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Obesidad y sobrepeso: la nueva epidemia de la clase obrera y el pueblo pobre

Los intentos que han dado a conocer las instituciones en salud para reducir los índices de obesidad y sobrepeso son muy reducidos por lo que no han impactado en la población, sigue quedando a deber la estrategia gubernamental sobre esta cuestión, más allá de la información difundida, el impacto contra la obesidad no ha sido suficiente.

Viernes 18 de noviembre

Los intentos que han dado las instituciones en salud para reducir los índices de obesidad y sobrepeso son muy reducidos, por lo que no han impactado en la población. A nivel preventivo, se han incrementado los filtros para las personas con obesidad: mediciones de perímetro abdominal, determinaciones de presión arterial y glucosa en sangre; dichas acciones han servido para descubrir más casos nuevos.

Sin embargo, sigue quedando a deber la estrategia gubernamental, más allá de la información difundida, el impacto contra la obesidad no ha sido suficiente.

El fomento a la actividad física se encuentra limitado. Existe alrededor de un solo activador físico por jurisdicción, los programas de activación física en pacientes con enfermedades crónicas son llevados a cabo ¡una vez al mes!, en zonas alejadas y con requisitos previos. El fomento al deporte se encuentra limitado y pocos pueden pagarlo.

De igual forma, no existe un adecuado programa de educación física en las escuelas, con horarios insuficientes e inclusive, hay escuelas que carecen de un profesor de educación física.

La SEP, en manos del amigo consentido de Peña Nieto, Aurelio Nuño no está interesada en este problema de salud pública. Por el contrario, asigna fuertes cantidades a la Comisión Nacional de Cultura Física y el Deporte (Conade) cuyo director, Alfredo Castillo, otro íntimo de Peña Nieto, en vez de ayudar al deporte, despilfarra el dinero, como vimos en las olimpiadas de Rio de Janeiro, Brasil. Hoy en día 16 clavadistas juveniles no pudieron asistir al Mundial de Kazán, Rusia, porque Castillo no asignó presupuesto a la Federación Mexicana de Natación.

Pero si con el deporte de élite Castillo va de desastre en desastre, en la cuestión de la salud pública también es impresentable.

El programa Ponte al 100, que el gobierno implementó a través de la Conade, cuando la dirigía el ex clavadista Jesús Mena, fue suprimido hace un año por Castillo, para impulsar el suyo propio, Muévete en 30. La cuestión de los proveedores de servicios para organizar estos programas a nivel nacional cuenta mucho, en millones de pesos y corrompe a cualquier funcionario venal, como el que nos ocupa.

Ponte al 100 era copatrocinado por las instituciones de gobierno y Coca Cola. Con lo cual ésta refresquera pretendía lavar su mala imagen, pues la principal responsable de que México sea el segundo consumidor mundial de bebidas gaseosas.

Sin Ponte al 100 funcionando (Pemex y Sector lo han continuado por su cuenta) y Muévete en 30, apenas iniciando. La población infantil y juvenil carece de apoyo para prevenir la obesidad a través de la práctica deportiva. La Conade tendría un rol para organizar junto a la SEP la práctica deportiva en secundarias por lo menos y no lo hace. Por ahí no hay negocio seguramente.

Desde que salió a la luz que México ocupa el segundo lugar en obesidad infantil, se inició una campaña que incluía la regulación en los alimentos escolares, eliminando los productos “chatarra” y con alto contenido calórico. Dicha regulación no perduró lo suficiente, la presión brutal de los fabricantes de “productos chatarra” para echar atrás cualquier medida que ataque sus intereses económicos sin importarles la salud de la población les rindió frutos, ya que hoy en día, la venta de estos productos en las escuelas continúa.

Ricas calorías

Si bien antes esta podría considerarse como una “enfermedad de ricos”, esto no está más alejado de la realidad. Actualmente en las regiones con más pobreza del país, coexisten la desnutrición y la obesidad.

Esto es consecuencia de la mala calidad en la alimentación: las familias con un pobre sustento no tienen asegurada una alimentación de calidad, con variedad en sus alimentos. Los costos de distribución pueden llegar a ocasionar que alimentos de otras regiones no ingresen o sus costos sean mayores en diferentes regiones, haciendo que la dieta familiar se base en alimentos con alto contenido en carbohidratos (tortillas y panes).

Si bien el modo de alimentación es un factor clave para prevenir la enfermedad, los trabajadores precarizados cuentan con pocas alternativas. Las amplias jornadas de trabajo, los salarios bajos, implican conductas alimentarias de riesgo, como lo son periodos prolongados de ayuno y comer “lo que se puede” durante la jornada de trabajo, o en el trayecto a los centros de trabajo, siendo los carbohidratos los alimentos más socorridos por su fácil acceso y bajo costo. Estas jornadas intensas de trabajo dejan poco tiempo para la recreación y las actividades físicas necesarias para un estilo de vida saludable.

El embate que ha recibido el sector salud, obligó a reducir la cantidad de medicamentos distribuidos, así como también un recorte del cuadro básico, por lo que un trabajador con Diabetes tipo 2, puede no recibir su tratamiento completo del mes, teniendo que resarcirlo con su propio salario. Lamentablemente hay circunstancias en las que le es preferible sacrificar los gastos extras del medicamento, para llevar de comer a la casa, pagar la luz, la renta, las colegiaturas, etcétera.

Esta situación puede verse más recrudecida en aquellos trabajadores que no cuentan con seguridad social, muchos de ellos sin derecho a faltar en su trabajo, que pueden ser despedidos o sancionados por faltas, dificultando las acciones de prevención y atención de las enfermedades.

Como podemos notar, quizá no existe una enfermedad que ejemplifique mejor las repercusiones del capitalismo sobre nuestra salud, o que exhiba las fallas del actual sistema de salud y el abandono del gobierno de Peña Nieto a esta problemática social. Por lo que es de vital importancia no dejar pasar las acciones privatizadoras en el sistema de salud, no permitir los recortes presupuestales a la salud y a la educación para apoyar la prevención y resguardar el derecho de los trabajadores a una seguridad social.

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