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Patricia Bullrich reconoce que “Maldonado está desaparecido”, pero le preocupa más atacar a los mapuches

La ministra de Seguridad habló por TN. Negó que haya “desaparición forzada”. El gobierno, cada vez más complicado con el caso. Su campaña contra organizaciones mapuches y la familia de Santiago.

Miércoles 9 de agosto | Edición del día

Patricia Bullrich tuvo que volver a aparecer en los medios por un tema que la pone cada vez más incómoda. No es que la ministra reniegue de sus tradicionales campañas reaccionarias contra trabajadores, movimientos sociales y pueblos originarios. Ni que le moleste repetir teorías conspirativas y grotescas sobre quienes intenten desafiar a sus fuerzas de seguridad y a los poderosos a quienes custodian. Pero el caso de Santiago Maldonado ya amenaza convertirse en un “problema de Estado”.

El joven ya lleva 6 días desaparecido y lo que parecía una cuestión limitada a la provincia de Chubut y las organizaciones que apoyan los reclamos originarios, ha llegado a la ONU. Desde allí han pedido la intervención del Estado para lograr la aparición con vida del joven.

Ante semejante “problema”, la ministra asistió en la noche del martes a TN Central. El Grupo Clarín viene siendo uno de los pilares de la operación mediática que busca demonizar el reclamo de los pueblos originarios que permite entender la represión y la desaparición de Santiago.

Allí tuvo que reconocer que “Santiago Maldonado está desaparecido”. Pero enseguida aclaró que “no se trata de una desaparición forzada como algunos dicen”. Es que para la ministra, la denuncia que impulsan la familia de Santiago y organismos de derechos humanos, “es una construcción política”. Tal como eligió titular TN más tarde en su sitió web, quienes plantean la responsabilidad del Estado y sus fuerzas de seguridad "quieren politizar el caso".

Podemos decir: el caso es político. El Estado argentino y sus hombres armados, haciendo honor a sus más antiguas tradiciones, quieren ahogar en sangre y fuego el reclamo de los pueblos originarios. Niegan los reclamos de tierra y territorio de esas comunidades, en defensa de los intereses de los Benetton y las petroleras. Y condenan cualquier simpatía o solidaridad con esa causa, como la de Santiago.

Pero cuando la ministra dice “politizar” en realidad lo que quiere es seguir ensuciando el reclamo por la aparición de Santiago y el enorme repudio que ha generado la represión.

Por eso, tras reconocer el problema que tiene su gobierno con la desaparición de Santiago, la ministra volvió a cargar contra la comunidad mapuche y la organización que fue víctima de la represión. Con imágenes de fondo dignas de un power point de la CIA, o “nuestra” Agencia Federal de Inteligencia, Bullrich volvió a demonizar a la Resistencia Ancestral Mapuche.

Tras relacionar, sin ninguna prueba, a los miembros de RAM con las organizaciones guerrilleras FARC y Sendero Luminoso, la ministra aseguró que “tenemos comprobado que reciben financiamiento desde Inglaterra”. Los periodistas no le preguntaron de qué organizaciones, o qué pruebas tenían. Incluso dijo que los mapuches viven armados, pero paradójicamente en el desalojo esos "terroristas" se defendieron a piedrazos y no les fue secuestrada ninguna escopeta sino por el contrario "peligrosas armas" como cuchillos, hachas, pinzas y hoces (es decir, los elementos ancestrales con los que trabajan).

Siguiendo el libreto que sostiene en los últimos días, la ministra defendió el accionar de la Gendarmería, a pesar de que varios testigos aseguran que fue esa fuerza quien detuvo a Santiago en medio de la represión. También volvió a defender los peritajes, a pesar de que el Defensor del Pueblo de Chubut denunció irregularidades en los mismos.

El colmo fue cuando quiso victimizar a la fuerza que hoy está en la mira de todos: son sus hombres quienes habrían resultado heridos en un “enfrentamiento” con los jóvenes mapuches, pero además no podrían haber seguido avanzando en el terreno por el “peligro” que implicaba. Nada más lejano al violento accionar de una fuerza militarizada que viene actuando hace años como fuerza de choque de terratenientes y petroleras, sobre la que algunas organizaciones de la comunidad en ocasiones plantean una resistencia.

El libreto de la ministra se repitió cuando la exculpación llegó al punto de responsabilizar a la familia de Santiago de su situación. “Si me están viendo, les pido que se pongan en contacto con nosotros. Corre riesgo la vida de Santiago si no nos dan informaciones básicas. Pasan las horas y el problema se hace más grande para la persona que está desaparecida. En vez de hacer conferencia de prensa, reúnanse con nosotros”.

La vida de Santiago correría peligro no por el accionar de la Gendarmería; tampoco por la actitud de su Ministerio, que negó los hechos y desestimó la búsqueda. Sería la supuesta actitud de la familia, de “no dar informaciones básicas” (¿cuáles?) la que pondría en riesgo la vida de Santiago.

La cuñada de Santiago, ya respondió a esa acusación. “Los testimonios que nos han llegado indican todos que fue llevado por Gendarmería. Y los mapuches no fueron citados a declarar para dar cuenta de los sucesos. Hay irregularidades en las pericias con las camionetas de Gendarmería, lavadas para no dejar rastro y, por el contrario, la pericia realizada con el perro adiestrado indica que Santiago no salió del perímetro de la comunidad. Es decir, fue llevado. Antes que nada, aparezca Santiago. Luego discutimos todo lo demás”.

Parece que la ministra no lo entiende. O no sabe qué hacer. Con su reaccionario y ridículo libreto, intentó ocultar la verdad sobre lo que pasa en Esquel y los territorios mapuches. Lo que no pudo ocultar es la preocupación del gobierno por un escándalo que ya empieza a atravesar las fronteras del país. Justo a cinco días de las elecciones.








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