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¿Por qué Puigdemont tarda tanto en celebrar el referéndum?

Esta semana la CUP ha permitido que los presupuestos catalanes tiren para adelante porque estos contemplaban una partida para hacer un referéndum.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Jueves 23 de marzo | Edición del día

Foto: EFE

Finalmente dos diputados de la CUP han votado a favor y ocho se han abstenido permitiendo la aprobación de los presupuestos presentados por Oriol Junqueras. Unos presupuestos que, no son precisamente los más sociales, pero recibieron el apoyo de la formación anticapitalista esencialmente por la disposición adicional 31 que incluye una partida para la realización del referéndum.

Para los dirigentes de la CUP la aprobación de los presupuestos se debe exclusivamente a esa disposición adicional, es decir, a la realización del referéndum. Anna Gabriel en declaraciones a Rac1 explicaba la aprobación de los presupuestos puesto que “Hi havia un compromís de celebrar un Referèndum” (había un compromiso de celebrar un referéndum).

Al mismo tiempo, la dirigente cupaire indicaba algunas enmiendas que fueron rechazadas por el Parlament como la limitación de salarios de los cargos públicos, o que los trabajadores subcontratados por la administración no cobren menos 1200€ entre las setentas presentadas. Muchas de ellas rechazadas por el voto conjunto de JxSí, el PP, el PSC y Cs. Y por supuesto dejaba bien en claro que estos presupuestos no son los que hubiera querido la CUP.

Sin embargo, cabe preguntarse, ¿por qué los dirigentes de la CUP creen que la antigua Convergència celebrará un referéndum? Llevamos dos gobiernos de Artur Mas, uno de Puigdemont, se agotan los 18 meses, hicieron el 9N lo más adaptado posible para evitar al TC, el Govern se olvidó del referéndum y lo volvió a recuperar en el discurso, estamos esperando las “estructuras de estado”. ¿Los dirigentes de la CUP les creen, tan solo por la partida adicional 31?

Masivo movimiento democrático por la autodeterminación

Desde que Convergència se sumó al movimiento democrático por el derecho a decidir estamos marcando el paso en el mismo lugar. Ya en 2010 aparecieron muchas voces en las calles pidiendo independencia y poder decidir. Los manifestantes echaron a gritos y empujones al entonces presidente Montilla. La movilización fue más allá del propósito de los convocantes.

Se acababa la vía estatutaria recortada por Zapatero y Artur Mas, y anulada por el TC y el PP, después de ser votada en Catalunya. El repudio no se centraba exclusivamente en el Constitucional y el PP. Sino que se hacía extensivo al PSC por su adaptación a la política centralista del Estado.

Incluso, en 2011 se hacía patente la imposibilidad del Pacto Fiscal alentado por la otrora Convergència i Unió. El PP, ya en la Moncloa, negaba cualquier tipo de pacto similar al de Euskadi. Al tiempo que las inversiones desde el Estado caían en picado. Todo esto llevó a que amplios sectores sociales salieran a las calles como nunca. Gritos de “independència” se mezclaban con “volem decidir” (queremos decidir).

La Díada de 2012 fue la primera Díada multitudinaria (más de 1,5 millones de personas) de una seguidilla que se encadenan hasta hoy en día. A partir de ese octubre se armó un debate entre Convergència, Unió, Iniciativa, Esquerra y la CUP sobre la convocatoria de un referéndum, que duró hasta diciembre de 2013 (!!!!!) cuando convocaron el mismo para el 9N de 2014 (!!!!). Dos años para convocarlo!!!! Fue en 2012 que Artur Mas se da cuenta que tenía que dirigir el movimiento democrático para poder desviarlo.

La estrategia de la conservadora CiU trataba de estirar los tiempos para llevar las movilizaciones de las calles a la política parlamentaria. Pero no pudo evitarlo más. El TC hizo lo imposible para ilegalizar la consulta. El 1/10/14 decenas de miles gritaban “volem votar i votarem”. CiU hizo lo posible por un 9N que acatase al TC: quitó el carácter vinculante y le llamó proceso participativo. Mientras pasaban los años, pasaban los presupuestos con recortes a sanidad y educación (con apoyos del PP o de ERC).

Desde entonces, CiU junto a ERC y, lamentablemente, con la ayuda de la CUP han limitado la movilización popular solo para las Díadas. Cada día del año ellos se encargaban de discutir en el Parlament sus proyectos, de negociar a escondidas (o en público) con el Gobierno de Rajoy mientras éste les daba la espalda. Y de constreñir la movilización social solo a las Díadas del 11S.

Los centralistas, como el PP, Ciudadanos y el PSOE dicen una y otra vez que no habrá referéndum. Se sienten seguros porque son la autoridad, disponen de las fuerzas de seguridad y de una amplia representación en el Parlamento español. Sin embargo, existe la posibilidad de convocar un “referéndum no pactado”, como dicen los dirigentes de la CUP. Esto es lo que les aterra, porque si movilizan a los trabajadores y el pueblo, no hay represión que los pare.


La estrategia del día de la marmota

Llevamos 6 años y medio como un hámster corriendo y corriendo en la rueda que gira, gracias al callejón sin salida al que nos llevaron Convergència, Unió y Esquerra. Los dirigentes de la CUP, durante estos años, han tenido la “mà estesa” a ellos y han ido a la rastra. Cabe preguntarse, ¿por qué aún siguen apoyándoles? ¿qué les hace creer que el PDeCAT celebrará el referéndum?

