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“Olvidados”, una superproducción que se olvidó de la verdad

Javo Ferreira

Militante de la LOR-CI

Miércoles 8 de octubre de 2014 | Edición del día

El importante despliegue publicitario alrededor de la última producción de Carla Ortiz, los premios entregados por funcionarios del partido de gobierno el Movimiento al Socialismo (MAS), el aporte del viceministerio de Culturas, los elogios brindados por diversos programas periodísticos y culturales y, finalmente, la existencia de un elenco de actrices y actores de “lujo”, reconocidos en su ámbito, insinuaban un reverdecer del cine nacional boliviano y quizás, una suerte de reclamo a la sociedad frente a la persistente impunidad de militares, paramilitares y genocidas en todo el continente.

Sin embargo, al ver el filme, la decepción dio lugar a la bronca y a la indignación. La súper producción, el elenco de “lujo” y todos los piropos del poder, estaban al servicio de poner un nuevo manto de olvido a los crímenes cometidos por las dictaduras y el “plan cóndor”, resucitando la reaccionaria teoría de los “dos demonios”. Todo esto al servicio de una política profundamente reaccionaria que es la de facilitar el rumbo de colaboración del actual gobierno con los aparatos represivos del Estado, en este caso las Fuerzas Armadas (FFAA), como quedó claro en el discurso presidencial del 7 de agosto pasado, donde Evo manifestó que las FFAA ahora se reencontraban con el pueblo y se convertían nada menos que en “garantes” de la defensa de nuestros recursos naturales. Los asesinos de octubre del 2003, los francotiradores de la guerra del agua, los asesinos de Warisata en septiembre del 2000, y tantos otros posteriores a las dictaduras evidencian el nivel de impunidad de los aparatos represivos nacionales.

La teoría de los “dos demonios” y la ausencia de la clase obrera

La película, resucita, con casi treinta años de retraso, la teoría “de los dos demonios”, es decir, una teoría que surgió de la mano de varios partidos burgueses cómplices de la dictadura, y que al constatarse el genocidio que se había cometido con decenas de miles de desaparecidos, torturados y asesinados por parte de los aparatos represivos del Estado en todo el continente, intentaron mitigar este impacto político y social, convirtiendo a gran parte de las víctimas de este periodo, también en culpables por su “radicalismo” y poca “tolerancia de ideas” como manifiesta Ortiz en una escena.

Mientras el “demonio” de los militares y sus prácticas criminales están fuera de toda duda, no sólo en el filme, sino en la vida misma, en “Olvidados” el amplio espectro de los que están detenidos son militantes de grupos guerrilleros que habrían “provocado” la situación en la que se encuentran, mientras la pareja de protagonistas serian víctimas inocentes. Esta falsa construcción de la historia se ve reforzada al prácticamente desaparecer en el filme una víctima central como fue la clase obrera latinoamericana. Se olvida que la represión y las dictaduras estuvieron focalizadas esencialmente en decenas de miles de trabajadores que habían protagonizado, en el caso boliviano, la Asamblea Popular, que en Argentina llevaron adelante las coordinadoras interfabriles o en Chile los cordones industriales. El filme hace desaparecer este actor fundamental de la política latinoamericana de los 70, convenientemente, ya que la amplia mayoría de los desaparecidos eran miembros de organizaciones sindicales, comisiones internas y, también, pero no exclusivamente, estudiantes.

¿Justicia? ¿Reconciliación con los asesinos y secuestradores?

El mensaje de todo el filme culmina reivindicando los procesos judiciales que en Argentina se sucedieron en los últimos años como manifestación de que se empieza a lograr y se abre un nuevo capítulo en la lucha por la justicia. Así mismo, el filme deja entrever la existencia del militar que realizó estas labores en cumplimiento de su deber, pero que en el último aliento de su vida se arrepiente de todo ese negro pasado. Esta es una de las partes más vergonzosas de la película, ya que siembra la idea de la posibilidad de la reconciliación con los genocidas. No sólo eso, sino que incluso se olvida que la recuperación de los hijos de los desaparecidos, los casos que pudieron resolverse, fueron gracias a la tremenda y heroica lucha de los familiares y organismos de Derechos Humanos (DDHH) y no una dádiva o un gesto humano de los genocidas.

Los procesos abiertos en Argentina fueron el subproducto de la lucha de los organismos de DDHH y que el kirchnerismo utilizó para que se condene a unos pocos, mientras todo el aparato represivo con miles de torturadores, violadores y asesinos aún hoy siguen en funciones o forman parte de las estructuras de los aparatos represivos. Es más, Cristina Kirchner, nombró al militar genocida Milani, acusado por organismos de DDHH, como nuevo comandante en jefe del Ejército, buscando reconciliar a las FFAA con el pueblo con el objetivo de garantizar la estabilidad de los aparatos represivos del Estado en momentos en que la lucha obrera vuelve a cuestionar los planes de ajuste. Estos reaccionarios objetivos políticos como son la “reconciliación” con los aparatos represivos del Estado, es lo que ha motivado la generosa colaboración del viceministerio de culturas e instituciones públicas con una película que lo primero que ha hecho es olvidarse de la verdad.







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