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Podemos, discurso de izquierda y estrategia moderada: ¿Ruptura o Reforma?

La profunda crisis política reabre debates entre Podemos y la izquierda, sobre si se puede regenerar o no el Régimen del 78, si es necesario una reforma, una ruptura democrática o revolucionaria.

Cynthia Lub

Barcelona | @LubCynthia

Federico Grom

Barcelona

Lunes 14 de noviembre | Edición del día

Foto: EFE / Luca Piergiovanni

El artículo, Crisis del Régimen del 78 ¿Qué crisis es esta?, decía que estamos viviendo una “crisis orgánica al menos desde 2011. Esta categoría, que es parte del acervo teórico del revolucionario italiano Antonio Gramsci, sirve para definir crisis que lo son de conjunto -es decir económicas, sociales y políticas- y para las cuales los mecanismos habituales de la burguesía para lograr resolverlas no sirven”.

Desde que se consumó el nuevo gobierno de Rajoy, Pablo Iglesias ha girado su discurso a izquierda llamando a ’Luchar, crear, poder popular’, a las calles y a la movilización. Pero su estrategia reformista moderada se reafirma, reivindicando su intento de gobierno con los social-liberales del PSOE. Como dijo Iglesias, “Nos arriesgábamos a decepcionar. A que los estrechos márgenes de gobierno, teniendo que compartirlo con el PSOE y teniendo ellos la Presidencia, nos colocaran en la posición de no poder cumplir muchos elementos de nuestro programa”. Es decir, de actuar con los “mecanismos habituales de la burguesía”, junto a una de sus patas del régimen bipartidista, para “resolver” la crisis del Régimen.

¿Ruptura o Reforma?

El giro discursivo de Podemos recuerda al del PCE de los años 70’ cuando entendía el ascenso de la clase obrera como “moneda de cambio” para negociar su integración al nuevo Régimen político nacido de la llamada “transición democrática”. Parece ser, pero no lo es. Porque muy lejos está Podemos, entre otras cuestiones, de tener la influencia que el PCE tenía en el movimiento obrero con peso militante en CCOO.

Y porque esta formación neorreformista ni siquiera se plantea un cambio de “ruptura”. Si algo quiere retomar del PCE es, más precisamente, su etapa final. Es decir, cuando abandonó su objetivo de “ruptura” y profundizó su política de moderación y freno del ascenso obrero; y por esa vía, pasaban a tomar una posición “pactista” abandonando la rupturista, lo que el PCE llamó bajo el eufemismo “ruptura pactada”.

“El objetivo de la transformación social es a partir de reformas”. Así respondió Iglesias en una entrevista hecha por el Diario.es cuando le preguntaron si apuesta por la reforma o por la ruptura.

Pero además, nunca se ha planteado reformas sustanciales, para Podemos también son imposibles. Sólo se trata de defender las conquistas que han sobrevivido a la crisis y alguna otra que el propio Estado capitalista pueda conceder. “Nunca vamos a poder volver a los momentos más virtuosos del Estado del Bienestar”, “Tenemos que luchar por defender lo que hay y, si es posible, avanzar en lo que no hay. Estamos en un momento difícil, en el que lo que estamos haciendo es resistir para conservar las cosas buenas que había”.

El ejemplo de Syriza puede ser muy ilustrador después de la estrepitosa decepción que resultó cuando aplicó las peores contrarreformas de la Troika que se cargó incluso lo que quedaba del “Estado de Bienestar”. La experiencia griega es un espejo donde se reflejan los resultados de la estrategia reformista de Podemos.

Una estrategia que se centre “solo en defender las conquistas” representaría a un sector limitado de la clase explotada. Dejando de lado a quienes las perdieron hace años o a los que nunca las tuvieron. Es decir, las capas más explotadas y oprimidas de la sociedad. Incluso para luchar y obtener reformas y mejoras, es necesario recomponer la unidad de los distintos sectores de los explotados y oprimidos, así como su coordinación en la acción.

