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Brasil - Debates en la Izquierda

PSTU: Un discurso rojo para encubrir su adaptación a la democracia burguesa

Cuando un partido erra de forma tan grosera como el PSTU erró durante todos los sucesos que llevaron al golpe institucional, es natural que surja la tentación de “pasar la página” aprovechando los cambios posteriores en la situación política.

Viernes 2 de junio | Edición del día

El problema es que los errores del pasado continúan atormentando la política del presente, cuando no son reconocidos, llamados por su nombre y superados de raíz. Por eso es que Lenin, el mayor constructor de partido que la historia revolucionaria conoce, insistió tanto en esa idea a lo largo de su vida.

Sin embargo lejos de autocriticarse por la política de adaptación a la operación judicial Lava jato y el Impeachment (destitución parlamentaria contra Dilma Rousseff), el PSTU sigue su camino de sindicalismo “apolítico” por un lado, y por otro de adaptación a los “opositores del momento” en el terreno político. Con un discurso aparentemente revolucionario y rojo, intenta enmascarar una política sin norte, de adaptación permanente a la burocracia sindical, y en el terreno político oscila entre la adaptación, el año pasado a la derecha golpista, y ahora al PT en la oposición.

De la adaptación a los golpistas a la adaptación al PT

En la época del golpe institucional, la política del PSTU se adaptó sin ninguna vergüenza a los golpistas, tanto a quienes seguían a la “república de Curitiba” (ciudad en la que se encuentra el foro del juez Moro de la Lava Jato) y la corporación mediática O Globo, como a quienes se inclinaban por los movimientos juveniles golpistas como el MBL y Vem Para Rua –con quienes compartían incluso la consigan central de “Fuera Todos”. En la práctica, el PSTU celebró el impeachment protagonizado por el bando de los enemigos del pueblo de Brasilia, como una especie de primer paso, limitándose a decir que “era insuficiente” y que cambiaba “seis por media docena”. Es cierto que este partido nunca llego al extremo del MES de Luciana Genro, que gritaba “viva la Lava Jato” cuando esa operación cumplía el doble papel reaccionario de fortalecer el autoritarismo del Poder Judicial y de favorecer una penetración imperialista aún mayor en el país –vía debilitar los mayores monopolios “nacionales” como Petrobras, Odebrecht y JBS-. Pero esa diferencia táctica es secundaria, ya que ambos partidos eligieron estar, estratégicamente, ligados a la locomotora golpista.

Como ya preveíamos entonces, una vez consumado el golpe institucional, el PSTU en su lógica simplista (“objetivista”), se pasaría como aliado del petismo, que ahora estaba en la oposición, para combatir “al gobierno de turno”. La llave para descifrar este enigma es muy simple: el PSTU abandonó un plan de acción necesario para una estrategia obrera independiente. Camina de táctica en táctica, a la deriva y a merced de quien este a la cabeza de la “movilización de las masas” en cada momento.

Un “Frente único diplomático” con la burocracia sindical

La contrapartida con esa falta total de personalidad política –que va mucho más allá de los resultados electorales desastrosos, aunque también se expresan en ellos- es la adaptación sindicalista a la burocracia traidora de las grandes centrales sindicales. Una adaptación que, en el caso del PSTU viene de lejos, pero que dio un salto después de las manifestaciones de junio del 2013.

Sería absurdo creer que solo las palabras conciliadoras o los gestos diplomáticos obligan a la acción a los dirigentes de las centrales como la CUT y la CTB, ni hablar de Fuerza Sindical, UGT y compañía.

Las importantes huelgas nacionales del 15 de marzo, y especialmente la del 28 de abril, están lejos de expresar un “triunfo de la diplomacia” entre los dirigentes sindicales, como algunos quieren. Al contrario, muestran que, mientras intentan contener al máximo la lucha de clase, la “guerra abierta” que la burguesía declaró contra los derechos históricos de los trabajadores, obligó hasta a los burócratas más resistentes a tener que hacer algo, bajo la posibilidad de ser sobrepasados por la base.

Pero el PSTU, que tiene un papel dirigente en la CSP-Conlutas, insiste con aquella visión de privilegiar la “diplomacia sindical”.

