Géneros y Sexualidades

ENTREVISTA

PepsiCo: una historia de lucha que continúa en el presente

La multinacional de los Snacks más vendidos del mercado, cuenta con una larga historia de organización y de lucha. Katy, una de las pioneras en construir esa historia, relata el pasado y el presente que hoy los encuentra en la primera línea de batalla.

Miércoles 5 de julio | Edición del día

Katy, entró a trabajar en PepsiCo, en la rama alimenticia de Pepsi, hace 20 años. A lo largo de estos años se organizó para poner en pie una comisión interna antiburocrática. Junto a sus compañeros peleó por el pase a planta, en medio de la crisis del 2001, y continuó luchando por los derechos de las mujeres. Hoy es una de las referentes del conflicto que se lleva adelante en la planta Florida, provincia de Buenos Aires, por la reapertura de la planta, para que 600 familias no queden en la calle.

-¿Contanos sobre tus primeros años en la fábrica?

Empecé a trabajar a los 27 años, entré en 1997. Tengo dos hijas, de 30 y 26 años, dos nietos; vivo sola y alquilo. En el 2001 conocí al PTS y con ellos, junto a otros varios compañeros, nos organizamos para poner en pie una comisión interna, independiente de la burocracia y los partidos patronales. Por esos años, junto a Leo Norniella intentábamos desarrollar un trabajo político-sindical, así comenzaba mi militancia en el PTS junto a Leo, que había iniciado su militancia en la juventud.

¿Cómo se vivió el 2001 en la fábrica, en una época donde había tantos despidos y cierre de fábricas?

En esos años la fábrica estaba llena de trabajadores contratados, en su gran mayoría mujeres, que trabajamos 15-16hs todos los días. Había muchísima producción y continuamente muchos despidos, todos trabajadores contratados, entonces cuando bajaba la producción te rajaban. La empresa en el 2001 decide echar a 100 compañeros, en su mayoría mujeres. Comenzó la lucha, que era difícil sostenerla porque todo el mundo perdía el trabajo, la situación general del movimiento obrero era tratar de conservar el trabajo, si lo tenía, y en PepsiCo, una multinacional muy fuerte, se desprendía de los trabajadores valiéndose de los ataques generalizados de las patronales. En ese momento la comisión interna se partió, quedó divida y la patronal montó una provocación contra Leo que formaba parte de esa interna y lo suspendieron. Eso era ilegal ya que él estaba dentro de la interna como delegado, entonces lanzamos una campaña por las reincorporaciones y contra la suspensión de Leo. La empresa envalentonada seguía avanzando con los despidos y en el 2002 me despiden a mí junto a seis compañeros más, argumentando que era por bajo desempeño, pero en realidad fue por ser activistas, porque luchábamos contra los despidos, peleábamos por la reincorporación de todos. Fue una forma que adoptó la empresa para disciplinarnos y seguir con sus planes de ajuste. Los seis compañeros despedidos, veían muy difícil la lucha que había que dar y me fui quedando sola. Charlamos con Leo y los compañeros abogados del CeProDH sobre qué hacer, si había posibilidades de lanzar una campaña por mi reincorporación y finalmente la arrancamos, definimos hacerla con todo. Era muy difícil dar esta pelea por la situación nacional.

¿Cuánto duró la lucha por tu reincorporación?

Durante un año y siete meses hicimos de todo, denuncias, campaña en todo el gremio y a fines del 2004 gané el juicio en todas las instancias, llegó hasta la corte suprema y tuve que ser reincorporada. Mi caso sentó precedente y se estudia en la facultad de derecho. El juicio significó un cambio sobre el derecho laboral.
Desde ahí volví a trabajar y armamos la primera lista antiburocrática en la alimentación, fue la lista Celeste y Blanca, con Kraft, Stani, FelFort y compañeros de la Bagley (en ese momento estaban en Barracas, la fábrica cerró y la trasladaron a San Luis). En esa elección yo salí congresal de la oposición y fui parte, hasta hace cuatro años atrás, de la comisión interna de PepsiCo, luego continué organizada en la agrupación Bordó Clasista.
Durante todo ese tiempo llevamos adelante un montón de campañas: por el pase a planta de los compañeros tercerizados, por los derechos de las trabajadoras mujeres. Entre otros logros, conquistamos que se nos otorgue categorías a las trabajadoras. Categorías que por convenio, estipulado por el sindicato, solo estaban reservadas para los hombres. Somos la única empresa, dentro del gremio de la alimentación, que conquistó: a igual tarea, igual salario. Con la lucha le arrancamos este derecho al sindicato que siempre negoció un trato desigual y sostuvo que las mujeres estemos por debajo en las categorías y en el salario.

