Política

ENTREVISTA

Pagni: Durán Barba y las divisiones del Papa

La gravitación del papa argentino sobre la política nacional también fue parte de la entrevista a Carlos Pagni. Acá su lectura del “compañero Jorge”.

Fernando Rosso

@RossoFer

Domingo 3 de julio de 2016 | 00:45

Desde la asunción de Jorge Mario Bergoglio como papa en el año 2013, se discute su gravitación en la política argentina. Macri y su gobierno protagonizan una “guerra fría” con el papa Francisco y amplias fracciones del peronismo lo consideran un nuevo líder ante la crisis de conducción de su movimiento político: el Vaticano se ha convertido en el nuevo Puerta de Hierro. También le preguntamos a Pagni sobre el Papa, la Iglesia y su eventual función estratégica.

En este contexto político: ¿qué pasa con el papa? Tiene peleas, gestos con Macri como la mala cara que le puso en su visita al Vaticano, la devolución de la donación a Scholas Ocurrentes; pero es más simpático con María Eugenia Vidal ¿Cómo ves el rol del papa en esta transición?

  •  Creo que el papa, Bergoglio, es una personalidad política extremadamente compleja. No se puede hacer una lectura lineal. Primero, hay que pensar que es un cura muy politizado, se ha visto a sí mismo como un militante político, tiene un grupo de amigos que lo ve como un dirigente político y que lo llaman “el compañero Jorge”, sindicalistas, etc., de cuando él era obispo acá y antes.

    Quiere decir que es un hombre en cuya vida la política es mucho más marcante que en otros líderes religiosos. Y es peronista, tiene una visión del proceso histórico, de la modernidad, de la economía, decadentista, muy subsidaria de lo del pensamiento nacionalista clásico argentino: ver la modernidad como decadencia, como una degradación. Llevada adelante por vectores que son la tecnología, que es el mundo de las finanzas. Frente a todo eso tiene una posición extraordinariamente negativa. Hay que leer los textos últimos que escribió, la encíclica sobre el medio ambiente por ejemplo, que es una encíclica sobre esto: lo que degrada es el capitalismo. Esto lo trae me parece desde el fondo de su formación personal. Por eso escribe Loris Zanatta que es un papa populista.

    Obviamente, un gobierno basado en un empresario, constituido alrededor de un grupo de tecnócratas cuya cabeza está formada en las corporaciones capitalistas, ni siquiera en los partidos y mucho menos en las organizaciones sociales con las que puede simpatizar Bergoglio, que creen en la teoría del derrame por simplificar mucho; le tiene que resultar algo bastante negativo.

    No nos tenemos que olvidar que Bergoglio es un líder religioso, es un sacerdote, que además llegó a papa, por lo tanto lo religioso no le debe ser indiferente. A esto hay que sumarle que Macri es alguien para quien la religión católica es evidente que no es central en su discurso, no es central en su política. Es una especie de laicismo posmoderno, que no tiene que ver con el laicismo clásico militante del Siglo XIX, digamos, de masones como Sarmiento o como Alem. Pero es un laicismo “Ravi Shankar” que le debe resultar a Bergoglio medio cachivachesco, para lo que es un Papa, mirado desde la perspectiva del Papa, no de un líder populista solamente.

    Me parece un rasgo interesante de Macri, bastante desafiante, yo no sé si hay algo de Durán Barba también en eso que le dice: vos no te entregues, no te sometas, no hagas la de Scioli, porque en parte tu liderazgo simbólicamente se puede también constituir a partir de cierta tensión con Bergoglio que es el último jefe que quedó “de lo otro”.

    Está esto, como tercer rasgo, aquellos que no se quieren mirar en el espejo de Cristina tratando de cubrirlo a López explicando, como diría Borges “sórdidas crónicas policiales”. Bueno, tienen allá una especie de líder perfecto, vestido de blanco, inmaculado, no toca una moneda y además está lejos y es lo suficientemente ambiguo como para poder proteger desde Alejandra Gils Carbó hasta el Movimiento Evita.

