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PT: rápido para legitimar elecciones manipuladas, impotente para enfrentar los ajustes de Bolsonaro

Amplios sectores de la población trabajadora odian a Bolsonaro, a su programa ultra neoliberal y saben que ese esclavista atacará a todos sus derechos. Sin embargo, la dirección del PT renuncia a denunciar todo el autoritarismo judicial - tutelado por las Fuerzas Armadas - que manipuló cada centímetro de las elecciones brasileñas, a través de una "oposición" impotente para enfrentar los ajustes.

André Augusto

Natal | @AcierAndy

Sábado 3 de noviembre

André Augusto

Bolsonaro ganó las elecciones más manipuladas de la historia reciente de Brasil. Por medio de maniobras judiciales y con el respaldo de las Fuerzas Armadas para que las elecciones permitieran la continuidad y profundización del golpe institucional de 2016, Bolsonaro se benefició de la radicalización del sentimiento antipetista y de la venida abajo de la derecha tradicional, principalmente con la catástrofe del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB).

Su ideario racista, machista, homofóbico, de odio irrestricto contra los trabajadores, será la continuidad aún más autoritaria del golpismo de Michel Temer, con la ayuda de su amigo, el juez Sérgio Moro, que ya vislumbra un cargo en este gobierno de corruptos luego de haber "prestado buenos servicios" a través de la operación Lava Jato.

La estrategia del Partido de los Trabajadores (PT) brasileño, meramente parlamentaria y electoral, demostró ser absolutamente impotente para frenar la extrema derecha de Bolsonaro.

Luego de los resultados electorales, Haddad y la dirección del PT cometieron la indignidad de "felicitar" al esclavista Bolsonaro por la victoria. Llegan incluso a no mencionar absolutamente nada sobre cómo estas elecciones fueron completamente manipuladas, "digitadas" por el golpismo desde el inicio al fin. Para el PT, las elecciones golpistas fueron "legítimas"

.

¿Cuáles son los objetivos de esta conducta? Si nos adentramos de forma más exhaustiva en la historia política de Brasil, podemos observar que es evidente que la estrategia de conciliación de clases del PT no empezó ayer, sino que se encuentra en su ADN desde su nacimiento como partido, poniendo en los principales acontecimientos de los últimos 30 años del país vecino la marca de su defensa de la institucionalidad burguesa.

Esto llega a tal punto que alguien como el expresideciable Ciro Gomes - oligarca que de izquierda no tiene nada y le gustaría aplicar con sus propias manos una reforma previsional según los intereses de los capitalistas - dijo en una entrevista que tiene el objetivo de crear "una izquierda sin la hegemonía del PT".

Con Bolsonaro electo, los brasileños deben preguntarse: ¿Van a abandonar su lucha y dejar todo en manos de la "oposición petista" y de su estrategia de conciliación de clases que los condujo hasta aquí?

No se puede abandonar la lucha y dejarla en manos de la "oposición parlamentaria" del PT

El PT, desde su surgimiento, demostró ser conciliador con su programa en todos los momentos políticos fundamentales de la transición brasileña: en la campaña de las Directas, en la Asamblea Constituyente encabezada por Sarney y por los militares, en las elecciones de 1989. Este compromiso crucial con la estabilidad burguesa es la “segunda esencia” del PT a lo largo de toda su historia. Estando en el Poder Ejecutivo a lo largo de la década de 2000, ya como un pilar decisivo del régimen burgués, el PT hizo una combinación de créditos, consumo y conciliación de clases, distribuyendo alguno que otro asistencialismo, diseminando la ilusión de que se podía crear un “Brasil con potencia”, administrando el capitalismo con “rostro humano”.

El fin del gran ciclo de las materias primas en el escenario económico mundial poscrisis de 2008 hizo que esta ilusión estallara políticamente en las Jornadas de junio de 2013. Se rompía, en aquél entonces, la mayor conquista de los gobiernos del PT que era el total inmovilismo de la sociedad civil, que el partido había logrado en sus años de auge: la pasividad y ausencia de movilización, como señalaba Perry Anderson.

El “reformismo light” del gobierno de Lula se orientó a garantizar la máxima ganancia a los capitalistas y a tranquilizar los inversores extranjeros a través de la contención de la lucha de clases. Así lo demostraron ante las impresionantes huelgas de las canteras las obras del plan de crecimiento implementado por Dilma Rousseff, las posteriores Jornadas de junio de 2013, la ola de huelgas de 2014 y las luchas de empleados públicos. Para contener estas expresiones de lucha, la burocracia sindical del PT (sobre todo, la Central Única de los Trabajadores - CUT) tuvo un rol fundamental para fragmentar, aislar y derrotar a los trabajadores, para lograr construir una pasividad del movimiento obrero tanto en el período anterior al golpe institucional como en el período posterior.

