Juventud

PRUEBA DE SELECCIÓN UNIVERSITARIA

PSU: El filtro de clase en la educación superior

Este 28 y 29 de noviembre se rinde la Prueba de Selección Universitaria (PSU), la prueba que decide quién ingresa a la educación superior y quiénes quedan fuera.

Alejandra Decap

Vocera Nacional ACR

Lunes 28 de noviembre | 07:05

La PSU es un instrumento de medición: una prueba anual de selección múltiple, que rinden los estudiantes egresados de 4to medio de todo el país, y además todos y todas quiénes deseen ingresar a alguna institución de educación superior.

Dicha prueba considera "competencias necesarias" para ingresar a la enseñanza universitaria, en 4 áreas del conocimiento: Lenguaje, Matemáticas, Ciencias e Historia y Geografía.

Junto con la PSU, existen otros factores que completan el Sistema Único de Admisión (SUA): El puntaje ponderado del promedio de notas de la enseñanza media (NEM) y el ránking, es decir, la traducción en puntaje PSU del NEM que obtuvo el estudiante respecto al resto de sus compañeros y compañeras de generación en el mismo establecimiento educacional.

Estos últimos criterios de evaluación fueron incorporándose dentro de las tácticas del Consejo de Rectores y el DEMRE para hacer del acceso una cuestión más inclusiva hacia los y las estudiantes de peor situación económica: nada más lejos de la realidad.

Expectativas versus realidad

La PSU entra en vigencia el año 2003 en reemplazo de la Prueba de Aptitud Académica, que fue criticada ampliamente por su sesgo discriminatorio en términos de clase y género: es decir, era una prueba que no buscaba democratizar el ingreso a los planteles universitarios sino que por el contrario, los restringía aún más, siendo para los estudiantes más pobres casi un imposible el ingresar a la Universidad.

La realidad ha golpeado duramente las supuestas buenas intenciones de los diferentes gobiernos, tanto de la derecha como de la Nueva Mayoría Ex Concertación.

Los resultados hablan por sí solos. En promedio, el 70% de las y los estudiantes que provienen de liceos públicos no logra superar los 500 puntos, y casi 1000 estudiantes que obtuvieron mejores puntajes por NEM y ránking el 2015 no pudieron acceder a ninguna beca, porque no alcanzaron el resultado mínimo exigido por el Mineduc de 500 puntos.

Ya el estudio Pearson realizado el 2013 había puesto énfasis en la complejidad de la prueba de matemáticas, sesgos en preguntas de Historia y cuestionado su dependencia a la Universidad de Chile vía el DEMRE.

Educación al servicio del mercado

La PSU no solamente es cuestionada por la inequidad en el ingreso a la educación superior, sino que además realiza ésa segregación justificandose en criterios pedagógicos neoliberales ligados al desarrollo de habilidades y competencias que preparen al estudiante a un consumo pasivo del conocimiento, y un ingreso a la vida laboral profesional exitosa bajo los términos del mercado.

No solamente eso, sino que además ha generado un lucrativo negocio: los preuniversitarios, encargados de hacer lo que la escuela debería hacer pero no hace, sin cuestionarnos ese vacío que hay entremedio.

El problema medular es que hoy en Chile no puede estudiar todo aquél o aquella que quiera hacerlo; no depende solamente de la voluntad individual sino que está signado por la clase social a la que se pertenece y al capital cultural que se posee. Incluso, muchas y muchos de los estudiantes de familias obreras que ingresan a la Universidad terminan abandonando los estudios por no poder sostener el proceso materialmente, aún con becas y ayudas estudiantiles.

No es necesario solamente una educación gratuita, sino también definir el libre acceso a las universidades estatales, para que nadie quede fuera, y asi podamos transformar la universidad para ponerla al servicio de la clase trabajadora y el pueblo, y no de las grandes fortunas.




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