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“Conquistamos que las mujeres tengamos igualdad de derechos”

De la patronal, lo más brutal que tuvimos que soportar, fue cuando a las compañeras, que ya no podían estar en las líneas porque estaban rotas por los ritmos de producción, las pusieran en una jaula a limpiar figuritas de promociones. Sentadas en cajas, casi en el piso, permanecían ahí durante toda la jornada de trabajo. Llegaron al punto de que el gerente de producción comenzó a tapar los lados de esa jaula con cajas para que no las viéramos. Fuimos nosotras las que las arrancamos de esa jaula, y hoy algunas de esas compañeras, siguen trabajando en la fábrica con puestos asignados.

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PepsiCo es una multinacional, que gana fortunas por día, ¿cómo se comporta la empresa en otros lugares del mundo?

Las brutalidades que les contaba, no fueron casos aislados, sino que es una práctica que PepsiCo sostiene a nivel mundial. Solo hay que buscar en las redes sociales la cantidad de denuncias que han tenido, y tienen, de trabajadoras por ser discriminadas, maltratadas, que si se atreven a reclamar, son despedidas. Si en PepsiCo logramos conquistar derechos para las mujeres fue porque peleamos en común con todos los compañeros que estaban de acuerdo con nuestras reivindicaciones.

¿Qué otros derechos conquistaron?

Logramos que la empresa efectivice a los contratados. Por dar esta pelea fuimos procesados y también, a partir de una campaña, fuimos absueltos. Fuimos conquistando derechos en varios años de organización, plantándonos con medidas de lucha de todo tipo, desde quites de colaboración, paros escalonados. Lo que siempre intentábamos desde la Bordó, construir una conciencia de lucha, de participación, de que los trabajadores se involucren en los temas, que defiendan sus derechos, que funcionemos en asambleas. Fuimos generando un método de funcionamiento democrático, donde las opiniones sean escuchadas y se respeten.
Para lograrlo tuvimos que romper con la división de la clase obrera, entre contratados y efectivos, entre inmigrantes y nativos y entre hombres y mujeres. Esta división beneficia a la patronal y a la burocracia, romper con esa división fue fundamental para fortalecer la lucha. Por ejemplo, mientras que la clase dominante refuerza la idea de que las mujeres somos inferiores, y que por eso debemos agachar la cabeza, nosotros, desde la Bordó y la comisión interna, combatimos esa ideología, entendimos que el problema no es una cuestión solo de género, sino también de clase. Mientras hasta ese entonces, no teníamos tiempo para quedarnos en el comedor, para ir al baño teníamos que ir y volver corriendo, porque más no nos dejaban, en cambio los compañeros tenían más tiempo para estar en el comedor e ir al baño. Después de años de pelear logramos que los varones asuman la defensa de los derechos de las mujeres y eso permitió la unidad. Esto no se consiguió de un día a otro.

“Para lograrlo tuvimos que romper con la división de la clase obrera”

Cuando me despidieron, nos llevó un año y siete meses volver a la fábrica, durante todo ese tiempo hicimos una campaña donde también las mujeres fueron parte, porque pelear por mi reincorporación significaba conquistar derechos para las mujeres y para la clase obrera. Eso dio muchos frutos para que las mujeres tengamos una mirada distinta de nuestro rol en la sociedad, de las cadenas de las que nos tenemos que liberar y muchas de nosotras nos fuimos fogueando al calor de esas batallas que dimos. Eso abrió las puertas para entender la militancia, por qué soy del PTS y no de otra corriente política. Todas esas cuestiones fueron parte del avance de la conciencia de todas nosotras.

Hoy, a veinte años del comienzo de este proceso antiburocrático y antipatronal, ¿cómo se siente enfrentar un nuevo ataque de PepsiCo?

El aprendizaje y la experiencia que fuimos ganando durante tantos años, como dicen muchas de mis compañeras, lo conquistamos mediante la lucha, y aprendimos que nuestra historia se construye de este modo: luchando. Nada de lo que conquistamos lo podemos sostener en el tiempo sino continuamos organizados para pelear. Así consideramos que vamos a enfrentar este nuevo ataque, muchas seguimos trabajando y tenemos 15, 20 años de antigüedad, porque resistimos, porque ganamos luchas contra los despidos, porque conquistamos que los derechos de las mujeres sean respetados y por eso peleamos codo a codo con los compañeros, que la empresa, con su división, intentó ponernos en contra.
Cada día que pasa de lucha en la puerta de la fábrica, desde que cerraron la Pepsico, se refresca mi memoria con todos estos años de lucha. Y vuelvo a afirmar, con más fuerza: Nuestras vidas valen más que sus ganancias y es por esto que vamos a seguir peleando hasta volver a trabajar.








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