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Perestroika en el reino del ajedrez

Los encuentros entre Kárpov y Kasparov son un hito en la historia del ajedrez. Se han enfrentado en cinco matches (Moscú 1984 – Moscú 1985 – Leningrado 1986 – Sevilla 1987- Nueva York y Lyon 1990) por el título de campeón mundial de ajedrez. En total fueron unas 144 partidas donde la diferencia fue mínima.

Sábado 28 de febrero de 2015 | Edición del día

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Karpov vs. Kasparov (1984)

Foto: Karpov vs. Kasparov (1984)

Solamente dos partidas marcan la distancia entre ambos genios del tablero: 21 victorias de Kasparov frente a las 19 de Kárpov. Estamos hablando de un gran enfrentamiento que fue parte de una década convulsionada en la Unión Soviética. Finalmente, la derrota de Kárpov fue un símbolo del posterior colapso que sufriría el sistema comunista en el mundo.

La revolución traicionada

Los enfrentamientos de Kárpov y Kasparov por el máximo título se desarrollaron entre los años 1984 y 1990. En los mismos se produjo la introducción de grandes reformas políticas y económicas que llevaron a la disolución de la propiedad colectiva sobre los medios de producción y la destrucción de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Analizar las causas de esta caída histórica es fundamental para quienes defendemos un proyecto revolucionario de la clase obrera. Veremos cómo era el ambiente donde se desarrolló la rivalidad más importante de la historia del ajedrez. Pero, ¿qué fueron la perestroika y la glasnost?

Para adentrarnos en este análisis, veamos primero cómo León Trotsky, en su obra “La revolución traicionada”, estimaba la convivencia de un sistema soviético de propiedad colectiva y el Estado obrero degenerando en manos de la burocracia estalinista: “La burocracia soviética ha expropiado políticamente al proletariado para defender con sus propios métodos las conquistas sociales de éste. Pero el hecho mismo de que se haya apropiado del poder en un país en donde los medios de producción más importantes pertenecen al Estado, crea entre ella y las riquezas de la nación relaciones enteramente nuevas. Los medios de producción pertenecen al Estado. El Estado "pertenece", en cierto modo, a la burocracia. Si estas relaciones completamente nuevas se estabilizaran, se legalizaran, se hicieran normales, sin resistencia o contra la resistencia de los trabajadores, concluirían por liquidar completamente las conquistas de la revolución proletaria. Pero esta hipótesis es prematura. El proletariado aún no ha dicho su última palabra. La burocracia no le ha creado una base social a su dominio, bajo la forma de condiciones particulares de propiedad. Está obligada a defender la propiedad del Estado, fuente de su poder y de sus rentas. Desde este punto de vista, sigue siendo el instrumento de la dictadura del proletariado”.

“Para comprender mejor el carácter social de la URSS de hoy, formulemos dos hipótesis para el futuro. Supongamos que la burocracia soviética es arrojada del poder por un partido revolucionario que tenga todas las cualidades del viejo partido bolchevique; y que, además, esté enriquecido con la experiencia mundial de los últimos tiempos. Este partido comenzaría por restablecer la democracia en los sindicatos y en los soviets. Podría y debería restablecer la libertad de los partidos soviéticos. Con las masas, a la cabeza de las masas, procedería a una limpieza implacable de los servicios del Estado; aboliría los grados, las condecoraciones, los privilegios, y restringiría la desigualdad en la retribución del trabajo, en la medida que lo permitieran la economía y el Estado. Daría a la juventud la posibilidad de pensar libremente, de aprender, de criticar, en una palabra, de formarse. Introduciría profundas modificaciones en el reparto de la renta nacional, conforme a la voluntad de las masas obreros y campesinas. No tendría que recurrir a medidas revolucionarias en materia de propiedad. Continuaría y ahondaría la experiencia de la economía planificada. Después de la revolución política, después de la caída de la burocracia, el proletariado realizaría en la economía importantísimas reformas sin que necesitara una nueva revolución social”.

