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Para la Organización Mundial de la Salud las mujeres son más vulnerables a los desastres naturales

En el estudio se relevó la vulnerabilidad específica de las niñas y las mujeres con relación a la mortalidad derivada de los desastres naturales y sus consecuencias.

Sábado 24 de septiembre | Edición del día

Según un informe de la Organización Mundial de la Salud 2016, “las funciones y relaciones que una cultura determinada atribuye al hombre y a la mujer, dictadas por las normas y los valores de esa cultura respecto del género dan lugar a las diferencias entre hombres y mujeres”.

Donde más aparece esta diferenciación es en relación al tema de salud y el acceso a asistencia médica. Y esto se ve claro en algunas comunidades cuando una mujer no puede recibir atención sanitaria porque las normas de su comunidad no permiten que viaje sola a un establecimiento sanitario.

Debido a la existencia de normas y expectativas sexistas relativas a lo que se considera una conducta “apropiada”, las niñas y las mujeres encuentran serios obstáculos para afrontar la vida. En Asia meridional, las normas sociales que regulan los códigos de vestimenta siguiendo principios de recato y pudor, pueden suponer un obstáculo para que por ejemplo las mujeres y las niñas aprendan a nadar, lo que puede reducir gravemente sus posibilidades de supervivencia en caso de inundación.

“Un examen de la información censal sobre los efectos de los desastres naturales en 141 países puso de manifiesto que, si bien las catástrofes causan sufrimiento a todo el mundo, como promedio, producen más víctimas mortales entre las mujeres que entre los hombres, o bien se cobran la vida de más mujeres jóvenes que hombres”.

Las altas temperaturas y los efectos del calor sobre las mujeres

En el estudio también se relevó la vulnerabilidad específica de las niñas y las mujeres con relación a la mortalidad derivada de los desastres naturales y sus consecuencias. Un ejemplo de ello fue la ola de calor que sufrió Europa en 2003, donde murió un mayor número de mujeres que de hombres. Es posible que haya razones de carácter fisiológico que expliquen por qué las mujeres de edad avanzada corren un mayor riesgo de perder la vida.

“El aumento de las temperaturas puede traducirse en un incremento de la transmisión del paludismo en algunos lugares, enfermedad que en la actualidad provoca 300 millones de casos agudos y se cobra casi un millón de vidas cada año (OMS, 2008b). Las mujeres embarazadas son especialmente vulnerables al paludismo, pues a los mosquitos transmisores de esta enfermedad les resultan dos veces más “apetecibles” que las mujeres no embarazadas. En un estudio realizado en el que se comparaba el “atractivo” relativo que tienen para los mosquitos las mujeres embarazadas, con relación a las mujeres no embarazadas en zonas rurales de Gambia, se halló que los mecanismos que dan lugar a esa vulnerabilidad durante el embarazo podrían estar relacionados con al menos dos factores fisiológicos. En primer lugar, en las etapas avanzadas del embarazo (edad media gestacional de 28 semanas o más), aumenta el ritmo respiratorio (el volumen de aire se incrementa en un promedio del 21 %). El aire exhalado por el ser humano está formado por cientos de componentes diferentes, algunos de esos componentes ayudan a los mosquitos a detectar la presencia de un posible huésped. A corta distancia, el calor emitido por el cuerpo humano, las corrientes conectivas y la humedad alrededor de este, el olor y los estímulos visuales que emite el huésped permiten al insecto localizar su objetivo, expresa el informe.

Tsunamis e inundaciones

Otras de los temas abordados por la investigación es cómo los ciclones o tsunamis afectan a las mujeres. En 1991 Bangladesh fue azotada por un ciclón donde murieron 140.000 personas. El 90% de ellas eran mujeres.

La explicación es que hubo un mayor número de mujeres que de hombres que estaban confinadas en sus casas, cuidando a sus hijos y los objetos de valor. Incluso en caso de alerta, muchas mujeres pierden la vida esperando a que sus familiares regresen a casa para acompañarles a un lugar seguro.

El aumento de las temperaturas está contribuyendo al ascenso del nivel de las aguas del mar. Por otro lado, en muchas regiones las precipitaciones son cada vez más intensas y variables, lo que puede dar lugar a un aumento del riesgo de inundaciones y, por consiguiente, de numerosas amenazas para la salud. No obstante, son pocos los estudios de investigación y los análisis realizados sobre las diferencias entre hombres y mujeres con relación a los resultados sanitarios de las inundaciones. Es importante tener en cuenta que la vulnerabilidad a las inundaciones depende de factores sociales. Tanto en los países en desarrollo, como en los industrializados, las consecuencias sanitarias y de otro tipo pueden afectar de forma desproporcionada a las mujeres, los niños, las personas con discapacidad y las personas mayores.

