Medios de comunicación

PERIODISTA INVITADA

Periodismo en tensión: juego de verdades en lucha

A partir de la (no) cobertura del último recital del Indio Solari y en diálogo con un periodista que estuvo allí, el artículo reflexiona sobre las empresas, el Estado, el periodismo y la verdad.

Natalia Ferreyra

Periodista

Lunes 10 de abril | 10:52

Los hechos ocurridos en el último recital del Indio Solari no sólo evidenciaron débiles dispositivos de los espectáculos públicos y pusieron en tela de juicio la figura del músico. Las formas de proceder en los medios y el periodismo también quedaron expuestas. ¿Dónde queda el valor de la veracidad cuando el campo de batalla está minado de corporaciones periodísticas y trabajadores de prensa en permanente tensión? ¿Qué protección tenemos cómo audiencias cuando los protocolos de publicación se flexibilizan?
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El sábado 11 de marzo Fernando Soriano salió de su casa para ausentarse sólo una noche, pero regresó cuatro días después. Tenía que trabajar: ser periodista, estar en el lugar donde pasan las cosas, cubrir, quizás, el último recital del Indio Solari en Olavarría. Además del show, estaría atento al público y su mística, a cómo esa masa de personas regresaría a los hogares y al impacto de 300 mil visitantes en una ciudad tan chica. Su rutina periodística también incluía darse una vueltita por la comisaría y el hospital porque había variables que podían arruinar “la misa ricotera”. Así propuso la nota en la redacción de Infobae, una nota completa, de principio a fin como la que había encarado en el regreso de las fiestas electrónicas en Buenos Aires después de la tragedia en Time Warp.

En la Agencia Nacional de Noticias, Télam, las cosas funcionaron diferentes. La noche de ese sábado, la sección Espectáculos estaba desierta y ningún periodista de la Agencia estaba en Olavarría. Pero pasadas la 1 de la madrugada del domingo, difundió un cable: “Hay siete muertos y decenas de heridos por una avalancha en el recital del Indio en Olavarría”. En pocas horas, diferentes canales de televisión hablaban de “tragedia” y “sobrevivientes”.

Los hechos vs el poder de un tweet

Fernando ya estaba recorriendo los pasillos del Hospital Municipal de Olavarría cuando vio el anuncio de Télam. Ya había chequeado con el Secretario de Salud, la policía, los médicos y la fiscal de turno: las cuentas daban dos personas fallecidas. En esos momentos pensó que la Agencia tenía información de primera mano -por tener cierta afinidad política al Municipio de Olavarría-, pero los hechos mostraban otra cosa.

“No vi a muchos colegas en el recital, éramos cuatro o cinco trabajando. Algunos, incluso, no pudieron quedarse hasta el final porque los enviaron en micro y se les pasaba el horario de regreso. Al otro día, sí, cuando todo el mundo hablaba de muertos y heridos, los medios enviaron a un montón de colegas”.

Fernando cuida las palabras, evita suponer, pero logra establecer un análisis según su experiencia en los medios (trabaja hace 17 años como periodista).

“El Indio Solari y la gente que lo sigue forma un colectivo que está ninguneado por los grandes medios y corporaciones. Por otro lado, creo que estamos en un momento de crisis periodística, donde creemos que podemos resolver nuestro trabajo mirando la tele, y el periodismo es estar donde suceden los hechos. ¿Cómo un medio no quiere estar en el posible último recital del Indio Solari, que es uno de los cantantes más convocante de la historia?”

Fernando habla de desidia, de algunos jefes de redacción que no indican quedarse hasta el final de los hechos o, de algunos medios que no aseguran condiciones de trabajo dignas para cubrir sucesos de gran magnitud.

“Y también estamos nosotros, los periodistas. Una información que circula en redes sociales es un punto de partida, no puede ser tratada como información definitiva. El periodismo tiene una función y responsabilidad social que no puede olvidar por el afán de publicar primero. Todos, corremos el riesgo de caer en esa trampa”.
Al otro día del recital, la Comisión Gremial Interna de Télam difundió un comunicado titulado Periodismo de ajuste, donde responsabilizaba a la Agencia por los datos difundidos y visibilizaba una forma de conducir la redacción y hacer periodismo.

Periodismo, ¿sin periodistas?

