Política México

29 AÑOS DEL PRD

Partido de la Revolución Democrática: una ilusión fracasada

El 5 de mayo de 1989 se fundó este partido, posicionándose como el ala “izquierda” del antidemocrático régimen mexicano. ¿Cuál fue el origen de este partido que tantas ilusiones generó?

Raúl Dosta

@raul_dosta

Sábado 7 de mayo de 2016

El nuevo aniversario encuentra a este partido, que nunca pudo superar la crisis de Ayotzinapa, aliado a Acción Nacional.

Para nuestros lectores de hoy en día es fácil comprender el rol del PRD como parte activa del régimen político mexicano y subordinación al gobierno desde las tribunas parlamentaria y los gobiernos estatales.

Al avalar las reformas estructurales participando en el Pacto por México y aparecer como uno de los responsables políticos de la masacre de Iguala y de la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, su votación ha decaído bruscamente hasta en la misma capital, donde la población lo encumbró para sacar al PRI desde 1997 a la fecha.

Catalizador del descontento social en 1989

En mayo de 1989, su emergencia como nuevo partido político, era promisorio para un amplio espectro de nuestra sociedad, harto del dominio autoritario de los gobiernos priístas y del colapso de sus planes económicos, que eran el resultado de décadas de intenso endeudamiento externo -de 7 mil millones de dólares hacia 1970, rebasaría los 80 mil millones a principios de 1982.

El terremoto del 1985 había profundizado el sufrimiento y descontento popular, mientras el gobierno destinaba 10 mil millones de dólares al pago de deuda para reconciliarse con el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo y el Tesoro estadunidense y poder renegociar la moratoria de pagos declarada en 1982.

Mientras comenzaba la privatización la banca e industria estatizadas, Carlos Salinas de Gortari, desde la Secretaría de Programación y Presupuesto, iba acomodando a una capa de funcionarios jóvenes, muchos con doctorados en el extranjero, los “tecnócratas”. Éstos serían los impulsores del sometimiento total al capital financiero y las empresas trasnacionales, para lo cual ya se había pedido la integración al GATT (Acuerdo General de Aranceles y Comercio) que los yanquis desecharon para imponernos el nefasto Tratado de Libre Comercio.

Crisis del modelo de partido único

Al interior del PRI se manifestaban sectores críticos a la nueva orientación económica y al desplazamiento de los viejos líderes y funcionarios por esta nueva camada y se iban aglutinando en torno a las figuras de Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, quienes se decían “la familia revolucionaria”.

Al presidente le urgía garantizar la continuidad y profundización de sus planes, por lo que eligió a Salinas de Gortari como su sucesor, ante el proceso electoral de 1988. El sector opositor tuvo que abandonar el PRI y compitió en las elecciones presidenciales bajo las siglas del Frente Democrático Nacional (FDN).

El voto popular de 1988 reflejaría el hartazgo del dominio priísta en la mayoría de la población. La famosa “caída del sistema” abriría un proceso de movilizaciones en todo el país formándose “comités contra el fraude” con representantes de la mayoría de los partidos.

La crisis de credibilidad del gobierno priísta sólo sería contenida, por una parte, con golpes represivos del nuevo gobierno, destacando el ataque y prisión al líder sindical de los petroleros y el asesinato de unos 500 activistas provenientes de organizaciones de izquierda en su mayoría, mismas que comenzaban a conformar el naciente PRD.

Por otra parte, para desactivar las movilizaciones, Carlos Salinas de Gortari negoció acuerdos con los opositores.

Así, el dirigente del PAN, Diego Fernández de Cevallos fue artífice de la quema de boletas electorales para imposibilitar los recuentos. Mientras que Cuauhtémoc Cárdenas desviaría los reclamos de las masas que querían se respetara el voto popular, llamando a respetar los tiempos y decisiones de las instituciones electorales, las mismas que le escamotearon el triunfo.

Con esta carga genética, la negociación a espaldas de las masas, nacía hace 29 años el PRD. Con una dirección encaminada a fingir que se trataba de un partido de oposición, pero que, mientras canalizaba el descontento social hacia la vía de las instituciones del régimen, se integraba a las prácticas de éste.

El papel de la izquierda “comunista”

El viejo Partido Comunista se había reunificado para contender en 1982 como PSUM y terminó como el Partido Mexicano Socialista al fusionarse con el PMT de Heberto Castillo. Ante la presión de la oleada cardenista declinaron el voto en su favor.

Acorde con la visión del stalinismo mexicano, que había elaborado la política del “Frente Popular” cuando pretendía integrarse al PRM de Cárdenas padre, (que es el PRI que hoy conocemos), esta vez vieron que podrían llevarla hasta el final a la cola de Cárdenas hijo.

Por lo que no dudaron en liquidarse como partido, formando parte de la base del naciente PRD, al que le cedieron el registro, los locales, las células y, por supuesto se convirtieron en unos demócratas ejemplares.

Herramienta fallida

Así se conformaba un partido que crecía rápidamente, un PRD que sólo buscaba reformar el sistema político, “democratizándolo de manera pacífica”, orientado hacía las contiendas electorales mientras evitaba la confrontación de los planes neoliberales.

En el caso del Tratado de Libre Comercio, todas las movilizaciones contra éste eran canalizadas por el PRD con el argumento de: “renegociaremos el TLC cuando estemos en el poder”. Nos quedamos esperando.

Al comienzo el PRD era visto por las masas como una herramienta de lucha y movilización contra el régimen y sus planes. Esto era mal visto por los dueños del gran capital por lo que evitó a que llegara a gobernar este país. Eso explica los fraudes electorales de 2006 y 2012.

Ya para el 2008, el ala más conciliadora, la corriente de Los Chuchos, se adueñaría de la dirección partidaria llevando al PRD al desprestigio total al grado que los viejos caudillos, Cárdenas y López Obrador, tuvieron que distanciarse de un partido que se asimilaba cada vez más a la corrupción del régimen y votaba junto al PRI las duras reformas estructurales y, como cualquier líder priista, participaba de los enriquecimientos ilícitos, incluso en contubernio con el narco, como se descubrió en el caso reciente de Iguala.

Así se diluyó en casi tres décadas la ilusión que tenían las masas mexicanas de forjar un instrumento político al servicio de la clase trabajadora y los sectores populares, partiendo de un ala “izquierda” del PRI. El PRD cumplió su papel de sostén del régimen evitando que las masas irrumpieran en escena para tirar al Priato, desarmándolas ideológicamente.

Hoy en día, la atención de las masas trabajadoras está puesta en Morena, que recién derrotó al PRD en las elecciones de delegados de DF, pero que también sin reparo alguno integra a tránsfugas políticos provenientes del PRD y, algunos del PRI. ¿No será la misma película que ya vimos en todos estos años de la vida del PRD?

Una pregunta pertinente: ¿hay otra vía para la izquierda mexicana que subordinarse a los partidos al servicio de los empresarios? Como desarrollaremos acá, sí.






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