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Okja, el capitalismo eco-friendly y la brutalidad cotidiana

Okja es una película de Netflix co realizada entre Estados Unidos y Corea del Sur, cuenta la aventura de Mija (Ahn Seo-hyun) una joven coreana que vive en la montaña con su abuelo y su mejor amiga Okja, un súper cerdo originario de Chile.

Martes 11 de julio

[ALERTA SPOILER] Okja es una película de aventuras creada por Netflix y Plan B, co realizada entre Estados Unidos y Corea del Sur, cuenta la aventura de Mija (Ahn Seo-hyun) una joven coreana que vive en una montaña, cubierta de verdes bosques nativos, con su abuelo y su mejor amiga Okja, un súper cerdo originario de Chile, a quien debe rescatar de las garras de Mirando, empresa ganadera trans nacional, encarnada en Lucy Mirando, una "eco capitalista" que asegura tener la cura a los problemas de desnutrición en el mundo.

Esta cinta nos muestra el rostro de un capitalismo remozado con una reluciente cara ecológica, la empresa Mirando otrora sangrienta industria manchada con "la sangre de buenos trabajadores" y la lucha de Mija para rescatar a su amiga secuestrada, quien en su camino se cruza con el Frente de Liberación Animal, grupo que actúa clandestinamente para rescatar animales y denunciar las condiciones reales de la explotación animal.

La relación de amistad entre Mija y Okja es muy profunda, de la forma en que puede ser la de cualquiera de nosotros con nuestros compañeros gatunos o perrunos, tal como podría darse con otros animales si no estuvieran destinados a satisfacer nuestras "necesidades" alimenticias. Y aunque la meta de Mija no es acabar con la explotación animal la cinta nos enrostra la existencia de algo que cotidianamente naturalizamos, el capitalismo nos lleva a olvidar que la carne que comemos es realmente un animal muerto, que durante su vida sufrió horribles condiciones de hacinamiento y torturas lejos de lo que muestra la propaganda de la industria: Animales felices en entorno hidílicos. Tal como se nos hacer olvidar la situación de las guerras en medio oriente, las condiciones de vida en el África más precarizada, las explotadoras fábricas asiáticas o los guetos de refugiados en Europa, imágenes que recordamos al ver un documental, alguna noticia o la fotografía ganadora de un premio internacional.

En esta cinta llena de acción y aventura se refleja una característica de nuestra época, una clase capitalista despiadada y su industria brutal pero con apariencia de ángel, al estilo de la transnacional de los trabajos miseria: Mcdonals y su payaso. O Pepsico (Lays, Toddys, etc.) quienes parecen repartir felicidad en cada paquete, pero en Argentina deja a 600 familias en la calle tras el cierre de una fábrica.

El impacto de esta cinta en nuestra emocionalidad puede ser muy grande, incluso hasta las lagrimas. Será por que nos duele reconocer algo de lo que no nos dimos cuenta, hemos negado o ante lo que cerramos los ojos: la vida en este sistema de reproducción social tiene un lado horrendo, detrás del "me encanta todo eso", "destapa la felicidad" o el "desafío de sonrisas" existe un daño inconmensurable al medio ambiente, explotación laboral, opresión a los animales, y la profundización de toda una gama de ideas orientadas al individualismo, el egoísmo y la naturalización-morbo de las miserias sociales.

Una película desgarradora, pero que nos enseña que la convicción en nuestras ideas nos lleva a dar cara a las adversidades, a enfrentarnos a la represión en la lucha por conseguir nuestros objetivos, que su realización no será fácil, pero es posible con una cuota de ese “optimismo de la voluntad" que el revolucionario italiano Antonio Gramci unía al "pesimismo de la razón", es decir, sabemos que la vida en la sociedad actual es brutal, pero no contentos con ella nuestro fin es transformarla radicalmente.






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