Mariano Suárez, delegado gremial de Télam y periodista desde hace 19 años, asegura que estaba previsto cubrir el recital del Indio, que siempre lo hicieron. El jueves previo al recital, la planificación se desmorona: la gerencia comunica la suspensión de las coberturas fuera de Buenos Aires. “Fue una represalia de la empresa. El martes habíamos participado en el paro de la CGT, y el miércoles, en el paro internacional de mujeres. La empresa, nos pidió levantar esas medidas. La primera, por considerarla inusualmente dura y fuera de contexto; y la segunda, porque entendía que el paro de mujeres debía ser una medida más simbólica que real. Nosotros, en ambas movilizaciones, hicimos un paro real. La gerencia retomó un tema que tenían con la comisión gremial para aplicar una sanción por nuestro comportamiento colectivo”.

En 72 años de funcionamiento de la Agencia nunca se suspendieron las coberturas fuera de la Ciudad de Buenos Aires. Mariano se pregunta, “si Télam que tiene mil periodistas no puede asegurar una cobertura nacional, que le queda a los medios más chicos”.

Ante esta decisión empresarial, los periodistas de la sección de Espectáculos decidieron no “levantar” ninguna nota, crónica o dato de color del recital. “Ninguno de los periodistas de la sección Espectáculos participó de la gestión de esos cables. Luis Sartori, el segundo a cargo de la Redacción, llamó al jefe de turno –que ya se había retirado- y lo hizo volver a la Redacción para subir esa nota. Fue una decisión de la gerencia”.

Mariano considera que la empresa difundió esa información (que nadie sabe de dónde salió) para aparentar un normal funcionamiento de la Agencia que en la actualidad tiene a replicar normas y protocolos de publicación de medios privados, donde se relajan criterios en pos de una espectacularización o el infoentretenimiento. El rigor informativo y las prácticas históricas que han caracterizado al periodismo logran resistir, a veces, con el tesón de algunos periodistas.

“Con los modelos de negocios de las empresas periodísticas esto pasa en todos lados. Lo más preocupante es que pase en un medio público como Télam que no tiene dificultades presupuestarias, que no está atravesada por una reconvención tecnológica y que no tiene un ánimo de lucro. Entonces, no tiene sentido ni política ni periodísticamente que repliquemos modelos de trabajo de medios privados”.

Igualmente, destaca, que, esto no exime a los periodistas. “Siempre está la posibilidad de decir que no. Si un periodista acepta publicar la información sin hacerse ninguna pregunta, sin verificar los datos, sin cumplir con los elementales procedimientos de control de la información, me parece que está bien, que pongamos, también, el acento, en la responsabilidad que tenemos nosotros”.

Dudas sobre el derecho a ser bien informados

Marita Mata es considerada una de las comunicólogas más importantes de Latinoamérica. Desde hace años ejerce la docencia e investiga sobre medios, comunicación, ciudadanía y audiencias. No duda en asegurar que el cambio más sustancial que atraviesa a medios y periodistas es que pasaron a ser un actor más en los escenarios de conflicto. Esta reconfiguración se ve claramente en el comunicado de los trabajadores de Télam y en otras manifestaciones de los periodistas de Clarín o La Nación: ya no hay posibilidad de opinar, plasmar informaciones que vayan contra la línea editorial de la empresa; para eso, hay que salir por fuera del medio.

En este marco, el derecho a la información de los ciudadanos parece tambalear entre intereses empresariales y periodísticos. ¿Dónde queda la información completa, argumentada y sostenida en fuentes?, se pregunta Marita Mata: “en ninguna parte, se destruye, no queda”.

“No enjuicio a los periodistas, yo creo que es una profesión en tensión, sometida a designios empresariales. Hay muchos que intentan trabajar con la verdad, no hablo de objetividad, pero que hacen esfuerzos para ajustarse a principios éticos, y otros claro, como en muchas profesiones, están felices de ser parte de un poder que oculta”.

En este territorio, la veracidad de los hechos que se informan entran en un interrogante discutible que se acrecienta más con la multiplicidad de usuarios de las redes sociales que en nombre de la verdad y en asumirse como protagonistas difunden informaciones que se comparten y replican. El periodismo, podría ser un aliado, quién allane los caminos de desinformación en los que podemos caer bajo el dominio de internet, pero, ¿cómo hacerlo entre las tensiones, directivas e intereses de una empresa de medios?

“Si en verdad creemos que la comunicación es un derecho humano y no sólo de los periodistas, tenemos que pensar al periodismo en términos de mediadores. Si seguimos entendiendo que el periodista canaliza la voz de la gente, vamos a seguir formando periodistas que hablen en nombre de otro, el problema es que en una sociedad capitalista hablar en nombre de otro, y con estos medios, está atravesado porque, o sos un empleado o tenés que apostar a informar desde medios independientes, no hay otra”, sentencia Marita.








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