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Otro fracaso de la tecnología transgénica: el maíz Bt necesita “refugiarse”

“Se generaron resistencias a la proteína Bt en maíz” dijo Alfredo Paysero, gerente general de ASA, reconociendo que después de sólo 20 años la acción tóxica de esas semillas ya no funciona.

Roberto Andrés

@RoberAndres1982

Lunes 21 de agosto | 21:18

La tecnología Bt fue introducida por Monsanto, quien transformó maíces logrados por técnicas de mejoramiento genético tradicional incorporando genes de la bacteria Bacillus Thuringensis (Bt), la cual vive normalmente en el suelo produciendo una potente toxina denominada endotoxina delta que mata las larvas de insectos lepidópteros al afectar su intestino. Al incorporar al genoma del maíz los genes Cry, que expresan la endotoxina delta de B. thuringensis, transformaron fuertemente su constitución genética. Fue denominado MON810, uno de los maíces transgénicos más utilizados en el mundo, que comercialmente se lo conoce como Maíz Bt. La liberación de su cultivo fue autorizado para Argentina en 1998 y a partir de ese momento cada mamífero que come maíz Bt ingiere grandes cantidades de genes de endotoxinas delta de esta mortal bacteria.

Pero ocurre que la presión de las plagas es continua. No todas las orugas son controladas. Las poblaciones de insectos tienen un nivel de diversidad natural que les permite a algunos individuos sobrevivir a la protección de los maíces Bt y reproducirse, dejando descendencia resistente. El aumento de la cantidad de orugas resistentes hace que una población de insectos que era controlada por el cultivo Bt deje de serlo con la efectividad inicial.

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En el marco de la celebración del XXV Congreso de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), Alfredo Paysero, gerente general de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA), declaró a Clarín Rural: “Se generaron resistencias a la proteína Bt en maíz por el mal manejo de los refugios. Esto significa que, en muchos casos, el productor no pudo identificar el problema, las empresas no aportaron la solución a tiempo y se relajaron los controles”. Por conexión, son altos los riesgos de que las malas prácticas de manejo también impacten sobre la soja Bt.


Alfredo Paysero, gerente general de la Asociación de Semilleros Argentinos (ASA).

La Asociación de Semilleros Argentinos (ASA) es la entidad que representa a todas las empresas de semillas más importantes del país. Su comisión directiva está comandada por Alfredo Paysero, pero también cuenta entre sus miembros con Juan Farinati de Monsanto Argentina, Antonio Aracre de Syngenta Agro, Sebastián Schneider de Pioneer Argentina, Raúl Palmieri de Dow Agroscience, Federico Trucco de Bioceres, Ricardo Fernandez Pancelli de BASF y Magdalena Sosa Beláustegui de Bayer.

“Estamos a tiempo de mitigar la problemáticas en algunos casos, retrasar en otros y detener en las mejores situaciones”, declaró Paseyro, pero su preocupación persiste puesto que según él “no se prevé la llegada de nuevas tecnologías como el Bt hasta el año 2025”.

Al respecto, ASA vienen trabajando desde el año pasado para incentivar a los productores agropecuarios a volver intensamente a la práctica de “refugios”. Esto significa sembrar una parte (un 10 % aproximado) de la superficie de soja y maíz con un lote de semillas que no estén modificadas genéticamente, lo que permitirá según Paseyro, empezar a minimizar los riesgos de generar la resistencia en ciertos lepidópteros. Esta iniciativa motivó que ASA firmase un acuerdo de vinculación tecnológica con el INTA para generar información sobre la resistencia a la proteína Bt. Ahora buscan agregar a Aacrea y Aapresid. Con la comisión directiva de estos últimos se reunieron durante el Congreso.

Carlos Vicente es miembro de GRAIN, una pequeña organización internacional que trabaja apoyando a campesinos y a movimientos sociales en sus luchas por lograr sistemas alimentarios basados en la biodiversidad y controlados comunitariamente.

Consultado por La Izquierda Diario, Carlos Vicente señaló: “Lo que está ocurriendo con el maíz Bt es lo que obviamente iba a ocurrir y denunciamos hace 20 años, que desarrollando semillas que fuesen insecticidas y ante el monocultivo en grandes superficies, millones de hectáreas (hay que imaginarse en la Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), iban a aparecer insectos que se adaptaran y que pudieran resistir al insecticida que producen las plantas, y por lo tanto atacarla”.

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Farmacéutico de profesión, Carlos Vicente además forma parte de la agrupación argentina Acción por la Biodiversidad. Para él, “desde el momento en que se autorizó el cultivo de maíz Bt se trató de establecer como norma que se crearan “refugios” para que otros insectos pudiesen sobrevivir, cultivando estas barreras de maíz no transgénico la posibilidad de que el maíz albergara a otros insectos y entonces se mantuviese esta diversidad. Por supuesto que frente a un modelo que lo que impone es el monocultivo en grandes superficies, la única alternativa es sembrar solo maíz transgénico. Esto es lo que ha ocurrido y estos refugios no se han creado en ningún lado, y por lo tanto ocurrió lo inevitable. Hoy el maíz Bt dejó de ser efectivo. En Brasil se están produciendo enormes pérdidas”.


Carlos Vicente, miembro de GRAIN y de Acción por la Biodiversidad.

Según el ecologista, esta tecnología “que por otro lado tiene un montón de otros problemas, para lo único que fue creado es para que fuese insecticida para un tipo de lepidóptero. Esto ha dejado de ocurrir. Entonces la tecnología deja de ser útil, deja de funcionar y deja de tener sentido. Esto es lo que ocurre con todos los transgénicos. Lo mismo ha ocurrido con los resistentes al glifosato, que han aparecido malezas resistentes y ya hay millones de hectáreas en las cuales estas malezas se reproducen”.

En cuanto a lo que “dice el presidente de la ASA de crear refugio”, para Carlos Vicente en realidad es otra cosa: “Ellos no quieren admitir el fracaso. Insisten con soluciones tecnológicas que van profundizando la problemática y que en la práctica ni siquiera se aplican. Lo que deberían hacer es reconocer el fracaso y abandonar estas tecnologías transgénicas que no conducen a ningún beneficio, y que sí son parte de este control corporativo de todo el sistema agroalimentario que estamos sufriendo y que está provocando desastres socioambientales por un lado y hambre por el otro”.






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