Juventud

JUVENTUD

Para transformar algo, debemos partir por cambiarlo todo

Una segunda vuelta con dos proyectos en el centro, pero con el Frente Amplio como novedad y expresión de los cuestionamientos abiertos sobre todo desde el 2011. ¿Qué perspectiva nos proponemos construir? ¿Nos conformamos con reformas, o apostamos por más?

Nancy López

Concejera Fech Facultad de Filosofía y Humanidades, U de Chile

Octavia Hernandez

Estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía Ex-Pedagógico.

Miércoles 13 de diciembre de 2017

Posterior a las elecciones parlamentarias, la discusión que se toma todos los espacios es qué ocurrirá en la segunda vuelta. Una segunda vuelta marcada por la disputa de dos proyectos políticos, que serán los que se medirán en votación para ver hacia dónde se buscará dirigir al país el próximo periodo.

Un proyecto es el de la derecha, una derecha retrógrada y conservadora hasta en lo más mínimo, que bajo la represión y la mercantilización, buscará arrebatarnos cada pequeña conquista. Quieren que sigamos endeudándonos para poder estudiar, quieren que nosotros y nuestras familias sigamos sujetos a trabajos precarios, quieren que las mujeres no podamos decidir sobre si abortamos o no y que la represión siga siendo la gran herramienta de silenciamiento de las demandas de trabajadores, mujeres, pueblo mapuche y la juventud. Pero su fuerza para implementar ajustes en un posible próximo gobierno quedó en entredicho tras la votación en primera vuelta que alcanzó Piñera, muy por debajo de las expectativas.

Mientras que un segundo proyecto, encabezado por Guillier, es el que hoy se muestra como alternativa frente a lo que sería un Presidente Piñera como claro retroceso. Sin embargo, sabemos que no nos entrega un futuro mucho mejor. Es la Nueva Mayoría la que nos obliga a acreditar nuestra pobreza año a año para poder estudiar, quienes vienen hace años precarizando colegios y liceos municipales para seguir traspasando recursos a los empresarios de la educación, quienes criminalizan a jóvenes por plantar marihuana y quienes tampoco han quedado en menos a la hora de reprimir al pueblo mapuche.

¿Pero son aquellos los proyectos que representan realmente las nuevas aspiraciones de miles? Claramente, hoy nuestras propias conciencias y la experiencia alcanzada nos dice que no, la votación del Frente Amplio lo expresa: este sector que progresivamente tomó y se mostró como "cara visible" de las demandas que venimos levantando, como la educación gratuita, el derecho al aborto libre y por acabar con las AFP, este sistema de pensiones que esclaviza nuestras vidas, la de nuestros padres y abuelos, expresa que han sido batallas que no han caído al tacho de la basura.

Sin embargo, durante el período de campaña y hasta hoy se va vislumbrando la estrategia del Frente Amplio para lograr estas importantes demandas: acuerdos con los sectores más progresistas, exigencias a la Nueva Mayoría de que "tome" su programa, llamado a votar por el mal menor por parte de algunas de sus principales figuras como Beatriz Sánchez. Esto nos lanza hacia una lógica de alianzas parlamentarias sin diferenciar los intereses en juego, replicando la vieja fórmula de los consensos con los empresarios y sus políticos corruptos, pero con apoyo de las calles.

¿Hacia dónde nos lleva este camino?

La respuesta puede ser simple, mejores y mayores reformas, es decir, cambios en la medida de lo posible pero que en el marco de este sistema de desigualdad estructural, siempre serán ganadas parciales y fácilmente desechables. Pues, como ya sabemos, los empresarios no dudarán en arrebatarnos hasta el más mínimo derecho conquistado ante cualquier pequeña crisis en la economía, como siempre nos plantean, y frente a cada discusión sobre el presupuesto, todo para mantener sus bolsillos intactos. Ellos se negarán a cualquier cambio e incluso arrebatarán cualquier conquista ya existente; en un sentido tiene que ver incluso con no diferenciar nuestros adversarios, viéndolos como potenciales aliados.

