Política Venezuela

CONFLICTO PANAMÁ-VENEZUELA

Por la injerencia imperialista se acentúa tensión entre Panamá y Venezuela

Milton D'León

Caracas @MiltonDLeon

Viernes 6 de abril | Edición del día

Es indiscutible que en la política de mayor injerencia imperialista en el continente con la que se alía todo el derechismo, es donde está la fuente de las tensiones que se van generando en la región norte de Sudamérica. Esta vez se trata de la tensión entre Panamá y Venezuela, en la que el gobierno de Juan Carlos Varela se aviene a la política imperialista de Estados Unidos de cara a la próxima Cumbre de las Américas a realizarse en Perú.

En el caso reciente, tras una larga tensión bilateral, los gobiernos de Panamá y Venezuela entraron desde el jueves en una nueva crisis con el retiro del embajador panameño en Caracas y la decisión del gobierno de Maduro de suspender las relaciones económicas con altos funcionarios y empresas de Panamá.

El gobierno panameño encabezado por Juan Carlos Varela decidió retirar a su embajador en Venezuela, Miguel Mejía, y pidió a Caracas hacer lo mismo con el suyo en el país, Jorge Durán, horas después de que el gobierno de Maduro suspendiera por 90 días prorrogables las relaciones comerciales con altos funcionarios y empresas panameñas. Venezuela creó una lista con altos funcionarios panameños, incluidos el presidente Varela, y la vicepresidenta y canciller, Isabel De Saint Malo, además de empresas como Compañía Panameña de Aviación (Copa Airlines), y ordenó "la inmediata suspensión de toda relación económica, comercial y financiera".

El gobierno de Maduro respondía a las decisiones del gobierno de Panamá que la semana pasada publicó una lista de 55 personas de alto gobierno del chavismo, entre ellos el propio Maduro, y 16 empresas, porque, de acuerdo al gobierno de Varela, suponen un "alto riesgo en materia de blanqueo de capitales, financiamiento del terrorismo y financiamiento de la proliferación de armas de destrucción masiva". En esa lista también se encuentran el presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno; el líder histórico del chavismo Diosdado Cabello; la presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena; el fiscal general, Tarek William Saab y algunos ministros, entre otros.

Así, el gobierno panameño “recomendó” a los distintos operadores del sistema financiero adoptar "las políticas y procedimientos de debida diligencia ampliada, reforzada cuando sospecharan que una transacción estaba relacionada con las personas y empresas de la lista”. La decisión del gobierno de Panamá es claramente de cuño político, pues de acuerdo a una nota de la cancillería de este país sostiene que se han sumado "a los esfuerzos de otros países, incluyendo a Estados Unidos, Canadá, Reino Unido y la Unión Europea, de proteger los sistemas financieros internacionales, defender la democracia y los derechos humanos".

A esto responde el Gobierno de Maduro, que con un argumento prácticamente copiado del panameño, declara que las personas incluidas en la lista del chavismo “presume” que han cometido "delitos de delincuencia organizada, al amparo de lo que pareciera ser la conveniencia del gobierno panameño y la opacidad de su sistema financiero, y con la colaboración de sujetos nacionales panameños dentro y fuera del país". Para ambos países, vale el refrán “la soga hablando en casa del ahorcado”, pues que se cometen delitos financieros en Panamá es indiscutible, como también es indiscutible que en Venezuela también se cometen delitos de igual y misma envergadura, allí tenemos la gran fuga de capitales a manos de empresarios, tanto los ligados al oficialismo como de la oposición de derecha, y de las propia burocracia chavista. Si en Panamá abundan los Panamá papers involucrando a la secuela de políticos y empresarios panameños, del lado venezolano están los casos de Andorra y de otras latitudes.

