HUELGA DE LA UNAM 1999

Participar de la huelga de la UNAM de 1999 cambió mi vida

En 1999, el movimiento estudiantil mexicano, a contra corriente, gestó una generación “bisagra” que, en muchos casos, no solo rompió con las direcciones tradicionales como el CEU- PRD si no que comprendió que el régimen mexicano merece perecer.

Jimena Vergara

@JimenaVergaraO

Jueves 20 de abril | 14:04

Participar de la huelga de la UNAM de 1999 cambió mi vida. No sólo por el proceso profundo de compartir la lucha, la discusión, la reflexión, la cárcel y la auto organización con un movimiento vasto, heterogéneo y profundamente combativo si no porque empecé a militar en el marxismo revolucionario.

En 1999, el movimiento estudiantil mexicano, a contra corriente, gestó una generación “bisagra” que, en muchos casos, no solo rompió con las direcciones tradicionales como el CEU- PRD si no que comprendió que el régimen mexicano merece perecer. La sana desconfianza en las instituciones, inclusive en la aggiornada superestructura universitaria que gobierna la UNAM desde hace décadas como un verdadero virreinato, le dio un componente absolutamente disruptivo.

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Su carácter masivo, expresado en una voz de mando democrático como el CGH recreó las mejores tradiciones de lucha del movimiento obrero mundial. En aquel entonces, las direcciones de izquierda más prestigiadas como el EZLN y desde luego el PRD, atacaron con saña a la llamada “ultra”. De algún modo, esa ala “ultra” que hoy nutre colectivos y organizaciones de izquierda, sabía por instinto el carácter de clase del PRD: un partido en contra de los intereses de los trabajadores y la juventud, adaptado a esta democracia para ricos y “pata izquierda” de la alternancia “democrática”. Nunca nos sentimos “traicionados” por el PRD porque combatimos a sus porros y la represión policial de Rosario Robles desde aquel emblemático año de 1999.

Al mismo tiempo aprendimos de nuestros límites. Nos dimos cuenta de que, si el músculo de los trabajadores mexicanos no se pone en marcha y surge en México una verdadera alianza obrera y estudiantil, no podremos nunca torcerle el brazo al gobierno y poner en pie una Universidad al servicio de los trabajadores, los campesinos, los indígenas y el pueblo pobre.

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También aprendimos a “no tener patria” y vibrar con la lucha que daban otros jóvenes y otros trabajadores en otras latitudes. Fuimos testigos de las enormes movilizaciones internacionales donde la juventud de los países imperialistas se enfrentaba con la policía poniendo en cuestión a los principales referentes del capitalismo mundial como el FMI y el BM y nos movilizamos para combatir las bombas del imperialismo en Kosovo.

Más allá de mi afiliación partidista actual en el MTS y de mi afiliación política en aquel momento en la agrupación estudiantil Contra Corriente, que porto con orgullo, este 20 de abril reivindico profundamente a esos miles de compañeros y compañeras con los que compartí la lucha y que siguen del lado de los explotados y oprimidos. A todos aquellos que se quedaron hasta que la policía militar nos desalojó y fueron rehenes del Estado mexicano durante meses, más allá de las diferencias políticas.

A muchos años de distancia, muchos ex “moderados” nos llaman a ser “autocríticos” (se refieren a la llamada “ultra”), algunos son compañeros de lucha, otros se pasaron con armas y bagajes al bando del enemigo y ocupan cargos en los gobiernos estatales y locales. No vale la pena dedicarle más de un renglón a aquellos que desde el gobierno de la Ciudad de México nos descalifican.

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Pero con los primeros, con aquellos que después se “dieron cuenta” del rol nefasto del PRD podemos discutir. Cometimos errores, pero acertamos en lo fundamental. Supimos bregar por la independencia política del movimiento estudiantil de los partidos del congreso. Reconocimos a nuestros aliados: los trabajadores, los campesinos, los indígenas, los intelectuales honestos. Paramos las cuotas. Fuimos intransigentes con el poder intransigente (que concentra el monopolio de la violencia) y lo seguiremos siendo.

Todo está por hacerse para transformar radicalmente a la Universidad, cada vez más elitizada pero con esta tradición de combate a cuestas. Enhorabuena por la generación de 1999 y que las lecciones de su lucha, persista en las nuevas generaciones.






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