Política Chile

SEMANARIO

Piñera: "acuerdos" para cambiar la agenda, probar ataques y sacar a las calles del escenario

Piñera cumple su segunda semana en La Moneda en plena "luna de miel". Su acento en una política de “acuerdos” basados en la “unidad nacional” no exime de ataques. Es más bien una estrategia producto de la actual relación de fuerzas y limitada capacidad de grandes maniobras, mientras intenta instalar un clima para llevar adelante sus planes más ambiciosos. ¿A dónde está la verdadera oposición y la resistencia?

Pablo Torres

Comité de Redacción / Partido de Trabajadores Revolucionarios

Domingo 25 de marzo | 10:45

Con los cinco “acuerdos nacionales” Piñera tomó la iniciativa política. No solo puso a la defensiva a toda la “oposición” (que tuvo que declararse dispuesta a llegar a acuerdos), sino que intentó cambiar la agenda, a una propia que pueda controlar e imponer. Por eso excluyó Educación, Pensiones y Trabajo, materias que pueden encontrar una mayor oposición a infancia por ejemplo.

Su estrategia de “acuerdos” no es casual, se debe a una relación de fuerzas limitada. En lo social: no despertar a “la calle”, que le quitó el control en su anterior gobierno y lo puso relativamente en jaque; y en lo político, por ser minoría parlamentaria, forzado a acordar con algún sector de oposición si quiere pasar sus leyes. Es decir, una mezcla de primacía de la realidad con el temor a una vuelta de la lucha de clases; y una estrategia relativamente inteligente, que le ha permitido tomar la iniciativa y que da cuenta de las lecciones políticas tras su primer gobierno. Será cuidadoso de no desarrollar grandes ataques que den la excusa de unir a las calles en su contra, y hacer ingobernable su gobierno.

La relación entre acuerdos y ataques

Tiene a su favor que la economía viene con un fuerte viento de cola, de un crecimiento al doble del ciclo 2013-2017, que se proyecta sobre el 3% en los próximos años, que puede ser un factor de estabilidad no menor, y del cual ya se benefició en el gobierno pasado, ayudando a atemperar las crisis políticas. También, el litigio en La Haya, donde se apoya ofensivamente en el discurso de “unidad nacional”, apoyado por la gran mayoría de los partidos del régimen, buscando fortalecer el nacionalismo a costa de la defensa de los intereses “soberanos” (de algunas grandes familias capitalistas, verdaderos “soberanos” del mar y las riquezas a costa del saqueo del pueblo trabajador).

No obstante, su centro en “acuerdos” sin grandes ataques, no significa que no habrá estos, de parte del gobierno o de las clases y fuerzas sociales que están tras suyo. Como dijo Piñera al presentar los cambios a la Ley Antiterrorista: “La búsqueda de acuerdos no significa que el gobierno no tenga una misión a cumplir." A fines de esta semana ya observamos dos intentos. El primero, los cambios a la Ley Antiterrorista: 11 cambios para combatir el “terrorismo”, y que van directamente contra el pueblo mapuche y para fortalecer la represión estatal, en momentos de la crisis más grave de la historia de la policía, entre mega fraudes, asociación ilícita en los altos manos y manipulación de pruebas. Los cambios a la Ley Antiterrorista anunciados en la primera visita de Estado a La Araucanía, buscan hacer más operativa la acción penal y policial para evitar las derrotas judiciales y tener una base mayor para proyectar los ataques al pueblo-nación mapuche y en particular a las comunidades en conflicto. Así, se pretende: una nueva definición del tipo penal, para evitar “subjetividad” (intencionalidad) al momento de calificar la conducta como terrorista (Chile fue condenado ya por Corte Interamericana DDHH por la ley anterior que eximía este elemento y fue causa de numerosos abusos); la figura del “lobo solitario”, sin necesidad de actuar colectivamente; la facultad amplia de “interceptar comunicaciones” (pinchar teléfonos, intervenir correos, etc.), acentuado tras la crisis de la operación Huracán, donde abiertamente se manipularon pruebas para incriminar a luchadores; y la implementación de “agentes encubiertos” para infiltrar a las organizaciones. Todo esto en un lenguaje de acuerdos con un Plan de Desarrollo y Paz en La Araucanía, y del intento de reunir un arco social reaccionario para estos planes, como la junta con la asociación de víctimas de violencia rural (entre los que hay asociaciones armadas de terratenientes y agricultores, apoyados por grandes forestales). Ya estrenaron esta combinación la semana pasada, con el violento abuso y desalojo policial a mujeres mapuche que venden sus productos en el centro de Temuco.

