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Poetas de la revolución

La Comuna dio miles de mártires que cayeron bajo las balas de la burguesía. Luisa Michel y Eugenio Pottier fueron alma y vida de esas gloriosas jornadas, y con justa razón ocupan un lugar privilegiado en el corazón de los revolucionarios.

Sábado 20 de agosto de 2016 | Edición del día

La comuna de Paris: 18 de marzo 1871

Hoy estamos evocando estas gestas llenas de heroísmo y parecen cosas menores, dado que nuestros enemigos, la burguesía; en todas partes del mundo ha tratado de imponer una ignorancia hiriente con respecto a esta grandiosa obra sostenida con la sangre de millones de esclavos asalariados combativos.

Como un escritor revolucionario quiero dejar en claro este vergonzoso ocultamiento de esta verdad histórica, y la hago después de una reflexión a conciencia, para que las nuevas generaciones conozcan estas verdades.

Eugenio Pottier nació en Paris en el año 1813, tenía tan solo 14 años cuando compuso su primer canción titulada: “Viva la libertad”.

Él tenía 15 años recién cumplidos, corría el año 1831, en la ciudad de Lión, estalla una huelga en una fábrica de seda.

Los obreros lioneses ocupan el establecimiento más de una semana exigiendo mejoras salariales y un mejor trato.

La patronal no pudo soportar ese atropello, viendo peligrar todos sus bienes, llaman desesperados a la policía y al ejército, se desata una feroz represión matando a 5 mil obreros textiles, la sangre corría por las calles de la ciudad.

Las damas de la alta sociedad francesa se acercaban a contemplar ese espectáculo y a mojar la punta del paraguas en la sangre de los obreros caídos.

Dejando bien en claro las diferencias entre la burguesía y los proletarios.

A Eugenio Pottier le tocó vivir esos hechos y fue acumulando odio de clase, pero lo sorprende y a la vez valora la audacia de un gran compositor, cuando hace público su obra: “Lión” donde declara abiertamente: “El arte tiene la obligación moral de denunciar los atropellos cometidos a la clase productora”.

A partir del año 1840, se comenzaron a escuchar sus canciones en todos los hechos importantes registrados dentro de Francia, sus poesías despertaban la conciencia de los más atrasados y llamaba a los proletarios a la unidad y a la lucha.

En el año 1848, en esa gran batalla de los obreros contra la burguesía, combatió en las barricadas junto a su clase. Este poeta era un proletario que se ganaba un mendrugo diario, embalando cajones y más tarde creando dibujos en tela.

Durante la Comuna de París Eugenio Pottier fue elegido miembro de la misma reuniendo 3352 votos sobre un total de 3600 votantes, tomando parte en todas las medidas de este primer gobierno proletario.

Cuando cayó La Comuna obligado tuvo que emigrar por la feroz represión desatada contra los componentes del gobierno, primero viajó a Inglaterra, después hacia América.

La famosa canción La Internacional la escribió en el mes de junio de 1871, al día siguiente por así decirlo de la sangrienta derrota del mes de mayo.

En el año 1876, el poeta en la emigración escribió, de los obreros de América, a los obreros de Francia. En sus poesías relata la vida de los obreros bajo el yugo del capitalismo, sus miserias, sus trabajos forzados, pero también muchas firmezas en el triunfo venidero de la causa del proletariado.

Pudo regresar a su Francia querida 9 años después. Con solo llegar entró a militar en el Partido Obrero Francés. En el año 1884, publicó su primer tomo de versos. En 1887 apareció su segundo tomo titulado Canciones Revolucionarias.

El 8 de noviembre de 1887, es un día de duelo para la clase obrera a nivel mundial, muere el poeta Eugenio Pottier. Una poderosa manifestación de obreros parisinos acompañaron sus restos mortales hasta el cementerio de Pére Lachaisse, allí están enterrados los comuneros fusilados.

En ese majestuoso entierro flameaban revuelo de banderas rojas, la policía intentó reprimir para poder quitar esas banderas, siendo imposible, desde diferentes lugares miles de voces exclamaban “Viva Pottier”, “Viva el poeta”. Lenin , el fundador del partido bolchevique , escribe en el diario Pravda (La Verdad) una nota muy emotiva diciendo: “Este poeta obrero murió en la miseria, pero dejó levantando a su memoria un monumento imposible de olvidar, fue uno de los más grandes propagandista de masas, por medio de sus canciones, cuando compuso La Internacional”.

