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OPINIÓN

Pepsico y Daer: tradiciones de combate, tradiciones de traidores

La lucha llevada a cabo por los trabajadores de Pepsico se inscribe dentro de las tradiciones combatientes de la clase obrera argentina. La traición de la lista verde Rodolfo Daer es parte de la larga tradición de claudicaciones de la burocracia sindical peronista.

Martes 18 de julio | Edición del día

Abandonados a su suerte por los dirigentes del sindicato de la alimentación de la lista Verde que responde a Rodolfo Daer, los trabajadores de PepsiCo, encabezados por su valiente y clasista Comisión Interna protagonizaron una acción que plantea un salto en la conciencia de la vanguardia combatiente de la clase obrera.

Se pueden destacar cuatro ejes de este cambio en la conciencia: la ocupación de la planta, es decir la disposición a enfrentar el ajuste mediante la defensa in situ del puesto de trabajo; la autodefensa frente a la represión, es decir la voluntad de no dejarse atropellar por los policías y gendarmes, perros guardianes de la patronal y el gobierno; la convocatoria al frente único obrero, como manera de fortalecer la lucha particular y convocar a la movilización general de los trabajadores; y la organización democrática y horizontal, las asambleas y los piquetes, impulsados desde la Comisión interna.

Tradición de combate

Estas medidas, se inscriben dentro de las tradiciones combatientes del proletariado argentino a lo largo de su historia. Tradición forjada a principios del siglo XX por el anarquismo, en la década del ’30 del siglo pasado por los comunistas que impulsaron la huelga de la construcción en 1936, por los obreros y sus comisiones internas nervio motor de la resistencia peronista luego del golpe gorila de 1955 y el clasismo del Sitrac-Sitram, la UOM Villa Constitución y las coordinadoras interfabriles en los ’70. También por la senda marcada por los ceramistas de Zanón en Neuquén y los gráficos de Madygraf en la zona norte del Gran Buenos Aires en este siglo XXI.

De estas experiencias se nutre la acción de los trabajadores y trabajadoras de Pepsico: la ocupación de la planta, las asambleas, los piquetes de autodefensa, la difusión del conflicto para hacerlo conocido por el público masivo, la búsqueda del apoyo popular, el boicot a los productos de la empresa.

Tradición de traiciones

La burocracia de Daer en cambio responde a la tradición colaboracionista de la burocracia sindical peronista con símbolos como Augusto Timoteo Vandor, José Ignacio Rucci, Lorenzo Miguel o José Rodriguez. Esta escuela de la burocracia surgió de la derrota de la huelga del Frigorífico Lisandro De la Torre en 1959, cuando los obreros ocuparon el frigorífico y el barrio de Mataderos salió en su auxilio protagonizando una verdadera revuelta social (otra similitud a destacar de la acción protagonizada por los obreros de Pepsico).

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En aquella ocasión Vandor, al frente de las 62 Organizaciones peronistas que aglutinaban al movimiento obrero que encarnaba la resistencia, abandonó a su suerte a los obreros del frigorífico, siguiendo las órdenes de Juan Domingo Perón desde Madrid que no quería romper su pacto con el gobierno de Arturo Frondizi.

Esa tradición carnera, tuvo un salto en la década del ’70, cuando esa burocracia a punta de pistola y como parte de las bandas fascistas de la triple A intentaba disciplinar a las Comisiones Internas y los luchadores que enfrentaban la prohibición de huelgas que ordenaba el Pacto Social.

En los ’90 esa misma burocracia se volvió agente de las privatizaciones de las empresas públicas y de la entrega de las conquistas del movimiento obrero. Si el lema fundante de la burocracia vandorista a principios de los ‘60 había sido, golpear y negociar; el lema de esta generación de burócratas atornillados hace décadas a sus sillones es carnerear y negociar…indemnizaciones.

Por eso, acusan a la izquierda del cierre de las empresas, para ocultar que en realidad es donde están ellos que las empresas cierran, mientras que donde está la izquierda y los activistas combativos, se resiste.