Tras gobernar años junto a los capitalistas, asimilando sus métodos de corrupción y haciendo alarde por garantizarles asombrosas ganancias, el PT quiso demostrar que todavía podía ser su servidor empezando con el segundo mandato de Dilma, aplicando ajustes contra la clase trabajadora, y con esto terminó de desmoralizar a su propia base social, abriendo las puertas al golpe que puso a Temer en el gobierno para avanzar más rápido con los ataques.

La reacción represiva del gobierno de Dilma, con la Ley Antiterrorista, por ejemplo, la adopción de métodos corruptos comunes al capitalismo y los grandes ataques a sectores de masas pavimentaron el camino hacia el golpe institucional de 2016.

En 2017, en las grandes manifestaciones de los trabajadores contra la Reforma Previsional y Laboral, las centrales sindicales - controladas por el PT, la CUT, y la Central de los Trabajadores y Trabajadoras de Brasil (CTB), dirigida por el Partido Comunista de Brasil - hicieron todo lo posible para contener al movimiento obrero. Después de un paro general, realizado el 28 de abril de ese año, que puso en la cuerda floja al golpista Temer, las centrales se enmudecieron y paralizaron la iniciativa de los trabajadores, para que los golpistas pudieran ganar tiempo y gobernabilidad. Esto permitió que Temer metiera, sin ninguna resistencia, la nefasta Reforma Laboral brasileña y la tercerización irrestricta, medidas esclavistas que serán aprovechadas por Bolsonaro, que avanza para aniquilar la seguridad social, utilizando los "bocetos" de Temer.

Aunque existe una amenaza de que Bolsonaro intente aprobar parte de la Reforma Previsional de Temer en este mismo año, el PT y la CUT insisten en su indignante parálisis.

La estrategia del gobierno del PT en 2018, puramente electoral, de contención de la lucha de clases, para canalizar el descontento del terreno de los votos, es incapaz de ofrecer cualquier resistencia seria a la continuidad del golpe institucional. Presentándose como la “oposición”, su política de responder al odio destilado por la Lava Jato y por la Red Globo, con ilusiones en el Poder Judicial y en las elecciones, terminó siendo completamente impotente para poner un freno al avance de la extrema derecha.

¿Los brasileños deben esperar el 2022?

Amplios sectores de la población trabajadora odian a Bolsonaro, a su programa ultra neoliberal y saben que ese esclavista atacará a todos sus derechos. Sin embargo, la dirección del PT renuncia a denunciar todo el autoritarismo judicial - tutelado por las Fuerzas Armadas - que manipuló cada centímetro de las elecciones brasileñas, a través de una "oposición" impotente para enfrentar los ajustes.

¿Cómo enfrentar a Bolsonaro el PT si ni siquiera admite el brutal autoritarismo judicial que controló cada centímetro de estas elecciones, robando votos a los nordestinos, rompiendo la confidencialidad de las delaciones contra su propio partido, permitiendo que Bolsonaro se beneficiara del financiamiento ilegal en el escandaloso caso de las Fake News antipetistas?

Está claro que la estrategia del PT sigue siendo la conciliación de clases y es meramente electoralista. El "respeto a los ritos", esperar a que las cosas se calmen, les sirve como estrategia política para "esperar el 2022", separando las cuestiones democráticas de las cuestiones económicas, para escenificar una oposición parlamentaria que sabe cómo ser impotente y hacerse a un lado – inmovilizando a las centrales burocráticas – ante todos los principales ataques económicos de Bolsonaro contra los trabajadores. Es lo que Lula denomina "dejar desangrar al gobierno".

Una izquierda realmente anticapitalista, socialista y revolucionaria

Los trabajadores brasileños no pueden ser rehenes de la conciliación del PT, que ya demostró su impotencia para retirar al país de su espiral de atraso, decadencia y sumisión, que se incrementará enormemente con el gobierno de Bolsonaro. No hay medias tintas: o se lucha por un gobierno de los trabajadores que rompa con el capitalismo, basado en las organizaciones de la democracia directa de las masas - construyendo una alternativa política de los trabajadores, con independencia de clase - o la clase trabajadora brasileña terminará siempre rehén de los reformismos que generan impotencia ante las ofensivas autoritarias del capitalismo.

Para combatir seriamente el avance de la extrema derecha y del golpismo en Brasil, los sindicatos, las centrales sindicales y las organizaciones estudiantiles y populares deben impulsar Comités de Base para organizar la lucha contra la Reforma Previsional y los ajustes de Bolsonaro, y preparar un gran paro nacional junto a las movilizaciones en las calles brasileñas.

Estos comités y esta organización de los trabajadores y la juventud son necesarios para combatir todas las reformas reaccionarias del gobierno de Temer y crear un gran movimiento por el no pago de la deuda pública, por la estatización bajo gestión de los trabajadores y control popular de todas las grandes empresas involucradas en casos de corrupción, por la abolición de la Reforma Laboral y la tercerización irrestricta, y por el fin de cualquier intento de reforma previsional.

En Brasil está planteado organizar una fuerza independiente de los trabajadores, a la izquierda del PT, que supere la tragedia de la conciliación de clases para luchar para que los capitalistas paguen por la crisis.






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