El otro intento de ataque camuflado lo constituye el nuevo protocolo para la aplicación de la objeción de consciencia institucional en la ley de aborto en 3 causales. Con este protocolo intenta: eliminar la prohibición de declararse en objeción de consciencia institucional a instituciones privadas que tengan convenios con el Estado y reciban recursos públicos en obstetricia y ginecología. Un triunfo de los sectores más reaccionarios y conservadores, liderados por la Universidad Católica, que encabeza la oposición a la lucha de las mujeres por el derecho al aborto. Con este protocolo, puede no atender estos casos y seguir recibiendo millonarios recursos del Estado. Junto a la reducción de requisitos para declararse en objeción de consciencia institucional, numerosas clínicas privadas seguirán recibiendo millonarios recursos públicos a la vez que se podrán negar fácilmente a practicar al aborto en 3 causales, discriminando y operando contra las mujeres, que ven aún más restringidos sus derechos (pues la ley de aborto en 3 causales, constituye sólo un mínimo básico de derechos, pues no hay derecho al aborto legal, libre, seguro y gratuito).

En este marco de primacía de los “acuerdos” con ataques parciales, intentará promover un clima ideológico reaccionario para revertir la relación de fuerzas que le impone “moderaciones”, y cuando pueda, pasar a la ofensiva con ataques más frontales. Tanto el discurso de “ajuste fiscal” de sus ministros económicos (para preparar las “contrarreformas” para bajar impuestos patronales, y contra los sindicatos en Trabajo), como la ofensiva para defender la “tolerancia” de los discursos de extrema derecha y de provocación de José Antonio Kast (que recorre el país hacia universidades para fundar su nuevo movimiento de ultra-derecha) intentan ello; aunque más bien exprese polarización que derechización asentada.

¿Oposición parlamentaria a la derecha?

Mientras tanto, la “oposición” parlamentaria, no obstante logró ganar en la Nueva Mayoría la presidencia del parlamento (también en las comisiones de diputados, asestándole una primera derrota al gobierno) no solo se encontró a la defensiva con esta inteligente estrategia de la derecha de buscar “acuerdos” cambiando la agenda; sino su verdadera cara conciliadora de “oposición constructiva” junto a la derecha.

Lo vemos en la ex Nueva Mayoría y su crisis interna: una DC que, fracturada, no obstante impulsa un proyecto de “acuerdos nacionales” con el Gobierno; o un PS que se dice abierto a “no negar la sal ni el agua” asumiendo su “oposición responsable”. Así, la vieja Concertación, muestra que su juego es el republicanismo: no desordenar al régimen, no incentivar a “la calle”, y esperar una articulación puramente parlamentaria para recuperar el Gobierno en los próximos años sin cambiar las condiciones del juego, sin joder al gobierno ni subvertir las reglas del régimen. Estos falsos amigos del pueblo, con la “seguridad pública” (otro de los acuerdos impulsados por Piñera) muestran su derrotero: se han cuadrado con el Gobierno en la necesidad de “reformar y modernizar” Carabineros, que intentará fortalecer el bonapartismo y represión estatal, que vive la peor crisis de su historia (su aprobación se desplomó en solo un año, del 80% al 40%, y es fuente de posteriores crisis). Una “oposición” que apoya estos planes mientras se cayó la boca ante la brutalidad policial contra las mujeres mapuche en Temuco.

El Frente Amplio, que apareció como una nueva fuerza reformista y tiene entre sus principales figuras (Sánchez, Boric y Jackson) la posibilidad del liderazgo de la “oposición”, ha seguido una política zigzagueante que le abre la vía a los acuerdos. Así, en su primer acto parlamentario, votaron por los falsos amigos del pueblo del PS y la DC para presidir ambas Cámaras. Luego aparecieron los “Blumel-lovers” intentando reuniones con el Gobierno para llegar a “acuerdos”. En diversas oportunidades (en la votación de acuerdo promovida por la DC; en su defensa de la política de Estado frente a La Haya; en la “condena” hipócrita promovida por Chile Vamos a Cuba y Venezuela) han mostrado una política “de centro”, y aunque algunos sectores voten en contra de estas mociones derechistas (mostrando las tensiones que cruzan al bloque), se impone la agenda centrista (con “abstenciones”) liderada por RD, que hegemoniza el bloque y pretende construir una nueva centroizquierda del régimen. Aunque su política sea hablar de una “oposición” a Piñera en el parlamento y también en las calles, la reaccionaria “unidad de la oposición” junto a la vieja Concertación, no hace más que acercarlos a una oposición moderada y dialogante, usando “la calle” como factor de presión a una oposición cuyo centro de gravedad es el parlamento, y no la lucha de clases, verdadera oposición a Piñera.

¿De dónde vendrá la resistencia?

