RELATO

Pañuelos verdes

Reproducimos el siguiente texto narrativo basado en la historia de Norma Cuevas, madre de Ana María Acevedo, la joven santafesina fallecida en 2007 ante la negativa del Estado de realizarse un aborto no punible.

Jueves 26 de abril | Edición del día

Todo comenzó con un dolor de muela, esa mañana otoñal de Abril mi hija Ana me despertó llorando. Traté de tranquilizarla, le di un analgésico y me preparé para salir directo al hospital. Antes avisé a mi trabajo que iba más tarde.

Caminamos cinco cuadras para tomarnos el colectivo281 que nos deja a la vuelta del Hospital de Quilmes, fueron alrededor de cincuenta minutos eternos. Mi hija con su mano en el cachete y los ojos todos hinchados de llorar, se apoyaba en mí hombro, cómo cuando era chiquita y se sentía triste. Tuvimos que esperar bastante, había mucha gente en ese ambiente de desolación.

Por fin nos atendieron, la revisaron y le hicieron un par de estudios hasta ese momento normales. Qué alivio sentí cuando vi a Ana con una sonrisa, deformada propia de la anestesia pero tranquila y sin sufrir. Esperamos el colectivo nuevamente, en la estación de Quilmes la besé y bajé para tomarme el tren y llegar al trabajo.

Soy empleada doméstica me pagan por hora y en las condiciones en las que vivimos no hay espacios de duda. Se trabaja sí o sí. Ana siguió para casa a descansar. Ella está cursando el último año de la secundaria y a veces hace algunas changuitas para ayudar, cuida bebés o a personas mayores. Entre las dos nos acompañamos, nos cuidamos y también nos peleamos como cualquier madre e hija. Muchas veces en nuestras cenas charlamos y me cuenta sobre la escuela y los temas que se plantean. Casi nunca coincidimos.

Mi trabajo queda a dos cuadras de Plaza de los dos Congresos Rivadavia al 2000, voy de lunes a viernes todo el día y los sábados hasta el mediodía. En muchas ocasiones llegar es bastante tedioso esquivando las concentraciones que se juntan ahí. Ruidos, gente, cortes, tumulto, malestar y mi cansancio. Agotada llego. A veces son los maestros, otras trabajadores de no sé qué y no sé cuánto, otras mujeres pidiendo abortar, tacheros y así casi todos los días.

Luego de dos semanas volvimos al Hospital por control de la muela y a buscar los resultados de los estudios. Por primera vez el tiempo se detuvo y un golpe seco recibimos, a mi hija le descubrieron cáncer maxilar, quedamos mudas. Nos derivaron y comenzamos la recorrida médica para empezar cuanto antes con el tratamiento. Sin otra opción, la quimioterapia la esperaba. En uno de esos análisis nos enteramos que Ana no estaba sola. Me alegré, claro, una vida siempre es motivo de felicidad pensaba.

Tres semanas después nos citaron para empezar el tratamiento, ese día nos avisan que no podemos iniciarlo porque sería contraindicado para la salud del feto, dijeron. Y yo pensé y ¿La salud de mi hija? En ese momento el abandono empezó, quería salvar a Ana y muy a mi pesar un aborto terapéutico era la solución. Deambulé incansablemente por los tribunales para reclamar ese derecho. Mientras tanto mi hija seguía perdiendo vida.

Mi nombre es Norma mamá de Ana. Y cómo ya les conté todo comenzó con un dolor de muela y con más dolor sigue y alegría también de encontrarme entre muchas, con mis brazos al cielo, abrazando a mi hija y sosteniendo con convicción mí pañuelo verde exigiendo Aborto Legal, Seguro y Gratuito.







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