pueda llevarse adelante.

La llamada transversalidad del procés oculta un hecho innegable: atraviesa a todas las clases sociales, pero la dirección política sigue estando en manos de la clase social numéricamente menos representativa, la burguesía catalana, aun cuando sus sectores más concentrados se opongan al derecho a decidir y la independencia.

Menos aún que se abra la posibilidad de decidir sobre como resolvemos grandes demandas sociales y democráticas pendientes, desde la lucha contra el modelo de “democracia para ricos” del que los convergentes han sido parte, hasta acabar con el desempleo repartiendo las horas de trabajo, conseguir unos servicios públicos y gratuitos financiados con impuestos a los ricos o la nacionalización de la banca y las grandes empresas.

Que la lucha en curso pueda abrir el camino a un verdadero proceso constituyente, donde toda esta agenda pueda discutirse sin ninguna limitación previa como se establecen en la Ley de Transitoriedad -que además hereda todo el marco legal del Estado español y la UE-, pasa por profundizar la autoorganización obrera y popular, independiente de los partidos capitalistas, para combatir la represión y que desde ésta se determine cuál debe ser la agenda completa por la que luchar.

En definitiva, y en un sentido similar a quienes votaron un “sí de clase” o simplemente un “sí” de rechazo al Régimen del ‘78, abrir el camino para conquistar un gobierno de trabajadores. Algo que sólo podría realizarse en total independencia y combate con la propia burguesía catalana y en una lucha común con el resto de los trabajadores y sectores populares del Estado contra el Régimen del 78 y los capitalistas. Un mismo combate que podría sentar las bases para una libre federación de repúblicas que no lo serían del IBEX35 o el Cercle de Economía, si no de las y los trabajadores.

La “aturada” cívica o la lucha soterrada contra la huelga general

Una huelga general, aunque tuviera un impacto acotado a algunos sectores como el público y los transportes -donde las organizaciones convocantes de la huelga tienen peso- y sin descartar que pudiera extenderse a otros muchos dada la indignación general, sería un gran paso en esta dirección.

La decisión de querer diluir esta medida de lucha obrera en una “aturada” acordada con la patronal, evitar el conflicto con la misma -y sus partidos en el govern- y bloquear el proceso de asambleas que pudiera generarse para su preparación mediante cierres administrativos decretados desde la Generalitat o las empresas, trata de “conjurar” que el movimiento empiece a generar un ala de clase que pudiera adoptar una hoja de ruta independiente. Si la clase obrera percibe que es capaz de parar un país para enfrentar la represión del Estado ¿No podría llegar a la conclusión de que puede hacerlo también para conseguir una jornada laboral de 30 horas, un salario mínimo de 1.200 euros y acabar con la precariedad?

Desde el procesisme se pretende seguir usando la movilización como base de maniobra para una agenda hegemonizada desde 2012 por los herederos del pujolismo, con la subordinación política del conjunto del bloque soberanista. Una hoja de ruta que aspira a una solución basada en una negociación con el Estado conseguida por la intermediación de la comunidad internacional. Una vía muerta. Ni siquiera las brutales imágenes del domingo han hecho cambiar en lo sustancial el respaldo de todos los gobiernos extranjeros a Rajoy, más allá de algunas críticas para la galería, ni, en el plano interno, ha hecho moverse un ápice al PSOE -la esperanza blanca del proyecto regeneracionista de los “comunes” y Podemos- de su fiel apoyo a gobierno del PP.

Estas intenciones quedan claras con las maniobras de “contraprogramación”. En Barcelona, si las organizaciones convocantes de la huelga llaman a concentrarse a las 12 horas en la plaza Universitat y a una manifestación en Jardinets de Gràcia a las 18 horas, desde las entidades soberanistas convocan -con TV3 como anunciante- a las 11 en los colegios desalojados el 1-O y a las 18 en plaza Sant Jaume. Una división que ya hemos visto en estos días en el Rectorado ocupado, donde la plataforma formada por el PDeCAT, ERC y la CUP, “universitats per la república”, convocaba sistemáticamente charlas y conciertos cuando se preveía la celebración de asambleas estudiantiles de base.

Comités de huelga en barrios, asambleas en centro de trabajo y huelga general

A pesar de estos intentos, las muestras de organización y lucha de diferentes sectores obreros y populares siguen extendiéndose. Este lunes por la tarde se han realizado nutridas asambleas de comités de huelga en barrios y pueblos como Nou Barris, Guinardó, Gràcia, Sants o Mataró. En algunos centros de trabajo se está debatiendo la posibilidad de extender la huelga más allá del día 3. Y hasta algunos paguesos están organizado cortes de autopista y carretera.

Este es el camino que debemos profundizar y desarrollar hasta lograr la salida de las fuerzas policiales estatales que están actuando como un ejército de ocupación, conseguir que el resultado del 1-O pueda efectivizarse ligado a la apertura de un verdadero proceso constituyente sin tutelas ni herencias y soldar la unidad con los trabajadores y sectores populares del resto del Estado en una lucha común para conseguir acabar con el Régimen del 78.

Para ello es fundamental que la izquierda sindical se separe radicalmente de este paro cívico o “aturada” y llame a los trabajadores a extender la huelga más allá del día 3, convoque asambleas y extienda los comités de huelga u otros organismos de este tipo a los centros de trabajo. La izquierda anticapitalista, empezando por la CUP, deberían romper todo seguidismo al plan de Puigdemont y Junqueras y abrazar una hoja de ruta de independencia de clase.

Por último, la izquierda sindical y política del Estado español debería tomar como suya las demandas del pueblo catalán contra la represión y por el respeto al resultado del 1-O, convocando acciones -como las que ya se han realizado en varias ciudades- y paros, y exigiendo a las direcciones de CCOO y UGT el fin de su rol de “sindicatos del Régimen” y la convocatoria de una huelga general en apoyo a Catalunya y por la apertura de procesos constituyentes contra el Régimen del 78.

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