¿Qué es el Régimen del 78?

Para Pablo Iglesias es “el sistema político apoyado en una serie de poderes fácticos”. “El sistema político de nuestro país surge de la Transición y seguramente se consolida a partir de 1982 con el éxito arrollador del PSOE. Eso no solamente es el PSOE en el poder, es un tipo de relación con los sindicatos, sustentado en los Pactos de la Moncloa, es un tipo de relación con los poderes europeos, en particular con la socialdemocracia europea, es una relación con las élites empresariales de nuestro país y es una relación con el viejo Estado”, explica.

Pero Pablo Iglesias no habla de otros “poderes fácticos” como el que este Régimen del ’78 dio a luz: una Monarquía parlamentaria en la que el Rey era Jefe de Estado y de las fuerzas armadas, Juan Carlos I, como sucesor de Franco con la Ley de Sucesión de 1969 y una nueva fachada “democrática” que no puede ocultar a un Rey nombrado “por la Gracia de Franco”. De repente, Pablo Iglesias dice tener “un ideal republicano fundamentado en las ideas de la Ilustración, la racionalidad...” Pero jamás hizo siquiera una crítica a la monarquía. No olvidemos su foto saludando a Felipe VI y haciéndole entrega de la colección de ’Juego de tronos’ en Bruselas. Una suerte de reedición del viejo tándem ’PSOE y Juan Carlos I’ para reestabilizar el moribundo Régimen del 78.

Otra cuestión que evade Iglesias sobre el “tipo de relación con los sindicatos, sustentado en los Pactos de la Moncloa” es que los acuerdos con las direcciones sindicales de CCOO y UGT le sirvieron para combatir la conflictividad obrera y abrir la puerta a las duras reconversiones industriales. Cabría preguntarse cómo “retomar la movilización social” con estas direcciones sindicales traidoras, que llevaron y llevan la resistencia obrera a la derrota y el desgaste. Podemos debería cuestionar la actual "paz social" de la burocracia, -elemento de mayor contención del Régimen-, exigiendo una huelga general hasta tirar abajo este Régimen reaccionario.

Iglesias también “se olvida” de la resolución sobre la cuestión nacional, que ha sido uno de los puntos más reaccionarios del Régimen del 78, que impidió cualquier desarrollo de un Estado federal, con el pacto entre UCD y el PSOE en el verano de 1981. Con el “café para todos” nace el Estado de las Autonomías que bloqueaba la resolución de la cuestión nacional vasca y catalana. Una tarea pendiente que hoy actúa como un boomerang en la crisis del Estado español.

El Régimen del ’78, entonces, “entra en cuestión con el 15M, con una crisis que nosotros llamamos orgánica, una crisis de régimen que no es una crisis de Estado porque estamos en Europa Occidental y abre una nueva transición hacia seguramente otro régimen político.” Todo un cambio estético, “cultural” como le gusta decir a Iglesias: “Estamos en el medio de una transición que ya ha tenido efectos políticos concretos y que ahora tenemos que empujar para que pueda tener efectos sociales y culturales importantes”.

Un discurso tan moderado no alcanza al nivel de "radicalidad" de líderes de la extrema derecha, como el del triunfante Trump. Pero para ofrecer una salida radical, en un sentido inverso al de Trump, Iglesias debería denunciar al Estado imperialista, llamar a movilizaciones contra las reaccionarias leyes de extranjería, por los cierres de los CIEs. Es decir, plantear un programa y un plan de movilizaciones más antirracista (y antiimperialista) que el radicalmente racista y xenófobo de Trump.

El Estado, y las fuerzas materiales que sustentan al Régimen -la propiedad privada y sus leyes, la clase capitalista-, no entra en su análisis sobre la “crisis orgánica”. Abogar por la “movilización en las calles”, por un poder popular, es como mínimo “contradictorio” con la actuación de los Ayuntamientos de “las confluencias” que reprimen a los trabajadores "manteros", o con ser antihuelgas como en Barcelona con TMB Metro, ejecutar desahucios o desalojar centros sociales ocupados. Pero no es contradictorio con dejar intacto el marco legal de la propiedad privada y su Estado.