Incluso luego del papel que jugaron las direcciones traidoras en el acto de Brasilia el pasado 24 de mayo, Zé Maria en su artículo de balance no sólo no crítica abiertamente a esas direcciones, literalmente le “paso el paño” a esos dirigentes.

Para espanto de todos los que estuvieron acompañando vivamente la acción, dice Zé Maria:

“La verdad, de la misma forma que aquellos trabajadores en los años 70 y 80, los manifestantes que estuvieron en Brasilia se enfrentaron a la violencia policial para defender sus derechos –no solo de miles de trabajadores, trabajadoras y jóvenes de la CSP-Conlutas, sino también los de Fuerza Sindical, de la UGT, de NCST, de la CUT, de la CTB que participaron en la resistencia –están de parabienes.”

Aún más, Zé Maria dice que todos esos sectores, además de estar “de parabienes”, son un “un ejemplo a seguir” y dieron una “linda demostración de disposición y determinación”. Claro que un militante del partido dirá que él habla de “los trabajadores de base de esas centrales sindicales”, pero la ausencia de cualquier nota crítica al papel concreto de las direcciones traidoras en el terreno, muestra que aquí el objetivo central continuó siendo la diplomacia. Lo que es una pena, pues el episodio podía ser una oportunidad para afirmar a la CSP-Conlutas como una alternativa para sectores de masas, y no solo para los que estaban allí y saben que las cosas “no fueron así”, ya que las centrales sindicales se negaron abiertamente a cualquier tipo de resistencia mínima a la represión y a condenarla públicamente.

Debates de estrategia

Recientemente, el dirigente histórico del PSTU, Eduardo Almeida, escribió una editorial con un título sugestivo: “El momento es de acciones unitarias y de debatir las diferencias estratégicas”.

Después de algunas frases generales sobre la necesidadde la unidad de acción contra las reformas (algo que nadie osaría a cuestionar), Eduardo Almeida afirma: “En estos días se enfrentan dos políticas diferentes. Mismo en el marco de la unidad de acción, es preciso debatir estrategias”.
Y continua “De un lado están aquellos aferrados a los gobiernos petistas y al bloque Lulista de hoy. Esos difendieron al gobierno de Dilma, dijeron que las denuncias de corrupción y su derrumbe fueron un “golpe” que expresaba una “onda reaccionaria”, un giro a la derecha en la realidad política”.

Eduardo Almeida, en su simplificación un tanto desesperada, acaba teniendo que igualar al PT y el PSOL… y fingir desconocer la existencia no solamente del MRT, inclusive del MAIS, a pesar de que ese grupo represente la ruptura de aproximadamente la mitad de las filas del viejo PSTU.

“En esencia, ellos defienden una salida electoral. Basta con defender ’Lula 2018’ o ’Chico Alencar 2018’ y todo estará resuelto”, dice Almeida.

¿Pero entonces cuál es la salida política propuesta por el PSTU?

A pesar de las apariencias, la verborragia izquierdista de Eduardo Almeida, con todo su ímpetu “antielectoral”, termina más de una vez en… Elecciones generales. Una política que más que nunca favorece al petismo y es a la aplicación “a su manera” de los ajustes contra los trabajadores y el pueblo pobre.

Y es Zé Maria, la figura pública obrera del partido, a quien le cabe defender semejante política en sus discursos y también en vídeo: “Si a falta de una alternativa mejor en este momento, tendremos que recurrir a las elecciones, vamos a recurrir a las elecciones generales: presidente, senador, diputado, gobernador, darle una oportunidad al pueblo de cambiar a todo el mundo (…) ¿No sería mejor así?” (Vídeo de Zé María, ver en el minuto 1 con 20 segundos)

Ahí está el “quid” de la cuestión. Toda la propaganda roja del PSTU sobre “consejos populares” y “trabajadores al poder” no cumple otro papel que de cobertura de una política totalmente adaptada al régimen democrático burgués y al PT. En otras palabras, si la corriente de Zé Maria fuese una corriente meramente sindical, nuestra crítica se parecería a la crítica de los bolcheviques a las corrientes “sindicales revolucionarias”, que se negaban a actuar en el campo política. Pero el PSTU no es una corriente sindical, a pesar de actuar como si lo fuese. Es un partido político, y por eso su adaptación a la política burguesa no es apenas una (peligrosa) insuficiencia, es una decisión consciente, basada en una estrategia y en una teoría que ya se mostraron equivocadas en varias ocasiones.

