Política Internacional

II GUERRA MUNDIAL

Philippe Pétain y el gobierno colaboracionista de Vichy

El 11 de julio de 1940, tras la ocupación de Francia por las fuerzas de Hitler, era asignado como “Jefe del Estado Francés” el mariscal Philippe Pétain por el gobierno francés trasladado a la ciudad de Vichy.

Óscar Fernández

@OscarFdz94

Martes 11 de julio | 20:51

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El 12 de mayo de 1940 comienza la Batalla de Francia: Alemania, tras invadir Bélgica, Holanda y Luxemburgo, comienza una ofensiva en territorio francés atravesando el río Mosa luego de cruzar los espesos bosques de las Ardenas sin que los franceses se lo esperaran. Tres días después el primer ministro francés Reynaud llamaba a su homólogo inglés, Winston Churchill, para decirle que la guerra ya estaba perdida.

Poco después la derrota que significó para las fuerzas aliadas la batalla de Dunkerque, había pocas esperanzas de que se pudiera defender Francia. La Wehrmacht tenía fama de ser invencible y la maniobra de tenazas en Bélgica había dejado a cientos de miles de soldados en las playas belgas a la merced del ejército alemán, de los cuales se logró evacuar 340 mil soldados, bajo el asedio alemán.

El gobierno francés abandonó París, por lo que las tropas alemanas desfilaron virtualmente sin oposición el 14 de junio de 1940. A la semana siguiente, el gobierno francés se rendía ante Hitler en el mismo vagón de Compiègne en el que los alemanes se habían rendido en 1918, y allí se decide que el ejército alemán ocupe el norte y oeste de Francia.

El gobierno francés designa a Pierre Laval, como presidente; éste decide que el gobierno se retire a la ciudad de Vichy, descartando otras opciones como Lyon y Toulouse por ser tradiconales bastiones de los partidos de izquierda, para gobernar la zona “libre” y una vez allí reunidas ambas cámaras, designaron al mariscal Philippe Pétain como jefe del “Estado Francés”.

La trayectoria y el gobierno de Pétain

Durante la Primera Guerra Mundial, Pétain comandaba el II Ejército Francés, y el resultado victorioso de la sangrienta batalla de Verdún le distinguiría como un jefe capaz ante el gobierno francés y la población. Esta victoria le valió de un reconocimiento que cargaría el resto de su vida y le daría una autoridad entre la política francesa.

Ante la invasión alemana, Pétain impulsó un armisticio y poco a poco fue ganando terreno al otorgarle poderes extraordinarios como presidente del Consejo de Ministros, y así llegaría a ser designado como jefe del estado una vez reunido el gobierno en Vichy. Su designación fue un título minuciosamente calculado: el título de “Jefe de Estado” y el renombramiento del país como “Estado Francés” eran un rompimiento fuerte con la tradición “republicana” que la burguesía francesa se había encargado de mantener hasta ese momento. Pero la situación guerra era el mejor momento para sostenerse mediante un gobierno fuerte, al menos en esta zona “libre”.

Así, mediante el uso desmedido del culto a la figura de Petain, la burguesía francesa impuso sus condiciones para exprimir al máximo al proletariado en medio de la guerra. Se suspendieron las libertades públicas, lo mismo que los partidos políticos, y todos los sindicatos fueron unificados en una organización de corporativismo laboral, al tiempo que aparecían jurisdicciones con medidas de excepción.

Pétain lanzó una campaña de “revolución nacional” bajo el lema “Patria, Trabajo y Familia”, con ellos su gobierno se dedicó a organizar y adoctrinar a los jóvenes, creando campos de formación bajo el proyecto de Canteras de la Juventud Francesa. Además, este gobierno centraba sus esfuerzos en la repatriación de refugiados, la desmovilización militar, un sistema de abastecimiento, el mantenimiento del orden y de la unidad nacional.

Estado colaboracionista

Pétain se mostraba también como garante del respeto de Alemania por las convenciones del armisticio. Y también garantizaba el sometimiento ante el ejército de ocupación anulando el servicio militar en su territorio y mantuvo cierta coordinación política con Alemania, buscando el acercamiento a Hitler, quien usaba como rehenes a los casi dos millones de prisioneros franceses para exigir una política de mayor colaboración. Lo cual se concretó con una entrevista con el Führer en octubre de 1940.

Tras este encuentro Pétain impulsó extendió a su país la política nazi de persecución a los judíos, extendiéndola también a las logias masónicas, mantuvo campos de concentración al que fueron enviados no sólo judíos y francmasones, sino también exiliados españoles que escapaban del régimen franquista. Se estima en 149 mil el número de judíos franceses enviados por Petain a los campos de concentración alemanes de los cuales sólo regresó el 10%.

El gobierno de Petaín creó la Legión Francesa, la cual sería la base para la futura División Carlomagno que peleará contra las tropas aliadas en la guerra, vistiendo el uniforme de la Whermatch específicamente en el frente oriental contra las fuerzas soviéticas, para evitar así el contacto con soldados aliados de origen francés. De igual manera, las tropas coloniales acantonadas en Argelia y marruecos recibieron la orden de combatir a las tropas anglosajonas que desembarcaron en el norte de Africa.

Enemigo implacable de la clase trabajadora y el pueblo pobre que nutría el movimiento de la Resistencia francesa, que peleaba en todo el país por la liberación del país, Petaín intentó aplastar este movimiento, lo cual le hizo perder lo que quedaba de su popularidad. Encarceló a 70 mil combatientes de la Resistencia de los cuales 10 mil fueron condenados a muerte por los jueces de su gobierno.
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La caída de Pétain

La política de Pétain, subordinada en gran medida a Hitler, y el incremento de la represión a la disidencia causarían que su popularidad fuera cayendo cada vez más e incrementaría la de la Resistencia, que causaría cada vez más actos de sabotaje y coordinación clandestina con las fuerzas aliadas, al grado que al llegar éstas a las puertas de París, causarían una verdadera revuelta popular con barricadas en las calles y enfrentamientos con las fuerzas alemanas, que ante el avance de los aliados y la sublevación parisina serían obligadas a rendirse.

Pétain se iría al exilio a Alemania y después a Suiza para escapar de un juicio donde evidentemente sería declarado como traidor. En abril de 1945, a pocos días de que Hitler se suicidara y Alemania se rindiera incondicionalmente, Pétain se entregaría a las autoridades francesas.

En su juicio se le encontró culpable de compartir inteligencia con el enemigo, alta traición y se le condenó a muerte, pero esta última sentencia sería conmutada y en cambio sería condenado a prisión, donde pasaría el resto de su vida hasta que sería liberado debido a su avanzada edad.






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