Frente único

Hasta ahora el papel traidor y entreguista de la burocracia sindical es un fenómeno generalizado. Mientras que la resistencia como en Pepsico, es puntual y aún no es extendida. La Comisión Interna, y las y los trabajadores de la planta de Florida, han apelado a la solidaridad del conjunto del pueblo trabajador y convocado a las organizaciones obreras que han manifestado su apoyo a constituir el frente único y la unidad de acción.

Han convocado no solo a las Comisiones Internas y partidos de izquierda que vienen acompañándolos como la sombra, sino también a los grandes sindicatos como ATE, Camioneros o los Metrodelegados, por nombrar tres ejemplos, para llevar a cabo acciones en común.

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El objetivo del frente único es romper el aislamiento al que están sometido por el servilismo de los burócratas de la CGT y mediante la movilización, poner en pie a nuevos contingentes de trabajadores bajo las banderas de la lucha contra la represión del gobierno de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, la reincorporación de todos los trabajadores de Pepsico y contra los despidos.

La anomalía argentina

La tradición de Pepsico rescata a las Comisiones Internas como eje articulador de la resistencia de clase, al igual que durante la resistencia peronista, el clasismo y las luchas contra el Pacto Social y el Rodrigazo en los ’70.

La Comisión Interna de Pepsico da cuerpo a lo que el historiador Adolfo Gilly denomino como “la anomalía argentina”: “Esa red, ese tejido específico e instancias organizativas cuyo funcionamiento escapa a las reglamentaciones del Estado, no solo forma opinión de la clase obrera, se nutre de ella allí donde tiene su identidad profunda y diferenciada de los otros segmentos de la sociedad, se constituye en su expresión política y su formulación orgánica".

Es decir la representación de una clase obrera que en las fábricas y empresas, por la base, levanta instituciones autónomas de política obrera y erige dirigentes de izquierda y combativos opuesto al otro polo, que por arriba, encarnan el peronismo y su burocracia sindical como una dirección y conciencia política burguesa que liquida todo rasgo de independencia de la actividad obrera. Así mientras Daer llamaba a las obreras y obreros de Pepsico a esperar a octubre, los trabajadores de manera autónoma decidieron encarar la resistencia al cierre.

En la historia argentina, cuando algún sector de la clase obrera se pone en movimiento y las instituciones de base de los trabajadores cobran visibilidad pública y política, asistimos a un hecho revolucionario, al surgimiento de fuerzas militantes entre los trabajadores y de batallones de clase, que se vuelven fundamentales para aguantar al conjunto de los trabajadores cuando resisten una ofensiva como la que han lanzado coordinadamente las patronales junto al macrismo. Esta vanguardia se constituye en alternativa de dirección cuando existe un ascenso generalizado que da pie a los grandes procesos de reorganización de la clase trabajadora.

Frente de Izquierda

La presencia de Myriam Bregman y Nicolas Del Caño, junto a Luis Zamora entre otros, en la batalla de Pepsico, no es casualidad. El Frente de Izquierda expresa en su programa y sus candidatos la lucha por la independencia política de los trabajadores y por ende, de la superación de la burocracia sindical peronista y la recuperación de los sindicatos como organizaciones de lucha de clases. La izquierda también representa el esfuerzo militante para colaborar en la organización obrera para resistir el ajuste del macrismo.

El kirchnerismo, con Cristina Fernandez de Kirchner a la cabeza, en su intento por seducir a las clases medias es ajeno a las luchas de resistencia. La ex presidenta mando a los dirigentes sociales y sindicales afines a rezar en lugar de movilizarse, a esperar a octubre en un tono similar al de Rodolfo Daer.

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El Frente de Izquierda, por el contrario, ha demostrado ser la única fuerza política de oposición al macrismo en las calles como han visto millones de trabajadores por los medios masivos de comunicación. Por eso se ha ganado el odio de las patronales y los ataques abiertos de Jorge Triaca (hijo de un burócrata traidor a los trabajadores amigo de los genocidas, dicho sea de paso), Patricia Bullrich Pueyrredon (ministra de Seguridad y ex ministra de la Alianza), Marcos Peña (de la familia Braun, fusiladores de obreros en la Patagonia Trágica) o el mismísimo Mauricio Macri Blanco Villegas.

La alternativa es el partido del orden de los empresarios o el partido de la lucha de clases.






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