El número de obreros socialistas se contaban por docenas como máximo, hoy la conocen docenas de millones en el mundo.
Personalmente yo pienso, si por cualquier motivo tenemos que viajar a otro país, sin conocer su idioma si uno ve que hay grupos de personas con banderas rojas y cantando la La Internacional, pueden estar seguros que son “revolucionarios”.

Por eso para mí La Internacional es el himno de nuestra clase a nivel mundial.

Debemos recordar siempre que nuestros enemigos, la burguesía, tiene sus himnos, sus representantes, que muy orgullosos les rinden cultos, con mucha arrogancia cantan sus canciones.

Nosotros como representantes de la clase obrera, no estamos obligados a cantar las canciones de nuestros verdugos que diariamente nos oprimen y nos explotan.

Los revolucionarios tenemos nuestras tradiciones y nuestros mártires que cayeron defendiendo con sus vidas nuestra causa, que es el porvenir maravilloso de plantar “La revolución proletaria”, no solamente aquí, en América y en todo el mundo.

Honor y gloria, para todos nuestros mártires caídos que tiene nuestra orgullosa clase obrera.

Luisa Michel (comunera parisina) poeta: 18 de Marzo de 1871

Siento un orgullo, y a la vez admiración al recordar a esa fogosa comunera parisina llamada Luisa Michel, batalladora decidida contra la esclavitud y la explotación.

Muchos llegaron a llamarla virgen roja. Cuando la clase obrera parisina se lanzó a tomar el cielo por asalto al decir de Marx, ella fue el alma y vida de esa heroica comuna, que sólo vivió 72 días. Allí flameó por primera vez la bandera roja sobre el parlamento, el símbolo de la república obrera y socialista.

La burguesía se retorcía de dolor por ese hecho, no podían soportar que flameara la bandera de una república obrera en el corazón de Europa.

El 18 de marzo de 1871, en el Ayuntamiento de París Luisa Michel, junto a otras compañeras, con ese fogoso temperamento y entusiasmo que le era propio, encabeza la insurrección, porque fueron las mujeres, sí las mujeres las que salieron a poner el cuerpo delante de los cañones, impidiendo a las tropas del general Thiers (ese enano mental) que desarmara París.

Muchas de ellas ocuparon el puesto de los hombres caídos en la refriega, incluso hubo un batallón de la Guardia Nacional compuesto sólo por mujeres, después de la derrota del mes de Mayo, fueron fusiladas una por una.

El 16 de diciembre de 1871, Luisa aparece ante los jueces pidiendo para sí la pena de muerte, exigiendo morir en los Campos de Satori donde la noche del 27 de mayo fueron fusilados miles de comuneros por las tropas del canciller Bismarck.

Los jueces deciden no fusilarla pero la envían detenida a la cárcel de Nueva Caledonia, allí permanece nueve años.

Luisa Michel, además de luchadora era poeta, para esta oportunidad, yo me atreví a tomar prestada una poesía suya que dice así:

Cuando la multitud hoy muda

Vaya como el océano dispuesta a morir

La comuna surgirá

Volveremos multitud sin número

Vendremos por todos los caminos

Expertos vengadores saliendo de las sombras

Vendremos estrechándonos las manos

La muerte llevara el perdón

La bandera negra

Rosada por la sangre púrpura

Florecerá en la tierra

Libre bajo el cielo flameante.

Decía Luisa, la revolución social es el más vivo de mis deseos, más aún me honro de ser una promotora de la Comuna.

Estos dos poetas que cubren mi nota son un ejemplo para los rebeldes, ellos no midieron el tremendo sacrificio realizado que fue levantar esa gloriosa comuna, ese faro que alumbra el camino para liberarnos del yugo patronal.

Recordemos que los bolcheviques en el año 1917, en la Rusia zarista, lo tomaron como ejemplo, corrigieron algunos errores cometidos y el poder fue de ellos.

Les recuerdo que desde la poesía, se puede denunciar el atropello que padecen a diario nuestros hermanos de clase.

Tenemos que usar LID, es un arma muy efectiva, para mostrar descarnadamente esta explotación esclavista, que nos acosa a cada instante, humillando nuestra existencia.
Lo que estamos necesitando con urgencia, es hacer más amplio nuestro ejército de esclavos insurrectos dotándolos de una teoría revolucionaria para la liberación material y espiritual de nuestra clase y del pueblo en general.

En esta gran tarea nos encontramos, los intelectuales rebeldes, los obreros avanzados y esa juventud maravillosa. ¿Estamos dando pruebas de expresar lo que fuera necesario ante tantas injusticias que nos golpean?

“Está llegando el momento de hacer lo que sea necesario”.







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