Mientras aumenta la tensión entre los gobiernos de Venezuela y Panamá, a Caracas han arribado, para reunirse con Maduro y con representantes de la oposición, un congresista y un senador estadounidense, sin hacerse públicos los temas o cuestiones que han tratado. Como siempre se tejen negociaciones por abajo. Hablamos del congresista republicano Pete Sessions, presidente del Comité de Reglas de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos y que fuera Presidente del Congreso Nacional Republicano; y Dick Durbin, el segundo demócrata de mayor rango en el Senado yanqui. Estas “raras” visitas se producen justo cuando el gobierno de Donald Trump sopesa un embargo que paralizaría el envío de petróleo de Venezuela además de las sanciones que ya impuso a docenas de funcionarios, incluido el propio Maduro.

Trump ya ha declarado que estará presente en la Cumbre de las Américas a realizarse en Lima los días 13 y 14 de abril, en la que éste presidente imperialista propone ampliar “la respuesta regional frente a Venezuela” y, según han sostenido funcionarios de la Casa Blanca, la cuestión del gobierno de Maduro será una de las grandes prioridades del presidente de EE.UU., donde "movilizaremos el potencial de nuestro continente haciendo compromisos concretos…" con respecto a Venezuela.
Hasta ahora, pese a la adhesión de varios gobiernos, Washington ha venido fracasando en imponer medidas contra Venezuela a través de la OEA. Algunos prefieren abstenerse y otros han rechazo esta pretensión yanqui, como algunos países caribeños además de Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Pero esta vez Trump apostaría a "lograr el apoyo" de más naciones de esa región para "una acción más concertada en la organización política continental”.

Es en este contexto donde Trump trata de alinear al continente detrás de su política de sanciones y presión contra el gobierno de Venezuela que crecen las tensiones con estados vecinos, como en la frontera entre Colombia y Venezuela. Panamá, que integra el llamado Grupo de Lima, compuesto por una docena de países latinoamericanos alineados con la política injerencista de Estados Unidos, formula sus denuncias contra funcionarios chavistas.

Pero ni el pueblo trabajador de Panamá ni el pueblo trabajador de Venezuela deben llamarse a engaños. El gobierno de Varela, en un claro alineamiento con el imperialismo y toda la derecha continental, actúa como peón en el juego de intereses de Estados Unidos, y lejos están de cualquier defensa de “valores democráticos” o por alguna calamidad del pueblo de Venezuela aludida como “crisis humanitaria”, puro cinismo del gobierno panameño y su propio pueblo está para corroborarlo. Pero Maduro, lo que busca no es más que defender a su camarilla bonapartista que busca perpetuarse en el poder y ha llevado al país a la catástrofe económica. Aunque se presente como “ antiimperialista”, es un fiel pagador de la deuda externa a costa del pueblo y se abre a los capitales internacionales, y no hay que olvidar que apenas llegaba Trump al gobierno buscó congraciarse con este nuevo presidente.

Ambos gobiernos se acusan mutuamente de corruptos, y tienen razón, la corruptela es moneda común tanto en Venezuela como en Panamá. El gobierno de Panamá de Juan Carlos Varela, que actúa como una ficha del imperialismo, es un heredero directo del impresentable Ricardo Martinelli, autoexiliado en Miami, y que admitiera que recibiera fondos de Oderbrecht para su campaña electoral, no es más que un fiel disciplinador de su propio pueblo con políticas antipopulares y de mayor sumisión al imperialismo. El gobierno de Maduro no se queda atrás en cuestiones de corrupción. Por eso, el pueblo trabajador de ambos países no puede ser arrastrado por las políticas de ambos gobiernos que solo conducen a acentuar los nacionalismos más retrógrados y a la xenofobia.

Hay que denunciar categóricamente todo tipo de sanciones imperialistas contra Venezuela y cualquier amenaza de intervención, sea con pretexto "humanitario", "anticorrupción" o "narcotráfico", porque no es esto lo que le interesa al imperialismo (máximo responsable y beneficiario de estas lacras a expensa de los pueblos), sino "recuperar a Venezuela" según sus intereses con un gobierno adicto, y para ello se sirve de la derecha continental. Una escalada en la tensión entre Venezuela y Panamá sólo beneficia al imperialismo. Rechazar la injerencia imperialista no significa en modo alguno avalar la política hambreadora y represiva del gobierno de Maduro que se apoya en las Fuerzas Armadas.







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