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Pongamos en pie una campaña internacional contra las deportaciones y la precarización laboral

Trump prometió llevar a cabo –inicialmente- de dos a tres millones de deportaciones. A la vez, la renegociación del TLCAN llevará a un salto en la precarización laboral, en México y en EE.UU. Ante esto, desde el Movimiento de Trabajadores Socialistas llamamos a impulsar una gran campaña en ambos países para que los trabajadores, las mujeres y la juventud enfrenten juntos este ataque.

Sergio Abraham Méndez Moissen

Dirigente del MTS y docente de la UNAM | México @SergioMoissens

Lunes 28 de noviembre de 2016 | Edición del día

Durante sus dos administraciones, el demócrata Barack Obama -quien está a punto de entregar el poder- llevó a cabo 2.9 millones de deportaciones, impulsó una verdadera industria de la criminalización de los migrantes: empresas de seguridad, cárceles privadas, servicios para abastecerlas, así como la implementación del trabajo casi esclavo de las personas encerradas en esos centros de detención. Mujeres y niños sufren detenciones arbitrarias por el sólo hecho de pedir asilo.

Desplegó contra los migrantes criminalización, persecución, discriminación, mientras prometió una reforma migratoria que nunca llegó. La medida más “radical”, encaminada en realidad a dividir a los migrantes- fueron las medidas ejecutivas que consistían en aplazar las deportaciones y dar permiso de trabajo a los dreamers y a sus padres, poco menos de la mitad de los migrantes indocumentados.

Así es que creó las condiciones para precarizar la mano de obra migrante, que genera el 11% del Producto Interno Bruto en Estados Unidos y percibe los salarios más bajos. Es el sector de la clase trabajadora estadounidense que juega un papel fundamental en la producción agrícola, en la construcción y en distintos servicios, como jardinería y hotelería.

Esta política sistemática de hostigamiento hacia los migrantes es lo que usa el gran capital con el objetivo de avanzar en la explotación de la clase trabajadora: acorrala a un sector, le impone las condiciones laborales más duras, y luego amenaza al resto de los trabajadores con dejarlos sin empleo si no aceptan salarios más bajos, rotación de horarios, extensión de la jornada laboral, y recorte de prestaciones, ya que si los trabajadores blancos y los negros se niegan, los chantajean con el discurso de que los migrantes sí aceptarán. Así de perversa es la política de las trasnacionales: divide y reinarás.

A su vez, con la implementación del TLCAN y la desaparición de aranceles en muchos rubros, junto con el hecho de que en México se pagan los salarios más bajos de la Organización de Cooperación para el Desarrollo Económico (OCDE), el territorio mexicano fue especialmente atractivo para las trasnacionales, y así instalaron innumerables parques industriales donde labora una parte importante de la clase trabajadora mexicana. Esto, mientras cerraban fábricas en el Rus Belt estadounidense.

En estos tiempos de enlentecimiento de la economía internacional, con una retracción del comercio internacional, Donald Trump -que designó como Jefe de estrategia de la Casa Blanca a un personaje racista, misógino, homofóbico y antisemita y, como procurador al racista que en el Senado fue promotor de la “estrategia de vallas”- pretende radicalizar la obra de Obama con la realización de deportaciones masivas en un tiempo mucho más breve. También insiste en la construcción del muro en la frontera (que se había iniciado en 1994 en el gobierno de Clinton), que quiere financiar con las remesas enviadas por los migrantes; las remesas con las que subsisten millones de familias en los pueblos más empobrecidos del interior de México.

Desde el sur del río Bravo, los empresarios anunciaron que están listas las maquilas para recibir la mano de obra migrante. Claro: con salarios bajos y condiciones de precariedad, haciendo su agosto ante la crisis. La sed de ganancias de los CEO’s de las trasnacionales es más evidente que nunca.

Organizar la resistencia contra las deportaciones y la precarización laboral

Entre 2015 y 2016, en la industria maquiladora de Ciudad Juárez -en Eaton, Foxconn y otras fábricas- se dio una oleada de luchas por aumento de salarios, por el derecho a la libre sindicalización y contra el abuso sexual. También en San Quintín, Baja California, los jornaleros superexplotados por Driscoll y otras agrobusiness salieron a luchar.

Trabajadoras y trabajadores, jornaleros y jornaleras se pusieron de pie, los más explotados de la clase obrera contra la precarización expresada en los salarios bajos, jornadas agotadoras, y la prohibición de elegir libremente su sindicato o siquiera tener uno.

A su vez, del otro lado del río Bravo, trabajadores de restaurantes de comida rápida y de tiendas departamentales, impulsaron la campaña por el aumento de salario a 15 dólares la hora. Jóvenes y trabajadores de la clase obrera multiétnica de Estados Unidos se sumaron al grito “¡Vivos se los llevaron! ¡Vivos los queremos!” del gran movimiento por la aparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Asimismo, cuando fue la lucha magisterial contra la reforma educativa, también se alzaron voces desde el gigante del norte en apoyo a las maestras y los maestros que enfrentaron los planes de Peña Nieto.

Hoy, ante la amenaza de las deportaciones y el muro, parte importante de la población estadounidense está en contra, en especial en los estados fronterizos -California, Arizona, Nuevo México y Texas-. Desde el 11 de noviembre -día de los comicios estadounidenses- hay manifestaciones anti-Trump en algunas universidades y en ciudades importantes como Nueva York. Maestros y estudiantes son parte de las protestas. A su vez, Nueva York Chicago, Washington, Baltimore, Los Ángeles y Seattle, ciudades santuario -que brindan protección a los migrantes– señalaron que no realizarán deportaciones.

Se empieza a expresar la resistencia. Pero es necesario profundizarla y desplegar la bandera de la unidad entre los trabajadores, las mujeres y la juventud a un lado y otro del río Bravo.

Por eso, desde el Movimiento de Trabajadores Socialistas (MTS) -Agrupación Política Nacional- llamamos a todas las organizaciones de derechos humanos, defensoras de los derechos de los migrantes, organizaciones culturales, sociales y políticas, de izquierda, de mujeres, colectivos, sindicatos, personalidades, artistas, intelectuales a impulsar en común una gran campaña binacional, en México y Estados Unidos, contra las deportaciones y la precarización laboral. Al mismo tiempo que denunciamos la subordinación del gobierno mexicano, que se limita servilmente a anunciar que dará facilidades para su regreso e nuestros paisanos que son echados de los EE.UU.

Son nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros hermanos quienes están en riesgo de ser deportados. ¿Qué garantía hay de que muchos no sean entregados por las autoridades mexicanas al crimen organizado, como ya lo han hecho policías en el caso de la masacre de San Fernando, Tamaulipas? Ninguna. Es el conjunto de la clase trabajadora -tanto en Estados Unidos como en México- la que ve peligrar sus condiciones laborales y de vida, ante la política antiinmigrante de la administración estadounidense y su aislacionismo en el terreno económico, mientras las trasnacionales se preparan para desplegar a un nivel más alto su voracidad.

En México en particular llamamos a los sindicatos que se reivindican opositores a ponerse al frente de esta campaña: al Sindicato de Trabajadores de la UNAM, a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, a las organizaciones obreras organizadas en la Nueva Central de Trabajadores, al Sindicato de Telefonistas, entre otras. Así también deben hacerse parte de la misma el Ejército Zapatista de Liberación Nacional, al Congreso Nacional Indígena, al Movimiento El Campo es de Todos, a las organizaciones y personalidades impulsoras de la Campaña en Defensa de la Madre Tierra. Una campaña que también desnude el entreguismo del gobierno de Peña Nieto ante el imperialismo estadounidense.




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