Suena la misma música cada día a las 6 de la mañana, como en la película que protagoniza Bill Murray. En Catalunya pasa algo parecido. Cada día se habla ya sea del “Referèndum”, del “Procès”, de las “Estructures d’estat”, etc., etc. Sin embargo, todo este discurso no se materializa en el referéndum. Solo declaraciones, ruedas de prensa, conferencias y reuniones, ¿cómo piensan hacer el referéndum? silencio total.

En los últimos años, Artur Mas ha hecho lo imposible para parecer un independentista, que hizo cualquier cosa menos desobedecer las imposiciones centralistas de Madrid. Antes, cuando Artur Mas fue Conseller y durante los 23 años de Jordi Pujol, nunca propusieron un referéndum de autodeterminación y menos aún un voto independentista. Eran los años con González, el Rey y los del Majestic.

Convergència es la derecha neoliberal y heredera de la Lliga Regionalista. Algunos de sus líderes prefirieron entenderse con el dictador Primo de Rivera, antes que defender la Mancomunitat disuelta por el mismo dictador. O como hizo la burguesía catalana que se entendió rápidamente con Franco, mientras los trabajadores quedaban en la cuneta. Como hoy día, Artur Mas o Carles Puigdemont buscan desesperados un acuerdo con Rajoy antes que luchar con valentía para ejercer el derecho de autodeterminación.

Como ambas opciones son imposibles, están “jugando al día de la marmota” con los derechos y expectativas de las masas. Si CiU o ERC estuvieran por la autodeterminación hace rato que hubieran desobedecido y que hubieran llamado a la movilización generalizada del pueblo para celebrar el referéndum. No lo hicieron y no se preparan para ello, ¿hay alguna duda?


Las estrategias de “mà estesa” y “referéndum pactado”

Los diputados y dirigentes de la CUP tienen que abandonar la estrategia de “mà estesa” a la estrategia del día de la marmota. Estos 5 años de subordinación a Convergència están creando una oposición dentro de la CUP. Hay un manifiesto firmado “Crit d’alerta a l’Esquerra Independentista” (Llamada de alerta a la izquierda independentista) que critica la aprobación de los presupuestos.

Esta llamada debe hacer reflexionar a los honestos militantes y luchadores de la CUP sobre la bancarrota política a la que los lleva la colaboración con Convergència y Esquerra. En primer lugar, porque la política de estas formaciones está al servicio de las grandes empresas y en contra de los trabajadores. Y, en segundo, porque nunca ejercerán el derecho de autodeterminación. Pero no solo porque los centralistas del PP, PSOE y Ciudadanos se opongan. Mas y Junqueras no lo harán porque quieren proteger los negocios de la gran burguesía catalana.

Ni la gran burguesía catalana, ni los abogados o los sectores altos de las clases medias harán nada que acabe con sus negocios junto a la burguesía española. La autonomía catalana aunque tengan sus problemas, es la base de sus negocios. Y no acabarán con ella para liderar a un movimiento de masas que puede acabar expropiándole sus empresas, como había comenzado a suceder en el 36-37.

Hace un par de años se abrió un nuevo espacio en la izquierda catalana. Es el espacio de los Comunes que capitalizó Ada Colau, mientras se hundía el PSC. Este espacio surgió creando esperanzas entre amplios sectores sociales, puesto que hablaban de proceso constituyente, del derecho a decidir de los catalanes, de los derechos sociales postergados, etc.

Si de verdad quieren hacer el referéndum de autodeterminación: la CUP debe romper el full de ruta mojado de CDC; los Comunes deben acabar con su estrategia de referéndum pactado (con quién????). La CUP ha de romper con la burguesía catalana y los Comunes con las reaccionarias reglas de juego del ’78. Solo así la izquierda puede entusiasmar a los trabajadores y el pueblo.

Por otro lado, están los dirigentes de los sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT. Ellos también se han ubicado en un segundo plano secundando, a Artur Mas y el llamado “bloque soberanista”. CCOO y UGT han apoyado la realización del referéndum “por la vía de la negociación y el acuerdo”. Sin embargo, bien se han cuidado de convocar manifestaciones y huelgas para celebrarlo y el 9N más bien estuvieron “desaparecidos”.

Los sindicatos en primer lugar, con el apoyo de la CUP y los Comunes deben llamar a los trabajadores y el pueblo a movilizarse en las calles, a organizarse en los lugares de trabajo, de estudios, en las barriadas populares para decidir un verdadero full de ruta que imponga el referéndum de autodeterminación y abra las discusiones para resolver sobre los graves problemas democráticos y sociales que padecemos.

Esto será un gran primer paso hacia una movilización común de todos los pueblos y trabajadores del Estado que acaben con el reaccionario Régimen del 78, con la Monarquía y el Reino de los empresarios y corruptos que saquean las arcas públicas. Y, así poder imponer verdaderos procesos constituyentes en todas las nacionalidades y el Estado, en la perspectiva de poder constituir gobiernos de los trabajadores y el pueblo en toda la península. No hay atajos.








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