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Parlamento cubano reafirmó las reformas promercado y el régimen de partido único

La Asamblea Nacional aprobó los documentos “estratégicos” que trazan el curso de las reformas económicas y ratifican la estructura del régimen político a nueve meses de la salida de Raúl Castro de la máxima jefatura del estado.

Martes 6 de junio | Edición del día

Con la presencia de 537 diputados (sobre un total de 596) el jueves 1 de junio se aprobó por unanimidad la última versión de los tres documentos centrales que guiarán la marcha de la economía y el “nuevo modelo de socialismo”. Las primeras versiones del “plan de desarrollo económico hasta 2030”; los “nuevos lineamientos de la política económica 2016-2021”; y la "conceptualización del nuevo modelo económico y social” habían sido aprobadas en abril de 2016 por el 7mo Congreso PCC.

Los documentos confirman el proceso de reformas pro mercado que iniciara Raúl Castro en 2010 basado en el concepto de “cambiar todo lo que deba ser cambiado” manteniendo el régimen político de partido único que le garantiza sus privilegios a la burocracia castrista y el control de un proceso de reformas “lento pero seguro”, donde el gobierno va midiendo las repercusiones y consecuencias de cada medida que implementa, que de por sí son parciales y limitadas.

Introducción de la “propiedad privada”

Entre los puntos más importantes y novedosos de los documentos está la introducción de la forma “privada” de propiedad de los medios de producción junto a la “socialista”, la “cooperativa” y la “mixta” que conviven hace décadas. Esto corre tanto para personas jurídicas nacionales como extranjeras. Se legalizan de esta manera las empresas pequeñas y medianas que se han desarrollado en los últimos años de la mano del impulso al cuentapropismo.

Este sector no superaba los 90.000 en 2009 y ahora se calcula en unas 530.000 personas (de una fuerza de trabajo de aproximadamente en 5 millones) habiéndose nutrido del despido de casi 600.000 trabajadores estatales a partir de 2011. Entre 2010 y 2011 se legalizaron más de 180 actividades que pueden desarrollarse por cuenta propia. En 2012 se introdujeron reformas para ampliar y facilitar la contratación de personal que se limitaba a cinco y tenía fuertes impuestos. También se habilitó la compraventa de automóviles y luego de propiedades inmuebles.

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Una de las consecuencias reaccionarias de esta política fue el aumento de la estratificación social, es decir de franjas de la población con distintos ingresos cuyas diferencias crecen todavía más. Los mayores beneficiados fueron los sectores con acceso al dólar ya sea por su vinculación al turismo o por contar con la ayuda de familiares en el extranjero, especialmente EEUU.

Los sectores acomodados del cuentapropismo presionan por más y más profundas reformas pro capitalistas ya que existen múltiples trabas, como la falta de un mercado mayorista privado u otras como impuestos fuertes, aunque se han ido reduciendo, o el impedimento a profesionales y trabajadores de actividades cualificadas a inscribirse como cuentapropistas.

Los objetivos políticos de la burocracia con el impulso al cuentapropismo, eran por un lado contener un aumento desmedido de la desocupación con el consecuente riesgo de aumento de la conflictividad social (en un país donde el sueldo promedio es de 3 dólares mensuales y la libreta de racionamiento no llega a cubrir las necesidades básicas de una familia durante 10 días); y por otro, generar una base social propia que defendiera las reformas de mercado. Hoy, más del 90% de los cuentapropistas están afiliados a la Central de Trabajadores Cubana.

Los límites de la propiedad privada

La nueva forma de propiedad establecida en la “Conceptualización del nuevo modelo” es un avance en la estructura legal cubana que hasta ahora no permitía formas de propiedad no estatales por fuera de las cooperativas y mixtas. La estratificación social que se acrecentó en los últimos años tenderá a crecer todavía más al consolidar la posición de los sectores acomodados y los extranjeros podrán establecer negocios en forma directa que antes debían hacer a través de familiares o terceros.

No obstante, la nueva forma de propiedad, queda enmarcada en un “modelo” en el que priman “la propiedad socialista de todo el pueblo sobre los medios fundamentales de producción”, así como la “planificación de la economía”, según especifican los documentos.

En este sentido, Raúl Castro señaló en el discurso de cierre que se reafirma el “carácter socialista de la revolución” y que “ello nos permite seguir avanzado en la conceptualización de nuestro modelo, y cambiar todo lo que debe ser cambiado y con la velocidad que nos permita el consenso y la capacidad que demostremos de hacer las cosas bien, y evitar así grandes errores que puedan comprometer el cumplimiento exitoso de esta honrosa tarea”.

Previamente, en una de las comisiones de trabajo de la Asamblea, Jorge Murillo, responsable de la marcha de la economía y arquitecto de las reformas, había señalado que "no se permitirá la concentración de la propiedad y la riqueza aún cuando se promueva la existencia de formas privadas de gestión".

