Política

OPINIÓN

Orden y progresismo

Los vaivenes del gobierno ante la agenda de orden que impone su orientación económica y política general, y el progresismo de su discurso.

Fernando Rosso

@RossoFer

Jueves 13 de noviembre de 2014 | Edición del día

Fotografía: DYN

El mismo día que los despedidos de la autopartista Lear volvían a cortar parcialmente la Panamericana sin la presencia de la Gendarmería, el plenario conjunto de las comisiones de Justicia y Asuntos Penales, y Presupuesto y Hacienda del Senado, aprobaba el dictamen del Código Procesal Penal con más de 40 modificaciones.

Frente a la crisis que generaron los impulsos salvajes del desatado Secretario de Seguridad -tanto frente la protesta social como ante los extranjeros-, la coalición gubernamental entró en crisis con su figura a la que debió correr del centro del escenario. Su protagonismo hoy está a kilómetros del que ocupó en los últimos tiempos, con la excepción de sus “espectaculares” intervenciones en casos de narcotráfico. Pasó de los uniformes de fajina y el helicóptero monitoreando la represión a los piquetes al elegante y moderado traje y corbata en la TV, con intentos de un discurso civilizado.

Una jueza federal le ordenó apartarse de los conflictos obreros alrededor de la Panamericana por la “conmoción política” que generaban sus represiones contra personas que defienden sus puestos de trabajo. A la protesta de este miércoles fue enviada la Policía Federal y el Cuerpo de Infantería.

Mientras tanto, en el Congreso los contornos más burdamente represivos y xenófobos del nuevo Código Procesal Penal intentaron ser modificados en las comisiones del Senado para que se pueda aprobar el dictamen. Se eliminó el concepto de “conmoción social” que se había introducido en el proyecto como parámetro para evaluar la gravedad o no de los delitos, y se intentó moderar el artículo que estigmatiza a los extranjeros, quitándole el derecho a un juicio en el país si eran sorprendidos en “flagrancia”.

El dolor de ya no ser

El agotamiento del “modelo” impulsa dos fenómenos: los conflictos de trabajadores y el agravamiento de la crisis social que siempre viene acompañada por el discurso del miedo con la bandera de la llamada “inseguridad”.

Frente a esto el gobierno zigzaguea pragmáticamente. Cuando gira a la derecha para responder a la demanda de “seguridad” y de orden, policializando la crisis social, corre el riesgo de perder su base progresista. Debe volver sobre sus pasos, sin resolver ninguno de los problemas.

Una respuesta profunda a ambas cuestiones impone avanzar sobre los intereses de las multinacionales, los buitres “buenos” o “malos”, la patronal agraria y los bancos; con medidas que permitan evitar los despidos, generar trabajo para la juventud y mejorar la calidad educativa. La gran industria del delito está organizada desde las fuerzas policiales, en lo inmediato desmantelando esas mafias se reduciría considerablemente el “pequeño delito”.

Esta no es, ni de cerca, la orientación económica y política del gobierno que como lo demuestra en Lear está dispuesto a defender los negocios empresarios, así como acordar con los buitres para seguir pagando serialmente.

Frente a esa situación se condena a la impotencia. Su orientación general le reclama un nuevo orden, que su relato de progresismo no le permite imponer. El difícil trance entre el partido de la contención que no termina de morir y el partido del orden que no termina de nacer, o dicho epigramáticamente, la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser.

(Título tomado del libro "Orden y Progresismo" de Martín Rodríguez)







Temas relacionados

Código Procesal Penal   /    Código Civil y Comercial   /    Sergio Berni   /    Opinión   /    Política

Comentarios

DEJAR COMENTARIO