“Si, por el contrario, un partido burgués derribara a la casta soviética dirigente, encontraría no pocos servidores entre los burócratas actuales, los técnicos, los directores, los secretarios del partido y los dirigentes en general. Una depuración de los servicios del Estado también se impondría en este caso; pero la restauración burguesa tendría que deshacerse de menos gente que un partido revolucionario. El objetivo principal del nuevo poder sería restablecer la propiedad privada de los medios de producción. Ante todo, debería dar la posibilidad de formar granjeros fuertes a partir de granjas colectivas débiles, y transformar a los koljoses fuertes (granjas colectivas, NdR) en cooperativas de producción de tipo burgués o en sociedades anónimas agrícolas. En la industria, la desnacionalización comenzaría por las empresas de la industria ligera y las de alimentación. En los primeros momentos, el plan se reduciría a compromisos entre el poder y las "corporaciones", es decir, los capitanes de la industria soviética, sus propietarios potenciales, los antiguos propietarios emigrados y los capitalistas extranjeros. Aunque la burocracia soviética haya hecho mucho por la restauración burguesa, el nuevo régimen se vería obligado a llevar a cabo, en el régimen de la propiedad y el modo de gestión, una verdadera revolución y no una simple reforma”.

“¿Devorará el burócrata al Estado obrero, o la clase obrera lo limpiará de burócratas? De esta disyuntiva depende la suerte de la URSS. La inmensa mayoría de los obreros ya es hostil a la burocracia; las masas campesinas le profesan un vigoroso odio plebeyo. Si en contraste con los campesinos, los obreros casi nunca salen a la lucha abierta, condenando así las protestas de los pueblos a la confusión a la impotencia, esto no solamente se debe a la represión. Los trabajadores temen, si derrocan a la burocracia, abrir el camino a la restauración capitalista. Las relaciones recíprocas entre el Estado y la clase obrera son mucho más complejas de lo que se imaginan los "demócratas" vulgares. Sin economía planificada, la URSS retrocederá décadas. Al mantener esta economía, la burocracia continúa desempeñando una función necesaria. Pero lo hace de tal manera, que prepara una explosión de todo el sistema que puede barrer completamente los resultados de la revolución. Los obreros son realistas. Sin hacerse ilusiones sobre la casta dirigente, y menos sobre las capas de esta casta a las que conocen un poco de cerca, la consideran, por el momento, como la guardiana de una parte de sus propias conquistas. No dejarán de expulsar a la guardiana deshonesta, insolente y sospechosa, tan pronto como vean otra posibilidad. Para esto, es necesario que estalle una revolución en Occidente o en Oriente” (destacados del autor).

Al borde del abismo

Una de las causas que explican los fracasos deportivos es no comprender que, aunque uno sea el que se sienta frente al tablero, la preparación del juego es un arduo trabajo en equipo. Es fundamental estar en armonía con los compañeros, en la búsqueda del mismo objetivo. Pero Gary Kasparov a los 21 años se había convertido en el desafiante del campeón mundial. Como es de esperar en la mayoría de los jóvenes de esa edad, el éxito le dejó su vanidad en la estratosfera. Desoía los sabios consejos de su equipo de entrenamiento pues consideraba que podía hacer cualquier cosa y que siempre le iría bien. Y este mal ambiente que había en el seno del equipo no paró de crecer junto a las derrotas que acumularía Kasparov.

El match comenzó el 10 de septiembre de 1984 en Moscú. La caída fue bien dura: en menos de un mes, en sólo 9 partidas, ya se registraba un aplastante 4-0 a favor del campeón. Como el encuentro se había pactado a seis victorias (las tablas no contaban y sin límite de partidas) Kasparov se encontraba ya a dos derrotas del fin. Sólo de esta manera se convenció de que era un ser humano más y que debería escuchar a su equipo. La idea fue muy simple: Prolongar el encuentro haciendo tablas en todas las partidas. Gary había sido muy herido en su orgullo y no estaba en condiciones de brindar las batallas decisivas. Por eso, las aperturas diseñadas por los entrenadores debían ser áridas y tender a unas fáciles tablas. De esa manera se ganaría el tiempo necesario para reestablecer el estado de ánimo de Kasparov.