Es parte de la misma estrategia oficial de ir “regulando” la introducción de reformas de mercado como ya se vio en el sector agrario, donde el gobierno entregó más de un millón de hectáreas en usufructo a campesinos privados y cooperativas pero aún persisten fuertes controles del estado sobre los precios, el transporte, la compra de insumos y donde no existe un mercado de tierras que permita su acumulación y el surgimiento de campesinos ricos.

Cambios en la relación con el imperialismo yanqui

El 7mo Congreso del PCC desarrollado en abril de 2016, ratificó el rumbo de las reformas pero fue catalogado por muchos como un congreso “conservador” donde no se anunciaron cambios importantes a favor de una mayor apertura económica y reformas de mercado. El histórico viaje que días antes había hecho Barack Obama, entonces presidente de los EEUU, generó una importante popularidad entre los cubanos que puso en alerta a la burocracia castrista y motivó una demarcación política expresada en una nota del extinto Fidel Castro (que fungió en sus últimos tiempos como una suerte de “reserva moral de la revolución”) y en el propio congreso.

La máxima instancia partidaria adoptó una actitud más conservadora tanto en los avances que se venían haciendo en la relación con el imperialismo desde diciembre de 2014 cuando se retomaron las relaciones diplomáticas públicas, como en la implementación de nuevas reformas que entraron en un periodo de “elaboración” hasta su aprobación por la Asamblea Nacional. Lo más importante del congreso, contra los deseos del imperialismo, terminó siendo la confirmación de Raúl Castro y la cúpula del PC al frente del partido (que dirige el Estado) hasta 2021.

Ahora, la nueva administración Trump está generando una actitud más defensiva de la burocracia castrista ya que se esperan inminentes retrocesos en los acuerdos y avances que se habían concretado con Obama. El marco regional tiende a aislar a Cuba fundamentalmente con los gobiernos de derecha en Brasil y Argentina y el gobierno aliado de Nicolás Maduro en Venezuela en una crisis política y económica fuertísima que ya lo llevó a reducir al 40% los envíos de petróleo a Cuba. Se espera de un momento a otro que la Casa Blanca redoble su política de chantaje, basada en el bloqueo económico que mantiene desde 1962 y ya provocó pérdidas a la isla por más de 120.000 millones de dólares, y en las cínicas campañas por “la democracia y los derechos humanos”.

La burocracia reafirma el régimen de partido único

Ante una relación que estará mucho más marcada por la confrontación, la burocracia acaba de poner el acento en que no habrá cambios en el régimen político. Una declaración importante a 9 meses de que Raúl deje el puesto de Presidente del Consejo de Estado y de Ministros (aunque como dijimos seguirá al frente del partido como Primer Secretario hasta 2021). Así, la Asamblea y los tres documentos votados reafirmaron “el respaldo mayoritario del pueblo a su Partido único, el Partido Comunista de Cuba”.

Estos documentos fueron declarados por Raúl en el mencionado discurso, como los “más discutidos en la historia de la Revolución” describiendo su elaboración en diversas instancias locales y provinciales y con el aporte de unas “47.000 reuniones en las que participaron 1.600.000 cubanos”. Se trata de una metodología que ya había usado el gobierno para la aprobación en 2011 de los “Lineamientos de la política económica y social” y que tiene el objetivo de mostrar un amplio consenso social y aparentar un proceso de discusión democrático. La verdad es que en todas sus instancias está permanente controlado por el Partido Comunista y se realiza en los marcos del reaccionario régimen de partido único; es decir bajo la prohibición de formar cualquier agrupamiento u organización por fuera de las reconocidas por el partido y el Estado, de publicar y difundir las opiniones políticas por fuera de la prensa oficial, y donde también están prohibidas las huelgas y manifestaciones sin previa autorización estatal.

A pesar de sus límites, la política de reformas y apertura controlada que viene imponiendo la burocracia junto a un fuerte ajuste contra los trabajadores (despidos, recorte de subsidios y gratuidades, aumento de la edad jubilatoria, recorte de la libreta de racionamiento y aumento de precios) continúa horadando las bases de la economía nacionalizada, la moral de las masas que durante décadas enfrentó las agresiones imperialistas pero sigue viendo caer su nivel de vida, y allanando el camino a la restauración capitalista. Los sectores altos de la burocracia, al mando de las FAR que controlan los principales grupos de empresas estatales, el comercio exterior y las asociaciones con el capital extranjero, son el principal elemento restauracionista y pretenderán convertirse en los futuros capitalistas cuando les sea posible.

Por eso la lucha contra el imperialismo, en primer lugar contra el bloqueo, y en defensa de las conquistas de la revolución que aún perduran, están unidas a la lucha por plenos derechos de organización sindical y política para quienes defiendan la revolución, por salarios dignos, por recuperar el pleno empleo que fue una de las grandes conquistas revolucionarias, por terminar con los privilegios de la burocracia y su régimen de partido único y revisar todo el proceso de reformas que otorga grandes concesiones y beneficios al capital extranjero mientras el pueblo laborioso vive cada vez peor; en la perspectiva de imponer un verdadero gobierno de los trabajadores basado en la más amplia democracia obrera.

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