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Pablo Iglesias seguirá financiando la educación religiosa y concertada

Falta menos de un mes para las elecciones autonómicas y Podemos ha adelantado parte de su programa electoral. Sus candidatos sorprendieron con la propuesta de mantener la financiación a la educación concertada (mayoritariamente religiosa), algo opuesto a lo que decían en las elecciones europeas.

Josefina L. Martínez

@josefinamar14

Miércoles 29 de abril de 2015 | Edición del día

Revisando la hemeroteca: lo que decían los dirigentes de Podemos sobre la educación en su programa para las europeas es lo contrario de lo que sostienen hoy.

El Programa colaborativo de Podemos, con el que la formación se presentó a las elecciones europeas y que obtuvo el apoyo de 1.200.000 votos, hacía una definición clara sobre la cuestión educativa, proponiendo terminar con las subvenciones de dinero público a la educación privada y concertada.

“Eliminación de cualquier subvención y ayuda a la enseñanza privada, incluida la modalidad de concertada, destinando el ahorro a la financiación y mejora de los centros públicos. Durante su etapa obligatoria, la educación debe ser gratuita”.

En este punto, Podemos no hacía más que expresar como parte de su programa lo que ya era un “sentido común” (como gustan decir los dirigentes de Podemos) de millones de personas, trabajadores de la educación, estudiantes y padres. El rechazo a la educación concertada ha sido un reclamo de los movimientos sociales de la comunidad educativa desde hace años. Porque mientras el Estado subsidia a estos centros educativos, que en su mayoría están en manos de la Iglesia y la educación religiosa (nada menos que el 70 % de ellos), se recortan los presupuestos para la educación pública, se despide profesores, se cierran plazas en la pública, etc.

Es una ecuación sencilla: el dinero público se destina a financiar la educación religiosa, mientras se degrada la educación pública.

En el mes de noviembre, ante una pregunta de la periodista Ana Pastor en “El Objetivo”, Pablo Iglesias retomó esa idea del programa de las europeas.

"No me gusta que se financie con dinero público escuelas cuyos proyectos educativos no los deciden instituciones dependientes de la ciudadanía, sino privadas. A lo mejor, si ese dinero se utiliza para abrir más escuelas públicas, tendremos una educación en la que no habrá lugar para el machismo ni la segregación".

Estas declaraciones provocaron una seguidilla de titulares en los diarios, muchos de los cuales cuestionaban, como no es de extrañar, la “viabilidad” de la propuesta:
“Los problemas que tendría Podemos para acabar con la educación concertada” (El diario.es, 17/11/14); “Pablo Iglesias quiere acabar con las ayudas públicas a los colegios católicos concertados” (La información.com, 17/11/14); “Pablo Iglesias: ‘Hay que reducir la educación concertada a situaciones experimentales’"(La sexta, El objetivo, 17/11/14).

En una entrevista en El diario.es, un dirigente de UGT, decía, respondiendo a Iglesias, que su propuesta “era irrealizable”. Es lógica su reacción, siendo que la UGT ha permitido durante años el avance de la escuela concertada y las políticas privatizadoras sobre la educación, bajo los gobiernos del PSOE y del PP.

Otro que se indigaba era Luis Centeno, director de Asesoría Jurídica de Escuelas Católicas, quien decía que “sería una verdadera catástrofe en la enseñanza, desde el punto de vista social y laboral, porque significaría poner en el aire el futuro de millones de alumnos y cientos de miles de profesores".

Así estaba el debate hace unos meses. Sin embargo, al momento de definir el programa para las autonómicas de mayo, y con el afán de continuar su “giro al centro”, los dirigentes de Podemos han cambiado 180 grados sus posiciones, pasando a defender las “ventajas” de la educación concertada.

Para comprobar esto basta con una mirada a los titulares de las últimas semanas, que lo ilustran con claridad.

