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LITERATURA // BRASIL

Pagú: la literatura revolucionaria sin arrugas

La reedición en Brasil del libro “Pagú: vida – obra” en el segundo semestre del año pasado, es un acontecimiento editorial que merece la atención de la izquierda brasileña. Organizado por Augusto de Campos, el libro había salido por primera vez en 1982 por la editorial Brasiliense.

Viernes 20 de febrero de 2015 | Edición del día

Patrícia Galvão (Pagú) nunca fue una costilla extraída de Oswald de Andrade (uno de sus maridos, NdT) y tampoco una musa “descerebrada” del modernismo brasileño. La conducta rebelde de Pagú, que la empujó hacia la militancia política revolucionaria, flagra una obra original que viene siendo, durante las últimas décadas, destacada por estudiosos. La reedición en Brasil del libro Pagú: vida – obra en el segundo semestre del año pasado, es un acontecimiento editorial que merece la atención de la izquierda brasileña. Organizado por Augusto de Campos, el libro había salido por primera vez en 1982 por la editorial Brasiliense, y fue reeditado por la Companhia das Letras.

Lo que de hecho llama la atención en esta "biografía no biográfica" (para utilizar aquí la definición del autor/organizador) no pasa por el aspecto pedante/diletante que tanto alimenta las tesis académicas sobre la literatura brasileña. La riqueza documental que integra este volumen, relleno de textos del propio puño de Patricia Galvão, y de otros textos sobre la autora, compone un legado pulsante, cuya utilización puede servir a propósitos claramente militantes. Veamos en líneas generales, un poco de la contribución revolucionaria de Patricia Galvão en el plano de la literatura.

La escritura en Pagú no se separa de la aventura intelectual que hace de la palabra una trinchera que visa perturbar (e implacablemente condenar) a la sociedad burguesa. Bucear a fondo en la obra viva de Patricia Galvão es, según la perspectiva del marxismo, verificar su posible presencia actuante en los días que corren. Tanto desde el punto de vista de la técnica literaria como de la propia teoría de la literatura, la escritura de Pagú ofrece un arcenal estético (y teórico, ya que la escritora también ejerció con propiedad la crítica literaria) que precisa ser incorporado al trabajo de escritores, críticos y pensadores de la literatura brasileña en general. Aunque no sea un legado de los más extensos, ya que en el plano de la novela, por ejemplo, la autora redactó sólo los títulos Parque industrial (1933) y La famosa revista (1945), su carácter fundado en la conjugación entre modernidad estética y militancia revolucionaria, es un punta pie letrado que alcanza de lleno a industriales, estalinistas, fanáticos y cualquier literato amamantado con dulces frutas de grosellas.

En un momento en que el proletariado en Brasil sobrepasó la mera condición de objeto literario, para imponerse como autor a través de aquello que se clasifica hoy como Literatura Periférica (a veces llamada marginal, NdT) y Literatura Carcelaria (experiencia con la literatura en la prisión, NdT), ¿qué contribución estética revolucionaria no posee una novela como Parque industrial para los jóvenes autores proletarios?

Publicado en 1933, el libro es un ejemplo de inventiva que tiene una tremenda fuerza comunicativa con el lector de hoy. Firmado con el seudónimo de Mara Lobo, bajo circunstancias en que la escritora y militante comunista intentaba “recuperar” la confianza del Partido Comunista Brasileño (ya estalinizado de la cabeza a los pies), el libro es estructurado de acuerdo a una agilidad gráfica que permite la inserción del corte rápido, extraído de contextos “extra-literarios”, tales como el cine y el reportaje. Se trata de un poderoso estilo fragmentario que se comunica directamente con el lector.

Si el joven lector de hoy está formado en una cultura pautada por el audiovisual y por la velocidad de la información, Parque industrial es un arma moderna compatible con este tipo de realidad: la obra inspira al escritor de izquierda de la actualidad a crear una manera revolucionaria de exponer el problema social (en el caso de esta novela en particular, la miseria y las formas de opresión presentes en la vida de las obreras de la ciudad de San Pablo, durante el inicio de los treinta). La condición de la mujer trabajadora y por consiguiente la explotación capitalista, son temáticas que, además de estar a la orden del día, requieren un tratamiento estético inventivo, revolucionario por derecho.

Obviamente que bajo la condición de “novela propagandística”, Parque industrial patina en algunos momentos en la cáscara de banana del estalinismo, revelando sus errores políticos. Sin embargo, es en la contribución de sus elecciones estéticas que Pagú teje una obra indigesta, violenta, cruda y al mismo tiempo de vanguardia: siendo incompatible con el “engrandecimiento del héroe colectivo del trabajo” del zdanovismo, Parque industrial hizo con que los bigotes de Stalin tremiesen, como lo comprueba la reprobación que el libro recibió por parte de la izquierda mayoritaria (el estalinismo, en Brasil de aquella época, NdT); además del ostracismo que recubrió la obra (todo comenzó a cambiar desde hace unos pocos años a la actualidad, gracias a los estudios que rehabilitan la importancia histórica de esta novela).

Pues bien, si Parque industrial es extremadamente útil en las manos del investigador de izquierda, que aspira a promover el debate literario en el ambiente académico (lo que es de gran importancia), imaginemos su impacto entre escritores de origen obrero... Que no haya dudas en cuanto al valor combativo que esta obra pueda tener junto a los escritores proletarios de nuestros días.

Con la crítica literaria cada vez más escasas en las secciones de cultura de la prensa burguesa, es preciso enterrar de una vez el análisis reaccionario, y por lo tanto incapaz de relacionar la composición del texto literario con el contexto económico y político de una determinada sociedad. El lugar de personalidades como Pagú no está en la llamada “gran prensa”. Vislumbremos así en la prensa obrera, el significado revolucionario de la literatura de Patricia Galvão; sin dudas lo que todo este legado nos enseña, sobre todo a partir de los escritos de la autora durante la posguerra, es a también encaminarnos en la dirección de la ampliación política y estética de la literatura de combate: Pagú, aplastada por el engranaje del estalinismo y por el autoritarismo del Estado Nuevo (1937-1945), supo decir no a los canallas (de la izquierda estalinista y de la derecha), promoviendo la defensa de la libertad y la experimentación en las letras portuguesas.

La comprobación de todo esto se encuentra en su segunda novela La famosa revista, escrita junto con Geraldo Ferraz, y en los innumerables artículos que apuntaban hacia el combate contra el provincialismo, la truculencia y el nacionalismo en las letras y en las artes en Brasil.

Aunque al final de la vida de Patrícia Galvão odiara el sobrenombre Pagú (creado por el poeta Raúl Bopp, al final de los años veinte), el nombre quedó y su obra-viva-revolucionaria permanece también como necesidad histórica.







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