Política

EDITORIAL

Peronismo y kirchnerismo: ¿los senderos se bifurcan?

Un Gobierno que hace mucho ruido para ocultar su crisis. El diseño de una oposición y un peronismo a medida. El decorado kirchnerista y las posibilidades de la izquierda.

Fernando Rosso

@RossoFer

Domingo 31 de diciembre de 2017 | 00:00

Fotografía: Cristina Fernández junto al presidente del PJ bonaerense, Gustavo Menéndez

El repliegue desordenado del gobierno de Mauricio Macri en este fin de año es indiscutible. Logró dilapidar en veinte días, una parte considerable de los avances que había acumulado con el triunfo electoral de octubre.

Un escasamente difundido informe del Instituto Di Tella sentenció la semana pasada que el Índice de Confianza en el Gobierno cayó bruscamente un 20 % en diciembre. Los tres motores principales de la erosión fueron su actuación ante el asesinato del joven Rafael Nahuel en Bariloche, el pésimo desempeño ante la desaparición del submarino ARA-San Juan y, por supuesto, la desaprobación general y la crisis política generada por el recorte de los futuros haberes jubilatorios y las remuneraciones correspondientes a la Asignación Universal por Hijo.

La repentina puesta en escena de los “cuatro jinetes del Apocalipsis”, apodo acuñado por alguna mala lengua (Marcos Peña, Nicolás Dujovne, Luis Caputo y el domesticado presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger) sumó inquietud e incertidumbre a la economía. El giro en el timón, con una minidevaluación de hecho y una confesión del fracaso de las “metas de inflación”, reveló el estancamiento que atraviesa el plan económico.

El reconocimiento de la imposibilidad de contener los precios (pese al planchazo que aplicaron sobre la economía) y el anuncio de los nuevos tarifazos al transporte y a los servicios en los próximos meses, echará leña al fuego de un verano caliente. Deberán pagar más los que recibirán menos ingresos y las paritarias implicarán la apertura de una temprana y dura batalla.

En medio de tanto humo de judicialización de la política que quiere ocultar esa realidad, algunos análisis comienzan a dar cuenta del giro. “Porque, se diga lo que se diga, hubo daño en la base de sustentación de Macri”, disparó un lapidario Ricardo Kirschbaum desde el estado mayor conjunto del periodismo de guerra (Clarín, 24-12).

José Natanson, que venía otorgando –en nuestra humilde opinión– exagerado crédito a la “hegemonía” macrista, escribe en el adelantado número de enero de El Dipló sobre la percepción popular en torno a la magra situación de los jubilados: “El blanco de la crítica es móvil: si hasta mediados de diciembre la responsabilidad recaía fundamentalmente sobre el kirchnerismo, es probable que a partir de ahora se vaya desplazando al macrismo, cuyo ascenso, por otra parte, se explica en buena medida por el apoyo de ese colectivo inorgánico pero numerosísimo que son los adultos mayores”.

El retroceso incierto del Gobierno se confirma por los datos y por los análisis, incluso de aquellos que le brindan un ferviente apoyo o consideraban que poseía una densidad superior.

Peronismo de diseño

Ante esta situación compleja del oficialismo, comienzan a moverse las piezas del tablero de la oposición en general y del peronismo en particular.

El empate catastrófico de la dispersión peronista impuso que un ilustre desconocido como el intendente de Merlo, Gustavo Menéndez (elegido en lista única como presidente del PJ bonaerense) oficie como vocero de los proyectos de reconstrucción del golpeado movimiento.

El empate se produce entre los que tienen los desgatados “fierros” (gobernadores, intendentes y sindicatos) y los que tienen mayor caudal electoral, fundamentalmente Cristina Fernández, que también posee el apoyo de algunos gremios menos gravitantes (se destacan bancarios y docentes) y un bloque considerable de diputados.

Si la inquietante aventura del país atendido por sus CEO sucumbe, no estaría mal tener a mano un peronismo que pueda continuar la obra y efectivizar un control de daños

Desde antes de asumir como presidente del PJ bonaerense, Menéndez viene trabajando para la unidad y “renovación” del peronismo. En una generosa entrevista para el programa Código Político del canal de cable TN, habló de la necesidad de comenzar a dialogar con todos y todas. Con los que se fueron del peronismo, como Sergio Massa o Florencio Randazzo; con la CGT, que debe “volver a ser la columna vertebral” y también con Cristina, que “es la dirigente del peronismo que conserva el mayor nivel de adhesión en la República Argentina”. Aunque, inmediatamente aclaró que “con Cristina no alcanza” y que Unidad Ciudadana y la reconstrucción del peronismo no son antagónicos. Se mostró comprensivo con los gobernadores que vienen de pactar el despojo a los jubilados porque “hay que entender que tienen realidades diferentes”.

Por las mismas horas, trascendió la foto que muestra a Menéndez, al randazzista “Bali” Bucca, el pejotista Diego Bossio y a los intendentes Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) y Mariano Cascallares (Almirante Brown) relajadamente reunidos con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio y con el jefe de la bancada del PRO en Diputados, Nicolás Massot, uno de los más rabiosos defensores del saqueo a los jubilados.

Es evidente que, con la bendición del santo padre que vive en Roma y el respaldo de ciertos movimientos sociales, la confluencia apuesta a darle impulso a lo que algunos bautizaron como un “peronismo de centro o racional” y lo que la propia Cristina calificó creativamente en su primer discurso en el Senado como “oposición de diseño”.

A las clases dominantes y a los dueños del país no les desagrada la eventualidad de la reconstrucción de un régimen con opciones de ese calibre, si la inquietante aventura del país atendido por sus CEO sucumbe, no estaría mal tener a mano un peronismo que pueda continuar la obra y efectivizar un control de daños.

