Política

OPINIÓN

Pan y circo en la batalla por la agenda política

Mucho ruido y pocas nueces en el affaire De Vido. Cambiemos no puede imponer su agenda, la resistencia obrera y el circo parlamentario con fines electorales.

Fernando Rosso

@RossoFer

Miércoles 26 de julio | Edición del día

“Si no hay pan, que haya circo”, se convirtió en el principio-guía de la orientación de Cambiemos en la política en general y hacia las elecciones legislativas en particular. Puede ser una traducción simple de los consejos de Jaime Duran Barba que asegura que hay que hablar de cualquier cosa, menos de lo importante.

La cuestión del pan y circo surge de un antiguo texto del poeta romano Juvenal y se refiere a un sistema para tener sereno al pueblo: pan accesible o regalado y “entretenimientos populares” y de baja calidad.

En la particular versión posmoderna de Cambiemos, el pan barato te lo debo y el circo decidió montarlo en el mismísimo Congreso de la Nación como penúltimo recurso de maniobra electoral, ante la ausencia de argumentos convincentes en todos los demás terrenos, empezando por la espinosa cuestión de la economía.

Sin embargo, pese a que cuenta con los tanques comunicacionales que bombardean las 24 horas del día (y de la noche también), el oficialismo no logró imponer su agenda de manera exclusiva. El periodismo de guerra que comanda Magnetto desde el portaviones de Clarín, volvió desatado, pero tiene un problema: como aquel viejo general loco sigue peleando la guerra anterior. Acompaña como la sombra al cuerpo al Gobierno que dos años después quiere repetir la pirueta que le permitió ganar las elecciones de 2015 y fabricar una nueva “Morsa”. El kirchnerismo tiene muchos candidatos a “Morsa”, con el indefendible Julio De Vido encabezando el ranking.

Pero la baja calidad de este circo de cartón montado por el oficialismo reside en que la expulsión que pretendió llevar adelante contra el exfuncionario kirchnerista, no hubiese tenido consecuencias sobre las acusaciones de corrupción que pesan en su contra. Además, en la burda maniobra intentó ocultar desprolijamente las corruptelas de empresarios que forman parte del mundo PRO y que hicieron negocios, incluso, de la mano del mismo De Vido (Ángelo Calcaterra, Gustavo Arribas et al)

El exministro lo describió con precisión afilada cuando se defendió en la cámara de Diputados: “trabajé con mi equipo, con los gobernadores, con los intendentes y con muchos de ustedes” aseguró Don Julio en su peculiar mensaje.

Sin embargo, estos casi veinte meses no pasaron en vano. El ajuste y deterioro de las condiciones de vida que experimentan la mayoría de los trabajadores y la población en general multiplicó el malestar que ya se venía gestando desde el ocaso de la administración anterior.

En modo piñón fijo de campaña electoral, el Gobierno parece opinar que no importa si la realidad no se adapta a su narrativa, en todo caso, peor para la realidad.

Pero la realidad se le metió por la ventana de la mano de un grupo de trabajadores que orientados y apoyados por los referentes de la izquierda, está actuando como catalizador de la bronca que se acrecienta y que el espectáculo circense no puede ocultar.

Los obreros y obreras de la alimenticia PepsiCo volvieron a ser los portavoces de la realidad ante el bajo espectáculo de la política tradicional. Un día antes, los protagonistas fueron los empleados despedidos de la avícola Cresta Roja, quienes lograron su reincorporación después de varios días de corte de la autopista y otras medidas. Con intuición patronal, el diario La Nación relacionó un conflicto con otro, informó que el Gobierno no quería que se repita la (mala) experiencia de PepsiCo y por eso ordenó buscar una solución. Los trabajadores de ambas empresas se habían reunido y manifestado la solidaridad mutua. En el complejo ajedrez de la lucha de clases, la resistencia decidida y la persistencia en la lucha fue el aporte más esencial de PepsiCo a este triunfo parcial de los que pelean en Cresta Roja.

Además, para dolor de cabeza del duranbarbismo, los que están en lucha contra la empresa PepsiCo obtuvieron un dato para dar la batalla en el territorio que el oficialismo considera propio: la consultora Circuitos dio a conocer un estudio que revela que el 55,2% de los encuestados asegura estar de acuerdo con la acción de los trabajadores en defensa de sus puestos de trabajo. El 39,2% aprueba la participación de los legisladores de la izquierda que fueron a Florida a apoyar a los obreros, un número que duele también a los referentes del universo kirchnerista que se encuentran tan incómodamente cerca de De Vido, como espantosamente lejos de las luchas obreras. La ciudadanización muda del cristinismo muestra en modo storytelling a todos los disgregados sujetos agraviados, sin apelar a ningún sujeto colectivo. Finalmente, el 42,3% de los consultados considera que debe existir un proyecto que permita mantener a los trabajadores en sus puestos. Justamente lo que se negó a discutir el Congreso en la jornada del miércoles.

Con esta excesiva autonomía del relato en el combate por la agenda, Cambiemos corre el riesgo de exigir del discurso (y del circo) mucho más de lo que es capaz de dar. Y en todo este sainete, puede quedarse sin el pan y sin la torta.








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