Sequías

Los efectos en la salud de las mujeres en épocas de sequía pueden verse exacerbados por el cambio climático. Se prevé que los cambios en el régimen de lluvias, el aumento de los niveles de evaporación, el derretimiento de los glaciares y el crecimiento demográfico y económico tendrán como consecuencia un aumento del número de personas que viven en cuencas hídricas afectadas por falta de agua.

Cuando hay escasez de este recurso, las mujeres no tienen más remedio que llevar a sus casas agua procedente de fuentes no potable, incluso de arroyos y lagunas que pueden estar contaminadas. Ello puede ocasionar enfermedades de transmisión hídrica, como diarreas, que en los países en desarrollo son la principal causa de mortalidad entre los niños menores de cinco años (OMS y UNICEF, 2005). Por otra parte, cuando escasea este recurso, los hábitos de higiene suelen sacrificarse en favor de necesidades más urgentes como beber y cocinar. La falta de higiene puede dar lugar a enfermedades como el tracoma y la sarna, también conocidas como “enfermedades debidas a la falta de higiene”).

“En la mayoría de los países en desarrollo, las mujeres están intrínsecamente ligadas al agua. Son ellas quienes se encargan de recoger, almacenar, proteger y distribuir el agua. Los largos viajes a pie hasta los pozos cercanos, acarreando pesados recipientes con agua, no solo produce agotamiento en la mujer y daña sus huesos, sino que además tiene un costo en términos de oportunidad, pues podrían emplear ese tiempo productivamente yendo a la escuela o a trabajar”, sostiene el informe.

Violencia sexual y desastres naturales

Hay pocos estudios sobre la relación que existe entre los fenómenos extremos y la violencia doméstica y sexual. Sin embargo, según un informe realizado sobre la recuperación tras el tsunami del Océano Índico acontecido en 2004, en ese contexto, las mujeres y los niños se encontraban en una situación de gran vulnerabilidad.

Según el Informe mundial sobre desastres, en términos generales se reconoce que las mujeres y las niñas corren un mayor riesgo de ser víctimas de violencia sexual, explotación sexual, malos tratos, trata y violencia doméstica en situaciones de desastre. Pueden quedarse aisladas y perder el contacto con sus familias, amigos y otras posibles redes de apoyo y protección Después de un desastre natural, las mujeres corren un mayor riesgo de ser víctimas de violencia doméstica y sexual, y podrían evitar el uso de refugios por miedo.

Pscicotrauma y género

Otros de los aspectos muchas veces no tenidos en cuenta es el factor del estrés de las poblaciones ante los desastres naturales. Según estudios realizados en Vietnam, los factores relacionados con el estrés eran evidentes a nivel familiar. Las personas entrevistadas en las ciudades en el delta del Mekong se refirieron a un aumento de la ansiedad, el miedo o la tensión intrafamiliar debido a las amenazas y los daños asociados a las inundaciones y sus efectos en los medios de subsistencia. Las personas entrevistadas en las provincias centrales señalaron la escasez de alimentos y el hambre que podrían producirse a consecuencia de la pérdida de cosechas e ingresos, derivada de la destrucción ocasionada por las inundaciones y los tifones.

Aparte de los efectos en la alimentación derivados de las cargas relacionadas con los medios de subsistencia, las obligaciones domésticas y la prestación de cuidados, la reducción de la seguridad alimentaria y de las oportunidades para ganarse la vida, también pueden generar un estrés considerable en los hombres y los niños, dada la expectativa socialmente creada de que son ellos quienes deben proporcionar los medios económicos a la familia. En algunos casos, ello puede dar lugar a problemas mentales. Se ha reconocido que los hombres y los niños son menos proclives que las mujeres y las niñas a buscar ayuda para resolver problemas de estrés y salud mental.

