Géneros y Sexualidades

TEORÍA

Patriarcado y capitalismo, alianza criminal contra las mujeres

Si bien el patriarcado no surge con el capitalismo, la opresión a las mujeres adquiere rasgos particulares bajo este modo de producción, convirtiéndose en el aliado perfecto del capitalismo para mantener la explotación.

Jueves 27 de julio | 16:07

El capitalismo se apropia del patriarcado y de la opresión que éste genera para mantener la explotación y así aumentar sus ganancias; entendiendo la explotación como aquella acción que ejerce una clase sobre otra, en donde la clase poseedora de los medios de producción se apropia del trabajo excedente de las masas trabajadoras y del producto o mercancía que estas generan.

El capitalismo trajo consigo la incorporación masiva de las mujeres al mundo laboral pero sin abolir la “naturalización” de que el trabajo doméstico y el cuidado de los hijos les siguen correspondiendo a las mujeres.

A mediados del siglo XX con el aumento de la productividad del trabajo, la desocupación de las fábricas por los hombres producto de la guerra, el desarrollo científico que trajo los métodos anticonceptivos para tener un control natal y los electrodomésticos que aminoraron la carga de trabajo de las mujeres al interior del hogar, permitieron que se liberara parcialmente su fuerza de trabajo.

Además con el alza de la vida, una familia ya no alcanzaba a sostenerse con el salario de un obrero, se necesitaban al menos dos para mantener una familia, entonces las mujeres tenían que ir a su jornada laboral extra-doméstica y al final, regresar a casa a cuidar a los hijos y realizar las labores domésticas que permiten la reproducción de la fuerza de trabajo –para que un obrero pueda salir a trabaja nuevamente al otro día-, tareas como: hacer la comida, lavar la ropa, limpiar la casa, entre otras.

Es justamente este trabajo que naturalmente se le adjudica a las mujeres, flexible, sin vacaciones y no remunerado, del que el capitalista se apropia, así, los patrones no tienen que pagarle más a los trabajadores y trabajadoras para que reproduzcan su fuerza de trabajo, garantizando estas tareas de otra forma y pagando por el servicio; además el Estado se libera de los enfermos o todo sujeto que sea improductivo, porque le adjudica la responsabilidad de su cuidado a las mujeres de su familia.

Pero a diferencia de lo que plantean algunas feministas acerca de que el capitalismo trajo la liberación de las mujeres porque las sacó del ámbito privado del hogar, sí, lo hizo pero no quitó de sus espaldas el rol de madre y ama de casa, imponiéndoles dobles o triples jornadas laborales, naturalizando e invisibilizando el trabajo doméstico no remunerado.

Y por esto, la opresión de las mujeres bajo el capitalismo es aún más sutil, ya que, hoy las mujeres podemos estudiar, ser profesionistas y tener autonomía económica, social y afectiva frente a nuestros compañeros, porque hemos alcanzado en el último siglo y casi a escala mundial los mismos derechos formales que los hombres; pero accedemos al mundo laboral en condiciones de mayor precarización y flexibilización.

La opresión es una relación de sometimiento de un grupo sobre otro por razones culturales, raciales o sexuales; la categoría se refiere al uso de las desigualdades en función de poner en desventaja a un determinado grupo social.

Por eso, el patriarcado es el aliado perfecto del capitalismo, porque sacó a las mujeres del ámbito privado, pero lo hizo para explotarlas doblemente, con salarios menores a los de los hombres, para que de ese modo pudiera bajar también el salario de los otros trabajadores, ya que, las mujeres representan un ejército de reserva frente a los hombres; así, si un hombre no quiere realizar un trabajo por un sueldo de miseria pueden amenazarlo con que lo cubra una mujer incluso por un menor salario.

Además esta ‘lucha’ que se da por el trabajo y la opresión que ejerce el patriarcado sobre un género, le permite al capitalismo tener dividida a la clase obrera, ya que establece una falsa división entre los sexos que no permite que puedan unirse para exigir lo que les corresponde y que históricamente se les arrebató.

Pero ¿todas las mujeres somos iguales?... No. Las mujeres, al igual que los hombres somos inter-clasistas, es decir, no somos una casta aislada de la sociedad sino que formamos parte al interior de todas las clases sociales. Lo que quiere decir que mientras algunas mujeres pueden pagarle a otras mujeres para que realicen las tareas domésticas, muchas mujeres se ven sometidas a las dobles y triples jornadas laborales.

Las conquistas que se han obtenido para las mujeres, en realidad no representan un beneficio para todas… mientras un sector del feminismo argumenta que hemos alcanzado un grado superior porque inclusive ¡hoy las mujeres podemos ser presidentas!, esto no repercute en la vida de las mujeres de la clase trabajadora.

Por ejemplo, con Michelle Obama que fue primera dama en EE.UU y se proclamaba feminista –al igual que su esposo Barak Obama- las mujeres migrantes tenían las peores condiciones de trabajo y de vida, además las mujeres en medio oriente lo único que podían esperar de las tropas estadounidenses que enviaban eran bombas y violaciones tumultuarias; lo mismo hubiera ocurrido con Hillary Clinton con su política de intervención en medio oriente.

En México no ha habido ninguna mujer presidenta, pero ¿qué podemos esperar de Delfina Gómez o Josefina Vázquez Mota que en su campaña por la gubernatura del Estado de México se llenaban de discursos en pro de las mujeres pero condenaban el aborto?, mientras miles de mujeres mueren por abortos clandestinos. O ¿qué podemos esperar de Margarita Zavala?, primera dama de 2006 a 2012, que junto a su esposo Felipe Calderón emprendieron una supuesta guerra contra las drogas y sacaron al ejército a las calles, lo cual aportó a que aumentaran las cifras de feminicidio en todo el país.

Las mujeres seguimos siendo explotadas en las fábricas y nuestros cuerpos siguen siendo utilizados como aparato reproductor de la fuerza de trabajo, cubriendo las tareas del hogar y dando a luz a la nueva generación de obreros que será presa de la explotación de los capitalistas. Estas mujeres que forman parte de la burguesía, únicamente representan los intereses de su clase porque ni siquiera han podido garantizar a las mujeres el aborto libre, seguro y gratuito para que no sigan muriendo miles de mujeres producto de los abortos clandestinos.

Entonces no, las mujeres no somos iguales, estamos las mujeres oprimidas y explotadas de la clase trabajadora y las mujeres oprimidas que oprimen y explotan a otras mujeres.

Referencia

  •  D’ATRI Andrea, Pan y rosas. Pertenencia de genero y antagonismo de clase en el capitalismo.




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