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Poesía para volver al recital de Patti Smith: Gabby de Cicco

La tierra de los mil caballos es un poemario que homenajea a Patti Smith y sus Horses. Es una lectura y una reescritura de la obra de Patti, una apropiación de su voz para volverla otra. Escrito por Gabby De Cicco, poeta rosarine, compartimos aquí los primeros poemas del libro. Para quienes se queden con ganas de más, el 6 de diciembre De Cicco estará en Capital Federal presentando su poesía reunida, bajo el título de Transgénica. La cita es en Lavalleja 924 a las 19hs.

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Correo: lidteratura@gmail.com

Sábado 30 de noviembre | 00:00

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Jesús

Jesús murió

Jesús murió por los pecados

de alguien

pero no

por los míos

Suena la voz

como oración suprema

mientras los caballos en el campo

corren mansos

Los caballos se trizan como espejos

en la pampa

pero no suenan horses

Horse

es más caballo

es potro al viento

de aliento largo

Pastan los caballos

mientras suena la acústica,

resuena en doble riff.

Ripio en la palma de la mano, suena.

Se lee como líneas en la mano la música.

Ambigua. Ambidiestra.

Suena con percal y retumba

la electricidad sobre el río.

Suena la tierra

como polaroid neoyorkina.

Seguimos a la voz canícula como guía.

Voz de bruja. Voz de gurú.

El horizonte se ilumina

y el cielo se abre en dos, o en tres.

Explota el riff

la voz crece

desde la tierra de las mil danzas.

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El hotel Chelsea, irreconocible,

al fondo de la noche.

Apenas tres letras iluminadas

dan cuenta de los fantasmas.

Y aún así

el cuervo gótico insiste, explora aún

los límites del cielo. La garganta misma del diablo.

Tierra y yonquis escondidos en la calle 23

o aún comiendo en las mesas de “El Quijote”.

Ginsberg pensó que era un exquisito y bello muchacho.

No la besó.

Tan solo le pagó el sándwich de su entrada al trono beat.

Fotos pinchadas en la pared.

No es ritual de vudú sino de abrirse hacia el infinito.

Robert le decía: “Nadie ve como nosotros, Patti”.

Y la visión se expandía, bajando, hacia el East River.

La densa saliva del amor. La densa saliva

pegándose al glande perdido en la furia de la noche.

No es amor

lo que busca, si algo busca.

Si hacia algún lugar va.

No es amor. Es fábrica en el recuerdo

junto al río. Canto de sirenas.

Meadas al borde del mapa de la ciudad.

New York estaba abierta de piernas,

y ellxs se la cogieron.

a Fede Rodríguez

A.C.A.B

Estamos afuera de la sociedad

“en los oscuros patios de la bastardía”,

con la revolución danzando

en nuestras lenguas.

Dios ha muerto

pero no el punk.

I

Yo no soy nadie y aún así seré tu Rimbaud.

Tan muchachito entre tus piernas,

tan abierta y húmeda entre tus sábanas.

Seré como un mantra que dice

esta verdad: la poesía acaba rápido,

y todo lo que escribimos es

mentira.

Yo no tengo mucho que decir

solo tengo aquellos muertos que dejé atrás

para ir hacia Abisinia.

La muerte comiendo la pierna.

Muero entre tus brazos.

¡Qué hermosos sos, qué hermoso!

apenas mordiéndote el labio inferior,

unos bucles más y sos Mapplethorpe.

En él tu descendencia.

Ambos tienen la mirada feroz de los amantes

al umbral de las visiones más salvajes.

II

Hablame, por favor, contame un cuento

que me ayude a dormir.

Hablame, contame de tus amores,

de Paul, el de la bella sonrisa saturnal.

Miranos, somos de alguna manera vagabundxs.

Cuando se tiene hambre y sed

siempre hay alguien que llega y te echa a patadas,

y terminás cruzando un mar

de lágrimas calientes.

Allí mueren quienes buscan refugio.

Habría que entender la muerte de otra forma.

Habría que raparse la cabeza como cuando

murió tu hermana. Habría que amar

hasta que acabe el mundo conocido.

III

Tengo visiones, igual que Johnny.

La tripa revuelta. Tan golpeada la revolución.

No veo salida pero veo

la puerta por donde dicen que saldremos.

Gloria a dios, su nombre repetido. Gloria es mía, chicos.

Ni Jim ni van Morrison. G L O R I A es mía.

Yo soy su Rimbaud. La despierto comiéndola de a poco.

La poesía, un fuego sagrado.







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