En nosotros y nosotras las mujeres, trabajadores y juventud encontrarán siempre un aliado para conquistar hasta la más mínima demanda, pero también queremos ir más allá incluso de una educación pública, gratuita y de calidad, queremos universidades también con acceso irrestricto y no medido por una prueba estandarizada, queremos Universidades abiertas para las y los trabajadores, donde a la vez luchemos por un cogobierno universitario, donde sean funcionarios/as, académicos/as y estudiantes quienes tomemos las decisiones. Queremos que nuestros trabajos no sean los más precarios de la sociedad, no vernos continuamente en la encrucijada de trabajar o seguir estudiando, y por sueldos que muchas veces ni siquiera alcanzan el mínimo. Queremos decidir si fumar o plantar marihuana sin que los empresarios y políticos se metan en nuestros tiempos libres, y queremos también poder acceder a la cultura, sin tener que desembolsar el dinero que no tenemos. ¿Pero cómo se logra esto? ¿Será que el tira y afloja dentro del Parlamento es la única vía realista?

La única vía realista está lejos de las reformas y de los acuerdos con los partidos liberales y menos aún con los grandes partidos tradicionales y empresariales. Porque si queremos una sociedad realmente distinta, una sociedad donde no vivamos sólo para trabajar y tener lo justo para sobrevivir, y donde todos los avances de la ciencia y tecnología estén a disposición del desarrollo de la humanidad entera y no de unos pocos que se enriquecen a costa nuestra llevándose todas las ganancias, tenemos que proponernos perspectivas mayores.

¿Nos sentimos realmente actores de nuestros propios destinos?

Queremos una sociedad sobre nuevas bases y que cuestione todo lo existente. Somos la misma juventud que lleva años en las calles, que carga en sus hombros una historia de lucha contra regímenes dictatoriales como lo fue Ibañez del Campo en los 30’ y del propio Pinochet en los 80´, somos la juventud que ha estado junto a profesores y profesoras, junto a las y los trabajadores en las calles, somos la juventud que se atrevió a cuestionar hasta lo más mínimo de una sociedad que nos hicieron creer que era natural y que todo lo lograríamos por medio de nuestro esfuerzo individual. También nos hemos parado contra las AFP, contra la educación de mercado, contra la discriminación y contra aquellas cadenas que nos atan a un futuro de esclavitud. Esto es lo que no debemos olvidar.

Hoy levantamos candidaturas anticapitalistas y de los trabajadores para que exista una voz con independencia de aquellos que se enriquecen a costa de la explotación, opresión y miserias del conjunto de la población, así lo hicimos con la candidatura de Dauno Tótoro, integrante de vencer y militante del Partido de Trabajadores Revolucionarios (PTR) por el distrito 10, sacando 7.500 votos. Pero sabemos que no basta con votar cada cuatro años, porque si queremos transformar esta sociedad de conjunto, necesitamos ser miles tras una perspectiva socialista y de las y los trabajadores. Tenemos que proponernos levantar una fuerza material de la juventud que se plantee ser un factor de transformación, no solo por más reformas, sino por transformar el conjunto de la realidad, que se proponga una perspectiva anticapitalista en cada batalla que demos en nuestros lugares de estudio y trabajo, y que se proponga organizar toda lucha a favor de nosotros y nuestros derechos, pero sin olvidar una perspectiva mayor: acabar de raíz con este sistema capitalista que nos ataca cotidianamente, a nosotros y a nuestras familias, conquistar una sociedad comunista sin Estado ni clases sociales donde, como decía Marx, cada cual trabaje según sus capacidades y cada cual reciba y viva acorde a sus necesidades.

Las y los trabajadores necesitan su propia herramienta de lucha, necesitan un partido a través del cual organizados defiendan sus intereses, y como jóvenes y futuros trabajadores debemos aportar en la construcción de aquella herramienta. ¿Estamos dispuestos a dejar de pensar sólo en nuestro desarrollo personal e individual, para pensar en el desarrollo de una sociedad distinta? ¿Estamos dispuestos a entregar parte de nuestro tiempo e iniciativa a organizarnos consciente y cotidianamente para estos grandes objetivos?

Los grandes empresarios y políticos corruptos ya los tienen. Poseen todos los medios económicos, de prensa y televisión, poseen sus propios partidos y lugares de organización como la Cámara de Comercio o la misma SOFOFA, desde donde imponen sus objetivos y su visión de realidad. Nosotros necesitamos nuestros propios medios, nuestras propias organizaciones, que bajo un programa de independencia de los empresarios y de la mano de las y los trabajadores, quienes son los que mueven este mundo, nos planteemos generar aquellos cambios estructurales, tanto aquí como en todo el mundo. Aquella es la perspectiva que nos planteamos y si somos miles, podemos vencer. Y tú ¿Te sumas?






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