Política Estado Español

CUESTIÓN CATALANA

Palo o Zanahoria, esa es la cuestión en Catalunya

El editorial del New York Times aconseja al Presidente Rajoy, que la mejor forma de acabar con el independentismo es la zanahoria y no el palo.

Guillermo Ferrari

Barcelona | @LLegui1968

Lunes 26 de junio | Edición del día

El periódico estadounidense plantea a Rajoy que para acabar con la cuestión catalana hay algo mejor que la vía judicial y las cloacas del Estado: dejar que se haga el referéndum para que gane el no. En su editorial del viernes pasado hay una crítica velada al ejecutivo español, puesto que la política del “palo” ha creado cada vez más independentistas, lo contrario de lo que se supone es esperado.

La esperanza de la redacción del New York Times consiste en ampliar las inversiones en Catalunya. Señalan la diferencia entre la contribución del 20% que Catalunya hace en las arcas públicas y el 9,5% de las inversiones que recibe. Muy diferente sería si se aumenta sensiblemente las inversiones y ellas se usan para incidir en el Referéndum que se convoque.

Este editorial ha excitado a los dirigentes de Junts pel Sí con el consejo de cómo acabar con los independentistas. El President Carles Puigdemont y el Conseller d’Exterior Raül Romeva han contestado vía twitter. Ambos destacan un aspecto del editorial: que el Estado permita la realización del Referéndum. Aunque no mencionan que esto es parte de cómo acabar con el reclamo de la población.

Más allá de las diferencias que tienen el New York Times, el Gobierno de Rajoy, y el Govern catalán, hay algo que les une. Les une el espanto al movimiento de masas en las calles defendiendo sus derechos democráticos y que sólo piensan en los intereses de los grandes empresarios. Para ello nada mejor que “putting its own house in order” (pones su propia casa en orden).

Cuando se dieron las movilizaciones masivas contra la impugnación que hizo el Tribunal Constitucional del Estatut de 2006, allá por julio de 2010 y las mega-díadas a partir de 2012, la salida de las masas a las calles dejó a todo el mundo fuera de juego. Nadie se lo esperaba, ni propios ni extraños, y nadie lo quería. Los poderosos no quieren que los trabajadores y el pueblo decidamos qué hacer luchando en las calles.

En aquellos años la crisis estaba en su momento álgido y con un paro que llegó al 25% en Catalunya, con decenas y centenas de desahucios diarios, el dinero parecía que había desaparecido entre los ciudadanos de a pie, y los recortes estaban a la orden del día. Eran los años en la extinta Convergència i Unió gobernaba gracias a un acuerdo con el Partido Popular que permitió los peores recortes en décadas.

Los trabajadores y clases medias que salieron a las calles para reclamar independencia, lo hacían con la ilusión de que con la separación se podrían resolver también su graves problemas económicos. Identificaban las agresiones por parte del Estado central como las causantes de los graves padecimientos. Aspecto que efectivamente era cierto, aunque también era cierto que los recortes lo hizo Convergència i Unió yque este mismo partido apoyó todas y cada una de las medidas de los gobiernos del PP y el PSOE para hacer pagar la crisis a los sectores populares.

Es ésta dinámica de reivindicaciones populares lo que causa pánico al poder y a los empresarios españoles y catalanes, y al New York Times. Porque si son las masas las que resuelven el problema del referéndum, los que lo defienden y hacen posible mediante a movilización social, no pararán en ello, sino que comenzarán a resolver el resto de los problemas sociales. Y es que para muchos de los defensores de la independencia o del derecho a decidir lo entienden como un paso en esa dirección.

A partir de aquel momento, Convergència se juntó a Esquerra Republicana, para circunscribir el masivo movimiento democrático por la autodeterminación al estrecho espacio de las instituciones y restringirlo a las calles solo los días de fiesta. Lamentablemente, para ello contó con el leal apoyo de los diputados y la dirección de la CUP. Que han llegado a tragarse un presupuesto con recortes creado por ERC y el PDeCAT. Y así pasaron cinco años para que recién ahora convoquen el Referéndum de autodeterminación.

Sin embargo, esta convocatoria está hecha de la peor manera posible. No solamente sin explicar cómo se hará, sino sin proponer la movilización y la organización de ese 80% que quiere votar. Mientras el Gobierno y las instituciones españolas amenazan con usar todos los mecanismos que ésta “democracia” para ricos les permita, el Govern catalán no mueve ni un dedo por el Referéndum, ¿no es una señal de que buscan ser derrotados?

Los deseos, por parte del diario, de una política más dialogante en relación al Gobierno español queda claro que no son correspondidos por nadie desde Madrid. Ni el Rey, ni el TC, ni el Gobierno, ni el PSOE, ni Ciudadanos, ni el Congreso ni ninguna institución quiere permitir el Referéndum del 1-O. Tampoco hay una política de ampliar las inversiones en Catalunya, que vienen cayendo desde 2011 a ésta parte.

Esta “tozuda” negativa no es un problema de diálogo por parte de Rajoy y su equipo dirigente, ni por un pretendido carácter “castizo”. El problema es económico y político. Por un lado, no quieren compartir un “pastel” que ha encogido, y, por otro, no quieren dar rienda suelta a un movimiento social que, de hecho, cuestiona las bases mismas del Estado y la “Transición Democrática”

Defender el 1O para resolver los problemas del pueblo

Por ello, es que las fuerzas revolucionarias, anticapitalistas y verdaderos demócratas no podemos más que defender el Referéndum contra todos los ataques por parte del Estado español. Debemos defenderlo junto a ese 80% en las calles para que el Referéndum sea una realidad el 1-O.

Habrá que defender el resultado, sea cual fuere, para que se haga realidad el deseo de la mayoría de la población. El triunfo del derecho democrático a decidir abrirá una nueva etapa social para que se decidan sobre el resto de cuestiones. Y, esa defensa debe ser en el sentido en que la población de movilizó por el mismo referéndum, debe ser en el sentido de resolver los graves problemas sociales como el paro, la precariedad laboral, la educación, la sanidad, revertir los recortes, etc.

Para ello es necesario que tanto la CUP, como los Comunes y Podem-Podemos rompan con el “full de ruta” de Junts pel Sí y con las reaccionarias reglas que impone el Régimen del 78 y que se encarguen de movilizar y organizar a los más de 2 millones que votaron el 9N, al 80% que quiere votar para enfrentar a Rajoy, el PSOE y la represión del Estado y para tomar las riendas de la organización del 1-O que ni Puigdemont, ni Junqueras quieren tomar, en la perspectiva de abrir un verdadero proceso constituyente en Catalunya.

Y de la misma manera es fundamental que Unidos Podemos y el conjunto de las organizaciones obreras y de la izquierda del Estado español organicen un gran movimiento de solidaridad en el resto del Estado que reabra la pelea por un proceso constituyente sobre las ruinas del Régimen del 78. No queremos ni palo, ni zanahoria. No nos conformaremos con las migajas, queremos el pan (y las rosas).






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