Por otra parte, Kárpov había decidido no exigirse así mismo pues quería humillar a su difícil rival explotando sus propios errores. De esta manera, quería aplicarle un golpe mortal no sólo para este match en particular sino para toda su carrera. Así fue que se dieron un respiro con 18 tablas consecutivas. Hasta que el 23 de Noviembre, en la 27° partida del match, se produjo la quinta victoria de Kárpov. Ahora sí, Kasparov se encontraba al borde del abismo. Una sola partida más y sería la humillación más grave de la historia de los campeonatos por el título de campeón mundial. Sin embargo, Kasparov se sintió aliviado debido a que el resultado final ya no era una incógnita para nadie. Solo jugaba por el ‘honor’. En cambio, Kárpov ahora estaba más presionado que nunca por las autoridades, pues debía definir rápidamente el match: en los diarios deportivos se pronosticaba la fecha en que ocurriría la partida definitiva, los dirigentes de la más alta jerarquía se paseaban con sus mejores trajes de ceremonia, la corona de laureles podía observarse ya en el salón de juego. Todo estaba definido y solo había que poner la firma final. Pero…

La resistencia del aspirante

Luego de tres meses de lucha estaba dicho que Kárpov iba a ganar la partida 31. Cuando Tolia tenía clara ventaja, en la jugada 28 (Dd3 en lugar de Dc4), hizo un movimiento pasivo que permitió a Kasparov un fuerte contrajuego, con lo que logró empatar la partida. Si Kárpov hubiese ganado esta partida el encuentro habría terminado 6 a 0 y la historia del ajedrez hubiese sido otra. Tras cuatro empates consecutivos, donde debería haberse producido su victoria, Kárpov ya había dejado de ser el mismo competidor. Kasparov anotó su primera victoria en la partida 32. Siguieron 14 tablas consecutivas.

Había comenzado el año 1985 y aquello no tenía visos de terminar nunca. Los corresponsales tenían que volver a sus países. El encuentro se trasladó de la sala de columnas (Kolonnij Zal) de la Casa de los Sindicatos a una habitación interior. Kárpov estaba cada día más cansado, pero a un sólo punto de la victoria, mientras que Kasparov se mantenía mucho más agresivo. Es así como Gary aprovechó la situación y se anotó su segundo punto en la partida 47 situando el marcador 5 a 2. Luego, Kárpov sufrió un colapso nervioso que provocó una grave impresión a los dirigentes allí presentes. La dirección del deporte salió inmediatamente a defender a Kárpov, proponiendo que “ambos participantes pasaran una revisión médica para continuar el match. Los objetivos de esta ridícula iniciativa eran evidentes: se quería ganar tiempo para recuperar a Kárpov. En esta época, los destacados personajes de la medicina espacial practicaban intensamente sobre él. Esperamos nueve días hasta la siguiente partida, la cuarenta y ocho. Fue el tiempo exacto que necesitaron los organizadores para transportar la mesa de juego y los tableros demostradores de la sala de las columnas a la modesta sala de conferencias del hotel Sport, separados ambos unos diez kilómetros.

Así, Kárpov pudo beneficiarse de un tratamiento de recuperación en la cámara barométrica del Instituto de medicina espacial” (Nikitine). Sin embargo, Kasparov rechazó esta proposición porque sus entrenadores entendían que si hubieran aceptado el match podía interrumpirse por un largo tiempo hasta que Kárpov esté totalmente listo. La incertidumbre y los nervios hubieran pasado a su bando, inevitablemente. Gary aseguró que si su rival no podía continuar el juego, debería retirarse y reconocer su derrota. En este tiempo, Gary fue acosado por los jerarcas del deporte, quienes pedían piedad para Kárpov, le decían que ponía en riesgo su vida y que debería considerar la finalización del match.

Escandaloso final de match

La decisión de detener el match fue tomada por el Comité Central del Partido Comunista y las maniobras extra ajedrecísticas fueron iniciadas con su consentimiento y planificación. Se montó alrededor del match una “sospechosa agitación: cada día se pronunciaban conferencias, encuentros, entrevistas telefónicas con los miembros de ambas delegaciones y los mismos participantes. Se realizaron todas las cosas indispensables para provocar un caos tal que sólo medidas de urgencia podían volver las cosas a su normalidad” (Nikitine). El escenario era conocido por la burocracia y no tenía nada que ver con el ámbito deportivo.