"Los conciertos en educación están ahí y no es nuestra política ahora mismo quitar los conciertos que hay, hay que analizarlo", fueron las palabras del candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid, José Manuel López, en declaraciones a Europa Press. “No cerramos colegios concertados pero rescataremos los hospitales”, dijo Antonio Montiel, secretario general de Podemos en la Comunidad Valenciana.

Hace pocos días, en la emisión de “LaCallePregunta” en La Sexta Noche, Pablo Iglesias fue rotundo en su respuesta a uno de los participantes: “En los años 80, los colegios concertados fueron fundamentales para que la red de escuelas públicas llegase a todos los ciudadanos. Si no fuese por los colegios concertados, no hubiese habido plazas escolares. Está bien que la educación concertada permita ocupar las plazas de la educación pública".

Una educación “clasista” y religiosa

En su trabajo “La Iglesia y el sistema escolar”, Vincenc Navarro señala que la educación concertada es clave para el poder de la Iglesia, que posee el 70 % de los centros de enseñanza privada. A su vez, analiza que el 30 % de población de mayores recursos concurre a la educación privada y concertada (siendo la privada tan solo un 5 % de la educación española), mientras que el otro 70 % concurre a la pública. Otro dato a tener en cuenta es que el 82 % del alumnado extranjero concurre a la escuela pública. Se trata de una división de clase.

“Esta es la cuestión clave de la conflictividad presente. Es una lucha de clases encubierta en la que la Iglesia, una vez más, defiende a ultranza sus privilegios. La mal llamada escuela privada (la auténticamente privada es únicamente un 5 % de toda la escuela en España) está financiada públicamente y antepone los intereses particulares sobre los generales, no actuando como un componente del sistema público educativo” (Vincenc Navarro, La iglesia y el sistema escolar).

En el Estado español hay tres tipos de enseñanza; la pública (65 %), la privada (5 %) y la concertada (30 %). Esta última sostenida con fondos públicos, pero de gestión privada.

Unos dos millones de alumnos y 130.000 profesores son parte de las escuelas concertadas, financiadas con dinero público pero bajo control mayoritario de la Iglesia Católica. Según el Sindicato Independiente de Enseñanza (FSIE), sobre un total de 5.500 centros concertados, en 4.448 la educación es religiosa.

Durante el curso escolar 2012/13 las escuelas concertadas recibieron unos 6.300, siendo un 7 % más que tres años antes.

Los que la defienden el sistema de educación concertada, lo hacen con los argumentos de fomentar la “pluralidad” y diciendo que escuela pública no podría garantizar esa cantidad de plazas.

En realidad, la “pluralidad” esconde la financiación estatal de la Iglesia y sus escuelas, y la cuestión de las plazas esconde el hecho de que la educación pública ha perdido plazas por los continuos recortes presupuestarios.

Por otra parte, en la mayoría de las escuelas concertadas lo que deberían ser “aportes voluntarios” se transforman en cuotas obligatorias. Un estudio elaborado por la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) señala que nueve de cada diez de las escuelas concertadas exige el pago de esas cuotas.

Otro dato que desmiente la supuesta “complementariedad” de la escuela pública y concertada, es que en muchos lugares donde se suprimieron establecimientos públicos, se habilitaron después escuelas concertadas.

En fin, todos los datos demuestran que la educación concertada no es más que un negocio de privados para usufructuar el dinero público, y para fortalecer el poder económico e ideológico reaccionario de la Iglesia.

No se trata de “controlar” como usan los fondos o que “no discriminen”, como ha planteado el candidato de Podemos a la Comunidad de Madrid. Sino de terminar con este negocio privado a costa del dinero público, que podría destinarse en cambio a aumentar el presupuesto para la enseñanza pública, abrir más plazas, contratar más profesores y mejorar la calidad educativa.

Pablo Iglesias aseguró hace unos días que “la centralidad no es el centro” y que no significaba un giro hacia un “centro ideológico”. Pero sus declaraciones sobre la concertada y el programa para la educación en las autonómicas contradicen esa afirmación. Todo indica que se trata de una enorme –nueva- concesión a una “opinión pública” más conservadora y en este caso, también a la Iglesia.







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