Por lo general se tiene la expectativa de que las mujeres y las niñas deben ocuparse de cuidar a los enfermos, incluso en situaciones de catástrofe y estrés ambiental. Ello reduce el tiempo de que disponen para generar ingresos y formarse, lo que, cuando se combina con el aumento de los gastos médicos que hay que afrontar para curar las enfermedades de su familia, da lugar a un aumento de la pobreza, que, a su vez, es un importante determinante de la salud. Ello también significa que tienen menos tiempo para contribuir a los procesos comunitarios de toma de decisiones, en particular, en lo que respecta al cambio climático y la reducción del riesgo de desastres. Además, al tener que ocuparse del cuidado de los familiares que tienen a su cargo y estar obligadas a desplazarse cada vez más lejos para ir a buscar agua y leña, las mujeres y las niñas están más expuestas a padecer dolencias relacionadas con el estrés y el agotamiento.

El mayor tiempo dedicado a recoger agua se traduce en menos tiempo disponible para su educación; además durante los desplazamientos largos las mujeres y las niñas están más expuestas al riesgo de violencia. Un nivel educativo bajo aumenta las limitaciones de las mujeres para acceder a los sistemas de información sanitaria o alerta temprana que se vayan creando. Ello también significa que las niñas y las mujeres tienen menos acceso al mercado laboral y menos oportunidades de trabajo, están expuestas a más riesgos para la salud relacionados con el embarazo y el parto, y tienen menos control sobre su vida personal.

Salud urbana

El lugar de residencia de un individuo y su condición en ese lugar son determinantes importantes de la salud. La urbanización es una tendencia dominante; de hecho, cada vez hay más personas que viven en condiciones marginales en las ciudades de los países en desarrollo. La población urbana está expuesta a distintas amenazas para la salud relacionadas con el clima.

El acceso limitado a la tierra en las zonas rurales, los conflictos, el divorcio y el desempleo obligan a un número de mujeres cada vez mayor a vivir en zonas urbanas y periféricas marginadas y en barriadas. Esas viviendas suelen estar situadas en terrenos que entrañan riesgos medioambientales específicos, como las laderas o las zonas de baja altitud.

El aumento de la tasa de hogares en que la mujer es la cabeza de familia en las zonas urbanas y periurbanas ha dado lugar a un cambio de la relación entre el número de hombres y mujeres en las ciudades, y a una feminización de la pobreza. La pobreza, la exposición de las viviendas y tener que gestionar solas enormes necesidades infraestructurales diarias, como la gestión de los desechos, el combustible, el agua y el saneamiento hacen que las mujeres que son cabeza de familia sean especialmente vulnerables a los desastres naturales.

Conclusiones finales

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático reconoce que los desastres afectan a los hombres y a las mujeres de manera diferente a distintos niveles, en particular en el plano económico, social y psicológico, así como en lo que respecta a la exposición al riesgo y la percepción de este. Sin embargo, sigue habiendo una falta general de estudios de investigación sobre las diferencias entre hombres y mujeres en cuanto a la vulnerabilidad ante el cambio climático y sus efectos, en especial en lo que atañe a la salud.

Abordar los aspectos relacionados con el género y los aspectos sociales del cambio climático plantea numerosas dificultades que pueden superarse. Requiere integrar las cuestiones de género en los programas de respuesta al cambio climático, promover un desarrollo sostenible y equitativo, centrarse en la adaptación y la mitigación, comprometerse a dedicar los recursos necesarios y dotar de capacidad de decisión y actuación a la población para que pueda desarrollar resiliencia.

La equidad y la justicia social no pueden alcanzarse sin reconocer las diferencias entre hombres y mujeres en lo que respecta a la vulnerabilidad y la resistencia, y los distintos factores que contribuyen a la vulnerabilidad. Reconocer esas diferencias es un componente necesario e importante de todo intento posible para hacer frente a las consecuencias para la salud del cambio climático, teniendo en cuenta las diferencias entre ambos sexos. Es necesario llevar a cabo investigaciones que tengan una perspectiva de género, a fin de comprender mejor las consecuencias para la salud del cambio climático, en general, y de los fenómenos meteorológicos extremos, en particular. Existe una necesidad urgente de reunir, analizar y notificar los datos pertinentes desglosados por edad y sexo; además, dependiendo del contexto, deberían incluirse otros estratificadores que permitan llevar a cabo un análisis de género a fondo. Es necesario crear servicios de salud que tengan en cuenta las cuestiones de género, sean accesibles y lleguen a las poblaciones más pobres, a fin de atender las necesidades sanitarias específicas de los hombres y las mujeres a lo largo de su ciclo vital.




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