La partida cuarenta y ocho fue otra desilusión para los hinchas de Kárpov. Jugó muy flojo, visiblemente sin ganas y se rindió sin luchar. Este duelo fue el último de un enfrentamiento de casi seis meses entre los dos titanes del ajedrez. La diferencia catastrófica llegó a solo dos puntos Y es aquí cuando tomó nuevamente el papel principal el ya conocido Florencio Campomanes, presidente de la FIDE. El ‘decidió’, gracias a un pequeño artículo del reglamento que nunca nadie había prestado la suficiente atención, detener el Campeonato del mundo. Así de simple y directo, con el poder de la máxima autoridad mundial.

El presidente quería salvar a Kárpov, incapaz de jugar al máximo nivel en esos días. La noticia se daría durante una conferencia de prensa que debía tener lugar en la sala, el mismo día de la siguiente partida. Nadie había invitado a Kasparov. Peor aún, había instrucciones para impedirle llegar a la conferencia. Para sorpresa de los dirigentes, Kasparov logró llegar y sentándose en las últimas filas pasó desapercibido en un primer momento. Campomanes estaba visiblemente nervioso, dando vueltas y más vueltas en su discurso. Finalmente, se decidió y anunció que el match se interrumpía y que el resultado quedaba anulado. Un nuevo match entre ambos candidatos se iniciaría a principio de Septiembre con una puntuación de 0 a 0. Fue en ese momento que la conferencia de prensa tuvo un giro dramático.

Apareció Kárpov junto a los funcionarios que siempre le acompañaban. Tomó el micrófono y declaró que él prefería continuar el match. Además, hizo observar con delicadeza a Campo que sus declaraciones no se correspondían de ninguna manera a lo acordado previamente. Fue entonces que Campo inquirió a Gary para ver qué pensaba. Y en ese momento salta enervado de su asiento el representante del Ministerio de Asuntos Exteriores y afirma gritando que “¡la decisión ya estaba tomada!”. Ahí se demostró la gran farsa que habían montado para las cámaras y quiénes la habían planeado: la burocracia soviética.

Otra vuelta al asunto

Kárpov no quería hacerse cargo de tal responsabilidad. Pero firmó el acuerdo con la FIDE. En tanto, Kasparov se mantuvo fiel a su posición y no firmó el acuerdo. Las autoridades reprobaron tal desplante. Censuraron sus opiniones en todos los diarios ¡a pesar de la Glasnost! (apertura política del régimen que, entre otros derechos democráticos, supuestamente garantizaba la libertad de información). En cambio, Kárpov tenía en la televisión una entrevista personal, en horario central. Sabiamente, con una voz untuosa, criticaba la decisión de la FIDE que le había privado de la victoria definitiva, cuando llevaba una ventaja de dos puntos.

Esto significaba que Kárpov ya se había recuperado y reiniciaba las maniobras para volver a disputar el match que había sido suspendido. Ahora, el nuevo ministro de deportes se preocupaba por saber si los adversarios estaban dispuestos a continuar el match. Las personas parecían unos simples peones. Kasparov hubiera caído en una trampa de haber reanudado el match. El período previo al match hubiera sido un suplicio para Gary. Se abría aplazado el inicio hasta el momento que sea más favorable a Kárpov. Es por eso que rechazó empezarlo una vez más con el marcador 5-3.

Kárpov comprendió la situación y aprovechó para dar vuelta la situación. Hizo una fuerte e intensa campaña para que se reinicie el match inmediatamente. Tolia conocía a la perfección el arte de adaptarse de acuerdo a las circunstancias y lo hacía sin ningún remordimiento. Esto rehabilitó la opinión que la sociedad había hecho de Kárpov, pues era muy difícil desmenuzar cada punto y comprender la compleja trampa a la que sería sometido Gary. Incluso, en una nota reciente, Anatoli sigue manteniendo su postura: "Sigue existiendo un enigma. El único que podría contar la verdad sería el entonces presidente de la comisión estatal de deportes, Marat Gromov. Solamente él sabe qué es lo que le dijo al presidente de la FIDE Campomanes en el coche y cuyas órdenes cumplió a continuación. Un ciudadano bastante desagradable. (...) me despedí de Campomanes en el despacho de Gramov. Este último se subió al coche para acudir a la rueda de prensa. Iba a anunciar que el duelo contra Kasparov iba a continuar. Sé con certeza que le llamaron por teléfono luego y que eso le hizo cambiar de opinión. Anunció la cancelación de duelo. (...) la persona que lo llamó lo hizo por orden de Gramov. Probablemente fuese una orden de Gaydar Aliyev. ¿Pero qué le habrá dicho? ¿Cómo puede ser que Campomanes cambiase de opinión de un segundo a otro? (Ver. Entrevista con Kárpov)