    Y en su ambigüedad no puede explicar Yorio y Jalics tampoco…

  •  Ese es un problema enorme que ha tenido en su vida, que en términos políticos ya lo resolvió. Sobre el tema hay mucha controversia, lo mejor que leí es un artículo de Fernando Devoto, un larguísimo artículo donde examina todo el problema de Bergoglio en relación con estos dos curas y te diría que al final lo absuelve.

    Pero hay que recordar que cuando lo eligen papa hay un canto universal de esperanza y un aplauso generalizado en el mundo, sólo interrumpido por las noticias que iban apareciendo en distintos diarios, muy impulsadas por Horacio Verbitsky, acerca de este problema de Bergoglio con la dictadura. A tal punto que salió el padre Francisco Lombardi, vocero del Vaticano a aclarar el problema y salió el padre Jalics desde Alemania a decir que era todo un malentendido.

    Hoy Verbitsky sacó las notas de internet, no figuran más. Hebe de Bonafini, Estela de Carlotto y la propia Cristina, si es que representa algo para la política de derechos humanos, lo legitimaron. Me parece que el gran triunfo suyo en relación con el kirchnerismo tiene que ver con este problema. Y que tal vez éste problema lo ha hecho releer muchas cosas que tienen que ver con el populismo y girar más hacia la izquierda de lo que estaba, según quienes lo conocían, cuando estaba acá como sacerdote, como jefe de los jesuitas y aún como obispo y cardenal.

    Este Bergoglio papa está muy a la izquierda de lo que era el Bergoglio que iba a las villas de emergencia los sábados a rezar misa de manera ignota o anónima. Es el Bergoglio que le acepta un recuerdo con la hoz y el martillo a Evo Morales, que canoniza al salvadoreño Romero y que le manda el rosario a Milagro Sala -que no es sindicalista, que es la líder de un movimiento social-, muy distinto de lo que podía ser la inserción social de Bergoglio en las organizaciones sindicales clásicas del “Caballo” Suárez, de Omar Viviani, del sindicato del gas, que eran la constituency del obispo Bergoglio cuando estaba en la Argentina. Hay una mutación del personaje, que no es ambigua sino bastante lineal en este caso.

    Pero ¿qué gravitación le ves? Durán Barba dice que no tiene ningún peso, que “no tiene ni diez votos”, para graficarlo.

  •  No, me parece que es un chiste. Es obvio que en un país como Argentina donde el catolicismo, más allá del compromiso que tiene la gente con la religión, tiene un peso ideológico y simbólico extraordinario en la sociedad, en un gobierno presidido por un empresario rico, un gobierno de ricos – hay que mirar el patrimonio del gabinete- que está haciendo un ajuste. Llevarte bien o llevarte mal con aquel que maneja hoy el metro-patrón de lo que es ajuste y de lo que no lo es, de lo que es socialmente aceptable o no, es crucial desde el punto de vista táctico.

    ¿Qué pasa si el año que viene Bergoglio decide venir durante las elecciones y hablar en una misa con un millón de personas en la Av. 9 de julio? Durán Barba ¿qué va a decir?: “cuántas divisiones tiene el Papa”. Me parece superficial esa lectura. Lo cual no quiere decir que el Gobierno tenga que hacer clericalismo, me parece correcta la postura que tomó, pero es una postura que asume un costo, lo que no puede es ignorar ese costo o trivializarlo.

    Este conflicto con Macri genera un ruido dentro de la jerarquía católica porque le da cuerda, digamos, habilita a toda una región de la jerarquía católica que son los curas villeros que le crean un problema a los obispos que no piensan como Bergoglio. La cúpula del Episcopado es mucho más macrista que Bergoglio. Ahí hay un tema interesante para ver, esas señales de Bergoglio son receptadas por un sector del clero como un aval a entrar en conflicto con las políticas del gobierno sobre todo en las villas, pero no le deben caer demasiado simpáticas a la cúpula de la Conferencia Episcopal.


    VIDEO: síntesis de la entrevista







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