Así, la “oposición” de la vieja Concertación y del Frente Amplio, no se juegan a la resistencia en las calles, sino a una estrategia de oposición parlamentaria, que no implica que no movilizarán, sino que será en función del parlamentarismo, y a futuro (2020 y 2022) a buscar alianzas “amplias” (junto al “progresismo” empresarial) para derrotar electoralmente a Piñera.

Pero ya estamos viendo, en los empresarios y otros sectores que son la alianza social dominante tras Piñera, algunos ataques. Son los despidos y ataques a la organización de los trabajadores en Antofagasta (en el Ferrocarril, en fábricas como Orica o minas como Mantos Blancos; en los despidos y reubicaciones contra profesores organizados); la represión a mujeres mapuche en Temuco o a los inmigrantes desalojados en Antofagasta; los 70 despedidos en Latam en los marcos de una negociación colectiva; los despidos masivos (cerca de 2.000) en el retail, y algunos más; los llamados a “terminar con las marchas” en educación de un declarado ministro “neoliberal”; y los que empezamos a ver contra las mujeres y el pueblo mapuche. También hemos visto las movilizaciones y paros del Hospital Barros Luco o los intentos de organizar la defensa frente a ataques en la Usach.

El intento de “sacar a las calles” del escenario nacional, con el discurso hegemónico de los “acuerdos” con una nueva agenda en combinación de ataques parciales y selectivos, sin embargo, de desarrollarse una política basada en la defensa en las calles y en la lucha de clases, pueden abrir una vía para la resistencia a la derecha, y que pueda aliar a los trabajadores, estudiantes, mujeres, mapuche y pobladores.

Así lo empiezan a mostrar algunas luchas parciales, que la izquierda debe promover para ser un factor de fuerza basada en las calles, verdadera oposición a la derecha. En Antofagasta, decenas de establecimientos han paralizado esta semana para enfrentar los ataques a su sector y coordinar las luchas. Han votado además, paro y movilización este 27/03. Los obreros de Orica, han votado la paralización de su fábrica para esta semana para defenderse frente a los despidos, y movilizarse junto a los docentes, llamando a lacoordinación de los trabajadores para dar respuesta a los ataques. La marcha de unidad de docente, obreros industriales y estudiantes, puede ser un ejemplo para enfrentar los ataques de la derecha.

En Temuco, organizaciones mapuche y sociales marcharon contra la represión sufrida esta semana; también cientos de trabajadores inmigrantes marcharon en Osorno contra el abuso empresarial frente al no pago de sus salarios. Los estudiantes, secundarios y universitarios, ya han llamado a las primeras movilizaciones para Abril frente al intento de sacarlos de las calles. En Valparaíso estudiantes secundarios han convocado la primera movilización contra la represión, tras la detención y golpizas que sufrió el estudiante Tadeo Villanueva. asimismo el movimiento de mujeres, cuya oposición no pasará por Contraloría (como intenta el PC para derribar el protocolo anti-aborto), sino por las calles, apoyándose en la masividad de estas demandas como mostró el 8 de Marzo, que da cuenta que ánimo y fuerzas para enfrentar a la derecha hay, de desarrollar una estrategia combativa e independiente.

Mientras, la burocracia sindical muestra su pasividad y conciliación, como hace Bárbara Figueroa (CUT-PC) tomando cafecitos con el ministro del Trabajo Nicolás Monckeberg; asimismo Mario Aguilar (Profesores-PH) del FA, que ha mostrado no ser ninguna alternativa en profesores a la vieja burocracia del PC. En vez de estar articular la defensa en las calles y en los lugares de trabajo, se disponen a los acuerdos con el gobierno.

Sin embargo, la resistencia no vendrá de los salones parlamentarios como se propone el Frente Amplio, el PC, o las burocracias (llevando a las calles y movimientos sociales a este callejón sin salida), sino de la lucha en las calles, de la unidad de los trabajadores y en alianza con estudiantes, mapuche y pobladores, impulsando la combatividad, la auto-organización, y de forma independiente a los falsos amigos del pueblo de la vieja Concertación.

Las luchas defensivas en Antofagasta así como en otros sectores que empiezan a luchar frente a este Gobierno, muestran en pequeño un camino hacia la unidad de los trabajadores y el pueblo, a recuperar las calles, y abrir una vía para enfrentar a Piñera y a la derecha, cuya estabilidad está en juego. De ser resistidos, se puede agrietar la derecha y hacer que irrumpan las movilizaciones. De seguir la estrategia parlamentarista y de diálogos, mayores posibilidades tendrá Piñera y Chile Vamos de conquistar una hegemonía aún no conseguida. La respuesta está en las calles, en la unidad y movilización de las bases, y en una estrategia independiente de las variantes patronales, para articular una gran fuerza social que pueda enfrentar a la derecha.







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