Sería difícil explicar, si no es por la degeneración de un Estado obrero, que los dirigentes hayan dedicado toda su atención a planificar todas estas pequeñas intrigas antideportivas cuando había asuntos de mucha mayor importancia en el país soviético. Estos dirigentes se encargaron de hundir a la Unión Soviética y el bienestar de su pueblo y utilizaron el ajedrez, como en muchos otros países utilizan al mundial de futbol, para aplicar los terribles ajustes sobre el pueblo.

Veamos la famosa partida 32 que marcó el inicio de la recuperación por parte de Kasparov.

Kasparov, G - Kárpov, A [E12]
Moscú (m/32), 1984
[Kasparov, G]
1.d4 Cf6 2.c4 e6 3.Cf3 b6 4.Cc3 Ab7 5.a3 d5 6.cxd5 Cxd5 7.Dc2 Cd7 [7...c5 8.dxc5 Axc5 9.Ag5 Dc7 10.Tc1; 7...Ae7 - 31/578; 7...g6 - 38/(664)] 8.Cxd5 Novedad 8...exd5 9.Ag5 f6 [9...Dc8 10.g3 … Ah3±] 10.Af4 c5 11.g3 [11.e3 Tc8 12.Da4 c4 13.Dxa7 Ac6] 11...g6 [11...Ae7 12.Ah3 … Af5±] 12.h4 De7 13.Ag2 Ag7 14.h5 f5 15.Dd2 Af6 16.Tc1 Tc8 17.Tc3 Tc6 18.Te3 [Mejor era 18.Ag5! Tg8 19.hxg6 hxg6 20.Te3 Te6 21.Axf6 Cxf6 22.Txe6 Dxe6 23.Df4±] 18...Te6 19.Txe6 Dxe6 20.Cg5 De7 21.dxc5 [21.hxg6 hxg6 22.Txh8+ Axh8 23.dxc5 Cxc5 (23...Dxc5 24.Ce6±) 24.Axd5] 21...Cxc5 22.hxg6 d4!

Posición tras 22… d4!

23.g7? [23.Cf7!? Axg2 24.Th2; 23.Axb7 Dxb7 24.f3 hxg6 25.Txh8+ Axh8 26.b4 Cd7 27.Da2 Cf8 28.Ce6±] 23...Axg7 24.Axb7 Dxb7 25.f3 Dd5 [25...h6 26.Ch3 … Cf2±] 26.Txh7 Txh7 [26...0–0 … d3] 27.Cxh7 Db3? [Las negras hubieran igualado con 27...d3 28.b4 Ce6 29.Dxd3 Dxd3 30.exd3 Cxf4 31.gxf4 Ab2=] 28.Ad6 Ce6 29.Cg5 Ah6 30.Af4 Axg5 31.Axg5 Cxg5 32.Dxg5 Dxb2 33.Dxf5 Dc1+ [33...Dxa3] 34.Rf2 De3+ 35.Rf1 Dc1+ 36.Rg2 Dxa3 37.Dh5+ Rd7 38.Dg4+ Rc6 39.Dxd4 b5 40.g4 b4 41.g5 La partida ya estaba definida y Kárpov abandonó la reanudación sin siquiera presentarse al juego. Hubiera continuado con 41.g5 b3 42.De4+! (42.g6? b2 43.g7 Da2!±) 42...Rd6 43.De8+-] 1–0

http://chessmicrobase.com/microbases/10/games/611?token=1koly5lq







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