Un debate pendiente con la izquierda: ¿reforma o ruptura revolucionaria?

Retomar el debate reforma o revolución, o ruptura democrática o revolucionaria no es en vano como dice Pablo Iglesias, para quien la revolución es un horizonte impensable. “Esto no es la toma del Palacio de Invierno” dice iglesias en tono jocoso y continúa, “La palabra ruptura […] es una metáfora que marca un estilo y una manera de impugnar y de entender cuál tiene que ser nuestro estilo político”, “nuestra praxis es modesta, tenemos que ser modestos. El famoso debate ’reforma-revolución’ creo que no es un debate de la izquierda española ni del espacio político de Unidos Podemos ni de nadie en estos momentos. […].

Sin embargo, sí es un debate pertinente para las corrientes que se reclaman anticapitalistas. Buena parte de la izquierda en el Estado español, como Anticapitalistas o En Lucha, han teñido su estrategia de escepticismo hacia la revolución y la clase trabajadora. Compartiendo en parte la visión del marxismo como “maximalismo infantil” que abona Iglesias, abandonaron la construcción de una alternativa anticapitalista revolucionaria, independiente de los partidos del Régimen, diluyéndose al interior de Podemos.

Iglesias apunta a un enemigo fácil para justificar su pesimismo reformista, ese “optimismo histórico de cierto marxismo mecanicista”, una voltereta para eludir la discusión e impugnar así al marxismo y todas sus lecciones y su objetivo como caducos y vetustos. Para pasar por alto el análisis marxista sobre el Estado y la sociedad de clases, incómodo para todo reformista. Así como ridiculizar el programa de los revolucionarios, del cual la insurrección y los soviets es solo su coronación.

El pesimismo histórico sobre una trasformación radical, el posicionamiento por unas reformas cada vez más cosméticas, la defensa de “la ruptura” como un “estilo” para llevar adelante alguna de estas reformas, los discursos encendidos y las “praxis modestas”, dan cuenta de un asentamiento de su estrategia “reformista” cada vez más limitada y superficial, y hacen recordar a la misma socialdemocracia antes de degenerar en los viles gestores del capital sin escrúpulos en los que se han convertido a ojos de millones.

En buena medida, las experiencias de los “comunes” dan cuenta no solo de que esto es un peligro real, sino que está ocurriendo a una velocidad trepidante en relación a los centenarios partidos socialdemócratas.

Sobra decir que los marxistas no nos oponemos a las reformas progresivas, pero sostenemos claramente que esas conquistas parciales deben hilarse en la lucha por una trasformación radical de las relaciones sociales de producción y de propiedad injustas. Sin esto no se trastocará la estructura social, por lo que no cambia el carácter explotador del Estado ni la desigualdad. Los regímenes políticos vienen a darle una envoltura a todo esto, la forma en la que es presentado políticamente a las masas. Es de conjunto una caja de engranajes hoy al servicio de la burguesía. Esto es lo que debe ser cuestionado por lo menos por los que nos reivindicamos anticapitalistas consecuentes.

Para que las posiciones representativas de Podemos y las candidaturas municipalistas “como herramienta para construir instituciones desde abajo, capaces de, a partir de la resistencia contra la gran coalición, construir una mayoría social contra la explotación y la exclusión” como señala Anticapitalistas, además de apostar por la movilización social abandonada en la última etapa, éstas deberían asumir sin ambages y de forma consecuente, la oposición a los dirigentes sindicales traidores, la monarquía heredera del Franquismo, la autodeterminación de los pueblos con todas sus consecuencias, así como la pelea por una Asamblea constituyente verdaderamente libre.




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