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"Alicia en un mundo de homicidas"

Reproducimos un cuento enviado por Ludmila Ramos, estudiante secundaria de Mendoza

Sábado 1ro de julio | 17:05

Alicia en un mundo de homicidas

Alicia siempre fue una apasionada de las películas de terror. Le gustaban los asesinatos, los juegos sádicos y la sangre. Vivía fascinada por todo tipo de homicidas, pero su favorito era Hannibal Lecter. Lo adoraba, hablaba gran parte del día sobre él. Tenía sus cómics, libros, películas, remeras y hasta su disfraz, con bozal incluido.

Era tal su fanatismo, que se pasaba horas buscando datos curiosos sobre Hannibal por Internet. Julio, su marido, discutía a menudo con ella por este motivo. Le molestaba que mostrase más interés por un hombre irreal que por él.

Cierto día su esposo le anunció a Alicia que comenzaría a estudiar medicina. Le explicó que era una carrera que le gustaba desde hace mucho tiempo pero nunca se atrevió a cursar. Ella se alegro por él y le dijo que lo ayudaría en lo que necesitara.

Después de unos meses, Alicia se enteró que su esposo se había inscripto en un curso de cocina. Esto le pareció demasiado extraño, ya que él siempre había odiado la gastronomía. Pero al ver el entusiasmo de Julio, acabo por pensar que quizás el quería aprender eso para no depender de ella a la hora de comer.

Un día luego de su larga jornada de trabajo, Alicia invitó a su marido a ver un concierto de la Orquesta de Baltimore. El aceptó entusiasmado y ambos asistieron juntos. Alicia se pasó gran parte de la función comentándole a su esposo, que una de las victimas de Hannibal, había sido un flautista de esa misma orquesta.

Al llegar a casa, Julio se ofreció a cocinar una receta que había encontrado por Internet. Su mujer recibió ansiosa el plato. Al comer, notó algo extraño. Había una especie de uña. Cuando ella le preguntó a él que ocurría, este le dijo que era un plato de algún lugar de Rusia. Le explicó que esta comida contenía uñas de algunos animales exóticos. Ella le dijo que le parecía que era una perfecta uña humana. Pero él se lo negó, y la convenció de que era una receta extraña, pero que le encantaría. Y no se equivocó.

Días después, ella comenzó a notar ciertas actitudes raras en el. Estaba muy alejado y se pasaba mucho tiempo del día cocinando cosas extrañas.

Una noche, cuando Alicia llegó a su casa después del trabajo, se encontró con toda su vivienda a oscuras. Al ingresar pudo darse cuenta como Julio cerraba la puerta con llave. Le preguntó que pasaba, pero él no emitió respuesta. Al instante él se acercó a ella, y de un momento a o otro, le coloco un trapo con somnífero en la nariz que la durmió rápidamente .

Al despertar, Alicia estaba desconcertada, se encontraba sobre la mesa, acostada con sus manos y pies atados.

Y allí estaba él, parado frente a ella, mirándola fijamente. Tenía puesto el disfraz de Hannibal, pero sin el bozal. Poseía una mirada impenetrable que transmitía locura.

Su esposa, aterrada, intentó forcejear las ataduras y comenzó a gritar a viva voz, pero nadie la oía. No podía creer que su marido estuviera haciendo eso, se sentía desesperada. Mientras tanto, Julio seguía observándola fijamente.

Al cabo de unos minutos, el hombre sacó un cuchillo junto con otros objetos punzantes de un mueble que estaba al lado de la mesa. Ella asustada, le preguntó que ocurría mientras fijaba la mirada en sus imponentes ojos. El soltó una carcajada, mezcla de demencia y odio. Luego le contestó:

¿Vos sos una gran fanática de Hannibal Lecter no? Te pasas horas y horas hablando de él. ¿Te gustaría que tu marido fuera como él? Bueno ahora me convertí en lo que tanto adoras”.

Fue ahí entonces cuando Alicia se dio cuenta de todo, de la carrera de medicina y del repentino interés en las artes culinarias, además de la uña en la comida. Pensó en quien podría haber sido la victima a la que se la extrajo. Estaba horrorizada, esos fueron los pasos previos a que Hannibal se convirtiera en caníbal. Y ahora era su esposo el que se había transformado. Estaba perdida, empezó a pensar que quizás había sido su culpa por su infinito fanatismo en este personaje.

Mientras ella continuaba absorta en sus pensamientos, Julio tomó el cuchillo con fuerza y le cortó una mano. Ella sintió un dolor inexplicable. Gritó y gritó, pero nada ocurría, nadie vendría en su auxilio. Luego, su marido comenzó a comerse la mano que le había cortado. Después de un tiempo, él le cortó con sus propios dientes un pedazo de la pierna y uno del brazo. Alicia se estaba desangrando. Débil, no podía creer que la persona real que más amaba se haya convertido en la persona irreal que más adoraba. Lástima que ahora ambos, eran unos asesinos.

Y así paso el tiempo, hasta que Julio acabó por comerse a su mujer. Había cortado todos sus pedazos con diferentes cuchillos, y con sus propios dientes, incluso clasificó las partes en distintas formas. Se divertía tanto haciendo eso.

Luego, limpió la sangre que había quedado, prendió las luces y acomodó los muebles. Intentó pensar que le diría a la gente que preguntara por su esposa y que cara de lamento pondría. Además, pensó en la sensación que tuvo al comer personas. Se había sentido satisfecho y bien. Le había encantado. Decidió que lo seguiría haciendo.

La transformación ya había resultado pero este era solo el principio…








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