Política

SANTA FE

Operación rescate (y preocupación por la posibilidad de nuevos fraudes)

Contradictorios como siempre, los principales diarios niegan el fraude pero se preocupan de que el fraude se repita en otras provincias.

Cecilia Rodríguez

@cecilia.laura.r

Domingo 26 de abril de 2015 | Edición del día

El 78% de los santafesinos opina que hubo fraude. Los diarios locales prefirieron vestirse de El Chapulin Colorado y salir a defender al Gobierno. En La Capital, Mauricio Maronna reemplazó su nota de opinión por una extensa entrevista al Gobernador que hace tapa, donde se reiteran los mismos argumentos insólitos para explicar lo inexplicable, y algunas mentiras: “Quieren desprestigiar a un gobierno que en 26 años no tuvo denuncias de corrupción.” Las denuncias de corrupción han sido muchas (por empezar, Bonfatti fue acusado de recibir dinero narco para su campaña) que no se hayan investigado es otra cosa. De La Capital no extraña nada: mientras todo los medios dieron cuenta de la denuncia de Octavio Crivaro, candidato a Gobernador del Frente de Izquierda (la lista más damnificada por el escándalo, como reconoce Bruschtein en Página12), la Capital la silenció absolutamente.

La misma línea sigue el Diario El Litoral. “Sí, hubo irregularidades. Pero fraude no hubo”, dice Rogelio Alaniz. Por su parte, Darío Schueri repite los argumentos del gobierno al echarle la culpa a los presidentes de mesa y trata de explicar, sin muchos argumentos convincentes, que el socialismo reaccionó tarde porque “estaba golpeado por el resultado electoral”.

En el terreno de los diarios nacionales, la cosa es más sutil, pero no muy diferente. Germán de Los Santos, en nota para La Nación, no se mete en la discusión fraude si o fraude y Eduardo van der Kooy de Clarin prefiere hablar de un “horror”. “No es serio definirse de modo tajante pero parece raro que se fragüen resultados para aparecer perdiendo por menos de 5000 votos” dice Mario Wanfield en Página12, mientras en el suplemento rosarino Pablo Feldman alaba la tibieza pejotista y tilda las denuncias de fraude como “dislates” del PRO. Todos coinciden en ocultar la denuncia específica de la izquierda, que tiene la única explicación coherente de los motivos del fraude al escrutinio provisorio que, por lo bajo, reconocen propios y ajenos al Frente Progresista.

Los medios parecen haberse unido, luego del escándalo de los primeros días, en un frente unificado para rescatar al Frente Progresista. Que se doble, pero no se rompa, parece ser la divisa. ¿Estará anunciando esto un acuerdo entre el PJ, el PRO y el Frente Progresista para salir de esta crisis con el PS desgastado pero de forma “ordenada” para el régimen político?

Festival de elecciones ¿festival de fraudes?

Pero en medio de tanto humo, una verdad se filtró. El fraude santafesino prendió varias alertas… que solo pueden prenderse si efectivamente es un fraude. Así lo dice Bruschtein en Pagina 12 cuando habla de que todas las elecciones tienen algo de fraudulentas. Así lo sugiere Van Der Kooy en su editorial. Pero más explícito fue el diario La Nación en una nota de éste sábado, en la cual expresan la preocupación de que el desdoblamiento insólito de elecciones provinciales con respecto a la elección nacional aumente la posibilidad de fraudes en las provincias.

El desdoblamiento garantiza que los escrutinios queden en manos de las justicias feudales provinciales, con muy poco control. Y de los poderes ejecutivos locales, que además de candidatearse por su continuidad, son los encargados del operativo junto a las policías provinciales. Ya circularon denuncias de maniobras e irregularidades en la elección Salteña. En Mendoza, con un decreto, se intentó cambiar la ley de la PASO en lo que respecta a los espacios de radio y televisión. Y luego se realizó una repartija de espacios de forma escandalosa, no contratando al principal canal. Finalmente, estalló Santa Fe. Aunque los motivos centrales de las maniobras fraudulentas son resolver disputas entre los partidos mayoritarios, la más afectada por ellas es siempre la izquierda, sometida a pasar pisos proscriptivos que varían de provincia a provincia y a encarar campañas donde se retacean los espacios gratuitos en los medios mientras los grandes aparatos políticos reciben financiamiento con la publicidad oficial que manejan o de grandes empresarios.







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