Un intento desastroso de encubrir la capitulación al golpe

Veamos lo que Eduardo Almeida tiene que decir en el intento de definir su propio bloque político, en el artículo antes mencionado: “Del otro lado están aquellos que, como los militantes del PSTU, defendieron el Fuera Dilma, Fuera Temer, Fuera Todos (se olvida de nombrar a el MBL y a Vem Para Rua, etc). Están aquellos que no apollaron el gobierno burgués y corrupto de Dilma. Los que decían que l eimpeachment no era la solución porque la alternativa sería colocar a Temer por la vía indirecta, cambiar seis por media docena. Pero que estábamos a favor de su derrumbe por el movimiento de masas” (olvida decir: por las masas trabajadoras ¿o por las “masas verde-amarillas” de la Casa Grande?).

La diferenciación superficial, manipuladora, que Almeida intenta colocar se resume al decir, “no hayamos que eligiendo Lula o Chico Alencar vamos a resolver los problemas del país. Porque las eleciones son controladas por la burguesía, como la trágica historia del PT demostró. Nosotros apoyamos la movilización de masas, la organización de comités por la base, la huelga general para ir construyendo otro poder, otra estrategia”

En este párrafo se reduce toda la impotencia del partido: al final, donde se establece la movilización de las masas, la pregunta sigue siendo: ¿cómo hacerlo sin dar ejemplos concretos de la auto-organización de los comités por la base? Y sin dar una lucha concreta, furioso, mortal, para desenmascarar las direcciones traidoras que ahora son la más grande, por no decir la única "garantía" de la estabilidad del régimen (menos que las fuerzas armas, por supuesto, pero que la confusión se muestra en 24/5 entre Temer y Rodrigo Maia ya demuestra que es más fácil llamarlas de tratar de utilizarlas realmente). Y donde debe dar al menos alguna alternativa política concreta, el PSTU la omite lo más que puede (la antigua "táctica del avestruz"), pero cuando ya no se puede ocultar, está obligado a decir que: entonces que las elecciones "no sean sólo para presidente, también para senadores, diputados, gobernadores ...". Es decir, bajo el mismo régimen burgués, que todavía se cierne sobre nosotros y nos da las reglas.

Conclusión: ¿Un partido sin rumbo estratégico?

En los años del primer gobierno de Lula (2002-2003), el PSTU apareció como la principal alternativa política a la izquierda del PT, que después de la década de "oposición pasiva" a la ofensiva neoliberal de FHC en la década de 1990, dio un paso más hacia la derecha con el programa ajustador del primer gobierno Lula, cuyo ministro de Hacienda no era otro que Henrique Meirelles que ahora dirige el gobierno golpista.

La posición del PSTU, aunque evidentemente muy minoritaria, le dio una visibilidad que llegó a alimentar la dulce ilusión de que podría capitanear todo el proceso de "ruptura de masas con el PT," el partido vaticinaba el pronostico inmediato - no sin una buena parte del antiguo "objetivismo morenista"-. Tan fuerte se sentían, que pensaban que el proceso que condujo el PSOL podría darse bajo su batuta. Y que, fundando una nueva central sindical, la Conlutas, guiarían una mayoría a romper la CUT, una especie de repetición mecánica (es decir, de fantasía) con el proceso de construcción de la CUT en ruptura con las costras de la dictadura, en los años 1980.

No podemos tratar estos temas aquí, pero es importante que toda la vanguardia tenga la dimensión de la decadencia histórica que la insistencia, arrogante, en no reconocer los errores llevó un partido así.

Eduardo Almeida y su partido, que ha sido visto como "faro" de la izquierda brasileña, camina sin rumbo actual, reducido a un "unificador sindical" sin política independiente.

Traducción: Diego Sacchi








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