El pequeño inconveniente que tienen todos estos sueños húmedos de los que habitan la parte de arriba del círculo rojo es la relación de fuerzas.

Como hemos señalado en múltiples ocasiones, el kirchnerismo como corriente de centroizquierda del peronismo que se volvió “hegemónica” durante una década, no podía explicarse sin su función pasivizadora del contencioso país pos-2001. La ayuda de la economía internacional y la recomposición social que la acompañó, configuraron una relación de fuerzas que, sin mediar crisis catastrófica ni derrotas cualitativas, se sigue manifestando. Pese al triunfo “pírrico” legislativo para el atraco a los jubilados, en las calles y en los cacerolazos volvió a expresarse, provocando la primera gran crisis del Gobierno.

El kirchnerismo quiere postularse como expresión de esa oposición social y los ataques judiciales, con el festival de detenciones preventivas, la acusación de “violentos” y la campaña permanente del aparato mediático oficialista, tienen por objetivo aportar a su subordinación dentro del nuevo peronismo de centro.

¿Decoración de interiores?

La cuestión es que la propia conducción del kirchnerismo se encamina, hasta ahora, voluntariamente a ser parte de esa “nueva mayoría” de un peronismo domesticado.

Con excepción de los rumores publicados en secciones serviciales de los diarios que hablan de la intención de algunos de transformar a Unidad Ciudadana en una especie de Podemos criollo, la respuesta unánime de todos los referentes de ese espacio apunta en otra dirección: un lugar bajo el sol de la gran casa peronista.

En los estridentes discursos legislativos en las sesiones que votaron el desfalco a los jubilados o a la Anses, los referentes kirchneristas se cuidaron prolijamente de criticar con nombre y apellido a los gobernadores que pactaron con el macrismo.

El dilema del kirchnerismo se reduce a una cuestión: convertirse en el decorador de interiores de un peronismo de diseño.

También fueron beneficiarios del encubrimiento quienes en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires facilitaron la aprobación de los planes de reformas jubilatorias de María Eugenia Vidal (para los trabajadores del Banco Provincia) y hasta el Pacto Fiscal que habilita una abultada suma para la campaña electoral de la gobernadora. Entre los que pusieron su granito de arena para allanar el camino, estuvieron varios que llegaron por las listas de Unidad Ciudadana.

Ni hablar de la nula denuncia de los pejotistas que por acción u omisión, avalaron las represiones salvajes del jueves 14 y el lunes 18 de diciembre. Y nadie le dijo nada a Daniel Scioli, excandidato a presidente del FpV por la soberana borrada en la primera votación importante de la era Macri.

En el acto del Día de los Inocentes en Avellaneda, el intendente Jorge Ferraresi se jactó que no aceptar subordinarse desde su municipio a ese pacto por el canje del histórico Fondo del Conurbano (aunque después le retaceen fondos), en una crítica que bien podría apuntar a los otros intendentes o gobernadores, tanto como a Alicia Kirchner que firmó el acuerdo con Nación y le puso “color local” a la represión.

En ese mismo acto, Cristina prometió: “Voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para contribuir y lograr que el diez de diciembre de 2019 otro argentino esté en la Casa Rosada para conducir los destinos del pueblo”. Habló de una construcción “amplia y generosa” y de que no importan los nombres.

El dilema del kirchnerismo se reduce a una cuestión: convertirse en el decorador de interiores de un peronismo de diseño.

Nosotros, la izquierda

Los ataques a la izquierda y especialmente al Frente de Izquierda, incluidas las desopilantes acusaciones contra sus legisladores y referentes, tienen el objetivo de aislarla porque constituye un obstáculo para este intento de normalización. Nuevamente, el límite es la percepción popular y el amplio reconocimiento entre los trabajadores y jubilados por estar en la primera fila de la defensa de sus intereses. Además de la multiplicación de conflictos que siguieron a la crisis de la reforma como los protagonizados por bancarios de la provincia, trabajadores de la Línea B del Subte, obreros de los ingenios en el norte del país o aceiteros de la zona de San Lorenzo y Rosario en Santa Fe.

En un editorial publicado recientemente, el director del diario Perfil, Jorge Fontevecchia analiza las contradicciones del kirchnerismo y el peronismo para la reconstrucción de un régimen político corrido sensiblemente a la derecha y, en ese contexto, las perspectivas de la izquierda: “Pero un sistema político con un peronismo de centro y un Cambiemos de centroderecha dejará espacio para una izquierda que no sea electoralmente sólo un collar de partidos testimoniales sino que pueda crecer en su representatividad política”.

Es destacable el reconocimiento del volumen de la izquierda y en el mismo artículo habla de la capacidad de movilización en general y en los sindicatos en particular.

Pero no se trata de una cuestión de “espacios”, sino de la relación de fuerzas que le da configuración, aunque la nota no deja de señalar aspectos reales de las contradicciones del peronismo.

En síntesis, el Gobierno -y su poder judicial adicto-, intenta mostrarse a la ofensiva pero sus contorsiones no son más que la confesión de una desubicación crítica por los límites que va encontrando su plan y la pérdida de bases de sustentación. Esto no niega -sino que presupone- golpes como las detenciones ilegales, represión y persecución a manifestantes, pero no son, precisamente, muestras de su fortaleza. El peronismo y sus diferentes tendencias se reorganizan a su estilo para nuevo amoldamiento y una “oposición a su a majestad”. Y el Frente de Izquierda tiene oportunidades y desafíos que, a las puertas del 2018, lo habilitan a parafrasear: el presente es lucha y el futuro es nuestro.







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