Géneros y Sexualidades

TRIBUNA ABIERTA

Personajes trans: Hollywood y una batalla por la identidad

Miércoles 7 de septiembre de 2016 | Edición del día

Una nueva disputa se ha desatado en la meca del cine, a partir del papel de Freda, una prostituta trans, en la película (aún no estrenada) Anything, cuyo productor ejecutivo es el actor Mark Ruffalo (Bruce Banner-Hulk en Los Vengadores).

Dicho personaje está interpretado por Matt Bomer (protagonista de la serie White Collar), y ese es el eje del reclamo. Referentes de la comunidad LGTTBI demandan que los personajes trans sean interpretados por personas trans. Conflicto que ya se había presentado cuando Jared Leto, interpretó a Rayon en Dallas Buyers Club, papel que le valió un Oscar. Y también cuando Eddie Redmayne descolló poniéndose en la piel de Einar Wegener y su transición a Lili Elbe.

A la cabeza de la protesta se encuentra la actriz, guionista, productora y activista trans Jen Richards (protagonista de la serie Her Story), quien audicionó para el personaje de Freda, y en el casting les planteó expresamente a todo el equipo de producción que no debían darle el papel a un varón cis, y que en cambio se lo dieran a una actriz trans.

A su vez, en Twitter expresó que “la principal razón por la que se da esta situación es práctica/económica: a las personas trans se les niega el trabajo, las oportunidades y recursos, afectando a la comunidad entera”. A ella se sumó Jamie Clyton, actriz trans conocida por la serie Sense8, proyecto dirigido por las hermanas Lilly y Lana Wachowski (creadoras de la trilogía Matrix cuando eran los hermanos Wachowski).

Clyton fue concisa en la misma red social: “Espero que alguna vez ustedes dos decidan hacer algo positivo de verdad para la comunidad trans”. Tras este mensaje Matt Bomer la bloqueó por unas horas. A lo que la actriz contestó: “Toda una metáfora de lo que ocurre cuando las mujeres trans denuncian la discriminación: se las silencia e ignora”.

Luego Richards fue más allá y planteó que “Cuando Jared Leto interpreta a Rayon y luego recibe el Oscar con una gran barba, el mundo ve que ser una mujer trans es solo un hombre actuando” y “cuando Matt Bomer interpreta a una trabajadora sexual trans en el fondo les está diciendo que las mujeres trans como yo seguimos siendo solo hombres”, para concluir: “Queridos Ruffalo y Bomer: si estrenan esta película serán directamente responsables de la violencia que sufrimos”.

Sin embargo las voces de protesta no quedaron ahí. El medio web BigPictureGayShow publicó que los actores deberían sentirse avergonzados por perpetuar el cliché de que las personas trans solo se dedican a la prostitución y por hacer uso del “transface”, en referencia al blackface, práctica racista empleada décadas atrás en Hollywood cuando los actores blancos se pintaban la cara para interpretar caricaturas de negros ridiculizándolos.

En otro medio Nick Adams, representante de la organización LGTTBI GLAAD, reafirmó los mismos conceptos planteados por Richards y aseveró que la película lleva implícito un mensaje tóxico y peligroso que lleva a los legisladores de estados como Carolina del Norte a obligar a las mujeres trans a usar el baño de hombres. Exponiéndolas a la humillación y al peligro. Y es el mismo mensaje que motivó que sean asesinadas mujeres transexuales.

Finalmente Ruffalo declaró “A la comunidad Trans. Las y los escucho. Es desgarrador verlas y verlos en este dolor. Me alegra que estemos teniendo esta conversación. Era hora”. Las respuestas no tardaron en llegar. Jen Richards le respondió “Gracias Mark Ruffalo, esto significa mucho. Me encantaría hablar con vos del tema y de cómo avanzar propositivamente”. Mientras que otro usuario de twitter le reclamó reabrir el casting. Situación imposible, porque la película ya fue filmada, explicó Ruffalo.

Hasta aquí los hechos e intercambios producidos entre las y los protagonistas de la disputa. Es un debate absolutamente necesario. Sin embargo, considero, es también necesario rever algunos de los argumentos planteados. No hay nada malo, en sí mismo, en que un actor hombre cis, interprete a una mujer trans. Actuar se trata de eso, de poder ser quienes no somos, por el tiempo que la obra demande, lo más fielmente posible.

Daniel Day Lewis realizó tremenda actuación en Mi Pie Izquierdo sin ser discapacitado, y es una maravilla de interpretación. O Katy Bates logra perturbar al extremo en Misery, sin ser una psicópata. En La Chica Danesa la actuación que logra Eddie Redmayne, es gloriosa. Y no veo motivo para privarnos de esa clase maestra delante de las cámaras.

Definitivamente hubiese sido muy interesante ver La Chica Danesa interpretada por una actriz trans. No hay dudas. Pero lo más extraordinario hubieran sido las escenas de Einar Wegener, el personaje varón previo al cambio. Porque ahí está el desafío, en ser lo que no somos. Qué nos crean una verdad que todos saben que es mentira. Y cuánto más se aleje el personaje de nosotros, más grande es el reto.

El tema de fondo no está en atacar a quienes interpretan personajes trans. No solo no aporta, sino que resta, apuntar a los actores por el papel que les toca interpretar. Claramente no se trata de una ridiculización y parodia, como lo era el “blackface”. Y mucho menos resulta lógico responsabilizar a los actores de la violencia y los asesinatos transfóbicos.

La problemática reside en el primer punto planteado por Jen Richards: la marginación a actores y actrices trans para interpretar cualquier tipo papel, no sólo personajes trans. Ese el quid de la cuestión. Sobran los motivos para que se planten y peleen por su lugar en la industria. Consecuencia de esa lucha, algo está cambiando. Hoy existe la ya mencionada serie Sense8, y la recomendadísima Tangerine (película realizada íntegramente con teléfonos celulares) protagonizada por Mya Taylor y Kitana Kiki Rodríguez, dónde la condición trans o travesti de las protagonistas las compone pero no las define. Se mete en la complejidad de su universo pero no es el eje. No es el punto en la serie, mucho menos en la película, ver una trans contando que es ser trans. Aunque es cierto que parte de la fuerza de esos personajes y sus vivencias está relacionado con que sean trans, el nudo de esas historias pasa por otro lado, lo que permite a las actrices meterse en un terreno donde tienen mucho más para desarrollar interpretativamente.

El horizonte a alcanzar se vislumbra mejor desde acá, en la ciudad Buenos Aires. Gran ejemplo para pensar este debate es la cooperativa ArteTrans, que presenta obras que relatan la vida de las mujeres trans en la Argentina como el unipersonal Travicienta, u Hotel Golondrina, pero también han puesto en escena su contundente versión de "La Casa de Bernarda Alba", dónde el género de las actrices no juega ningún rol arriba del escenario, y esa Bernarda es tan déspota con sus hijas cómo lo fue siempre, la interprete quien la interprete.

El debate está planteado. La pelea deben, y debemos, seguir dándola. No hay que olvidarse que en sus inicios, y durante siglos, el teatro era hecho solo por hombres, en todos los personajes, masculinos y femeninos. Que las mujeres puedan subirse a un escenario y representarse a sí mismas, fue oficialmente aceptado en Europa recién en el siglo XVI, producto de una larga y dura batalla, como la que están dando hoy las mujeres y hombres trans.




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