Cultura

TELEVISIÓN // SERIE

Okupas a veinte años de su estreno

En octubre se cumple un nuevo aniversario de una serie mítica que aún perdura en el recuerdo.

Julio Urquia

@discipulodemarx

Lunes 19 de octubre | 10:00

Milagros inesperados

Fue el miércoles 18 de octubre a las 23 horas del año 2000 que por canal 7 se emitió el primer capítulo de un programa que ya podría haber pasado al olvido pero que el tiempo la erigió como un objeto de culto. En el año 1998 se había estrenado la película “Pizza, birra, faso” de los directores Bruno Stagnaro y Adrián Caetano, dando inicio a lo que se denominó como El nuevo cine Argentino. Con esos antecedentes fue que un productor entusiasmado busco a Stagnaro (creador, guionista y director), para hacer en la televisión algo similar. La teve argentina de los noventa tenía como base programas costumbristas que transmitían una visión idealizada y romántica de la clase media, con historias con conflictos mínimos que solo eran obstáculos para el predecible final feliz.

En esa atmósfera la propuesta de Okupas era disruptiva y experimental. El contraste con éxitos del momento como Grande Pá! (1991/1994) o Gasoleros (1998/1999) es notorio. Una deuda con el COMFER (hoy AFSCA), de la productora Ideas del Sur de Tinelli posibilitó la financiación y la teve pública poco preocupada por las presiones del rating le hizo un lugar en su grilla. El programa fue un éxito de público y de crítica. Recibió tres premios Martín Fierro (mejor serie, director y actor revelación para Diego Alonso). La serie fue retrasmitida en los años 2001 (Canal 7), 2002 (Canal 9) y 2006 (América). Hoy es posible verla en YouTube y a pesar de estar subida con muy mala calidad las vistas no paran de crecer.

Cuenta conmigo

La historia comienza con un desalojo y la imagen parece documental. La ficción está cargada de realismo y vemos como la policía irrumpe en una casona del centro porteño y varias familias son sacadas a la calle. El protagonista es Ricardo (Rodrigo de la Serna), un joven de clase media que dejó la facultad y no sabe qué hacer con su vida. Devenido cuidador de la casa desalojada comenzará a conocer una realidad que hasta ese momento le era ajena, tal vez como muchos espectadores que desde la ficción tendrán la oportunidad de acceder a un mundo desconocido. Allí se reencontrará con el Pollo (Diego Alonso), un viejo amigo de la primaria. El Pollo, más curtido en ese ambiente plagado de adversidades y violencia, será una especie de mentor para el protagonista. Se suman al grupo Walter (Ariel Staltari) y el Chiqui (Franco Tirri), dos personajes que aportan un poco de humor e incluso calidez. Los cuatro forjaran una amistad que irá creciendo a lo largo de los once episodios, transmitiendo una química notable de un grupo de actores que hasta el momento eran unos auténticos desconocidos. La ciudad de Buenos Aires, Quilmes y el Docke serán los escenarios naturales donde se desarrollará la trama, con sus trenes, colectivos y taxis como fieles compañeros. Cada personaje responde a diferentes estereotipos que no obstante son interesantes, aportando su cuota de ingenuidad, inteligencia y ternura. Un elenco plagado de actores que en su mayoría no eran profesionales, escenas rodadas sin permiso que llevaron a Rodrigo de la Serna a ser detenido por un policía, partes del guión escritas a último momento en servilletas de papel y mucho aporte actoral a la hora de la improvisación.

Sin embargo, muchos espectadores coincidirán en que el momento más recordado de Okupas fue cuando hizo su aparición el Negro Pablo interpretado por Dante Mastropierro, quien compuso un villano perfecto, el cual en aquel departamento del Docke, nos hizo sentir toda la densidad y la tensión ante la inminente violación del protagonista. Cuentan que para lograr ese clima fueron necesarios dos días de rodaje.

Rodar sin anhelos

Los años noventa habían terminado y en ese año 2000 el estallido estaba cerca. Los que se habían quedado afuera de la fiesta menemista, de repente se colaron en la televisión. El capitalismo argentino vivía su modernización neoliberal, un tiempo nuevo de flexibilización laboral y de privatizaciones de empresas estatales que nos insertaba en el mundo.

Al final de ese proceso no había naves espaciales que nos llevaran a tierras lejanas en minutos, hubo en cambio un aumento enorme de la desocupación y una precarización del trabajo y de la vida de millones que aun hoy no se han revertido. Ese era el contexto de Okupas que puede advertirse en la profundidad de campo cuando sutilmente irrumpían las problemáticas del trabajo y del conflicto social. Entre los puntos más destacados podemos señalar a los actores quienes junto al director construyeron personajes que en esa época fueron una apuesta novedosa y arriesgada.

La musicalización incluyó a bandas nacionales como Almendra, Sumo, Los Redondos y en buena medida también bandas extranjeras como The Doors, The Who y The Rolling Stones. Los Stones serán una referencia de Walter, el rolinga, quien al explicar qué significaban los rollings para él, tal vez nos da la clave de la filosofía de Okupas, “Yo te voy a explicar lo que quiere decir piedra rodante. Piedra que rueda sin anhelo, sin dirección, sin rumbo. Y yo de mucho tiempo atrás dije que era una piedra que rodaba”.

La cámara es testigo de la acción y responde a una búsqueda que en pos del realismo resigna cualquier aspiración técnica lo cual es muy efectivo y genera el clima ideal para la trama.
Luego del éxito de Okupas, la televisión siempre tan falta de ideas, buscó replicar la fórmula con programas como Tumberos o Sol negro, pero ninguno logró el prestigio de Okupas. Con el tiempo ese neorrealismo argentino se agotó y cedió paso a los reality shows (Gran hermano se estrenó en marzo de 2001). Su influencia puede rastrearse hasta nuestros días con programas como El marginal (2016) o la película El ángel (2018).

Veinte años después la serie aun resiste el paso del tiempo. Aún, a pesar de que si analizamos el rol asignado a los personajes femeninos, podemos afirmar que ninguno escapa de los roles socialmente establecidos, ubicándolas siempre subordinadas a los personajes masculinos, sin dudas esta ficción no pasa el test de Bechdel. (*)

Recientemente le consultaron al director Bruno Stagnaro si había pensado en una posible secuela, lo cual fue descartado de plano por el realizador, ya que considera la historia totalmente cerrada. Sin embargo la continuidad de la historia parece tener su correlato en la situación actual de Argentina, mucho más cruda y con un alcance mayor que el que tenía hace veinte años. Un mundo decadente para el cual la pobreza y la crisis son una norma permanente para millones, excediendo los límites de los Okupas y Marginales.

(*) Es un método para evaluar la brecha de género en las películas en general, y por extensión, en las series u otras producciones artísticas.







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