Política Chile

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Nuestro llamado a la izquierda revolucionaria

Hace unos días el Partido de Trabajadores Revolucionarios inició el proceso para conseguir la legalidad como partido político. En este artículo pretendemos explicar los fundamentos estratégicos de esta táctica; proponer líneas de acción para actuar sobre el fenómeno del Frente Amplio y establecer ejes para la formación de un frente anticapitalista, revolucionario y socialista a partir de un programa de independencia de clase de los trabajadores.

Fabián Puelma

Comité de Redacción La Izquierda Diario

Sábado 14 de enero | 08:35

La crisis del régimen político ha cambiado rápidamente las coordenadas del mapa político en Chile. El cuestionamiento a las distintas herencias de la dictadura y la masiva desafección con la casta política de los empresarios, son expresiones patentes de esta crisis de legitimidad. Es con este telón de fondo que se han ido desarrollando nuevos procesos de lucha y movilización, junto con la emergencia de nuevos fenómenos políticos.

Dichas tendencias son las que están marcando el escenario desde el año 2011 y en la actualidad no cabe duda que ambos procesos, que hace unos años parecían marchar por caminos separados, son dos caras de la misma moneda. Esta íntima relación entre lo “social” y lo “político” se manifiesta de diversas formas.

Por un lado, si bien las movilizaciones sociales no han logrado imponer sus demandas, las reivindicaciones de la calle son las que han marcado la agenda política durante los últimos años. En segundo lugar, las movilizaciones han remecido las estructuras organizativas y políticas de los organismos sindicales y estudiantiles, lo que se expresa en la contundente derrota del Partido Comunista en el Colegio de Profesores, la crisis de las dirigencias oficiales de la CUT y la hegemonía de la izquierda emergente en las federaciones estudiantiles.

A partir de esto, diversas organizaciones de izquierda que hasta hace poco concentraban su trabajo en el ámbito estudiantil, se están proponiendo intervenir en el terreno político formal, electoral y parlamentario. No es casualidad que dirigentes como Giorgio Jackson y Gabriel Boric encabecen la lista de los políticos mejor evaluados. Tampoco resulta extraño que personajes como Luis Mesina o Cristian Cuevas suenen como presidenciables.

La crisis de legitimidad, la indignación frente a los políticos de la derecha y la Nueva Mayoría, el rechazo a las instituciones del régimen, el aumento de los procesos de lucha y la creciente politización de los movimientos sociales, son procesos que se vienen desarrollando hace años. Sin embargo, la emergencia política nacional de una “nueva izquierda” es un hecho reciente que requiere ser analizado por la izquierda revolucionaria.

La esterilidad del abstencionismo

Lo primero que hay que entender, es que la crisis del régimen político no implica sólo una pérdida de legitimidad de los partidos tradicionales, sino que también la legitimación de nuevas organizaciones que buscan posicionarse como una alternativa de recambio. Dentro del régimen esto se expresa en el surgimiento de figuras “outsiders” como Alejandro Guillier. La consolidación de grupos como Evópoli, Amplitud, el Partido Liberal y el surgimiento de candidaturas independientes como la de Carola Canelo, responden a lo mismo.

Fuera del régimen, este fenómeno se expresa en la visibilidad que ha adquirido el llamado “Frente Amplio”, gracias a la actuación parlamentaria de Boric y Jackson, y el triunfo de Jorge Sharp en la alcaldía de Valparaíso. Es importante notar que gran parte de las organizaciones que componen este frente tienen una militancia activa en el movimiento estudiantil e inicialmente también vienen avanzando en el mundo sindical a través de los nuevos fenómenos sindicales.

Es evidente, por tanto, que la crisis del régimen y el surgimiento de nuevos procesos de lucha de clases, no traen aparejado automáticamente el fortalecimiento de las ideas revolucionarias. Es más, la falta de triunfos que sean fruto de la movilización de estudiantes, trabajadores y sectores populares, suele implicar el fortalecimiento de nuevas mediaciones políticas reformistas. El fenómeno del “neo reformismo” a nivel internacional, con experiencias como la de Syriza en Grecia y Podemos en el Estado Español, tiene su base en este fenómeno.

Es por esto que la estrategia que propugnan diversos colectivos estudiantiles orientada a “crear ingobernabilidad” desde abajo, combinada con el abstencionismo en el terreno político y electoral, resulta impotente en este escenario. Dicha política esconde un fuerte sectarismo frente al movimiento de masas, puesto que se niega a dar una batalla por combatir las ilusiones que millones de trabajadores guardan aún, ya no tanto en el régimen político, sino en las nuevas fórmulas de recambio que vienen fortaleciéndose.

Más importante aún resulta dar cuenta que el abstencionismo lleva también al oportunismo frente al neo reformismo. ¿Quién capitalizará políticamente las iniciativas y el trabajo de los revolucionarios en el movimiento sindical, estudiantil y en el movimiento de mujeres? Los trabajadores, mujeres y jóvenes que llenan las calles y dan vida a las asambleas, ¿qué proyecto político apoyarán en las próximas elecciones? Si la militancia de base no va acompañada de una disputa política en todos los terrenos, resulta evidente que el Frente Amplio estará en mejores condiciones de capitalizar políticamente las movilizaciones sociales.

¿Cuál es la importancia del surgimiento del Frente Amplio?

¿De lo expuesto se desprende que debemos sumarnos al Frente Amplio? Nosotros creemos que no. Y es que el riesgo de caer en un abstencionismo estéril tiene como contrapartida el riesgo a oxigenar un régimen político en crisis.

Como decíamos, resulta innegable que muchos trabajadores, mujeres y jóvenes empiezan a depositar sus ilusiones en el Frente Amplio. A su vez, su emergencia política constituye un factor a izquierda en el escenario nacional y es una oportunidad para profundizar el debate político y estratégico en el seno del movimiento de masas.

Este es un hecho desde el cual hay que partir si es que se quiere abordar la tarea de construir una alternativa política propia de los trabajadores, anticapitalista, revolucionaria y socialista. Si este es nuestro norte, no hay nada más contraproducente que disolver nuestras banderas en un frente que carece de una estrategia revolucionaria.

El Frente Amplio está esbozando un programa que pone en el centro el clivaje entre un Estado subsidiario y un Estado que garantice ciertos derechos sociales básicos. Junto con esto, sus referentes han planteado una serie de propuestas de reforma al régimen político, apuntando a la disminución de los privilegios de los políticos (como el proyecto de rebaja del sueldo de los parlamentarios a la mitad), mayores regulaciones a la injerencia de las empresas en la política y a generar mayores instancias de participación ciudadana.

Se trata de un programa anti neoliberal. Para implementarlo, buscan conquistar posiciones dentro de la institucionalidad del Estado capitalista a través de las elecciones, apoyándose en la movilización y organización social. Apuestan por una democracia participativa que logre nutrirse y canalizar la organización de los trabajadores y el pueblo. De conjunto, impulsan un programa de ruptura y regeneración democrática, no un programa y una estrategia de ruptura con el capitalismo.

Esta es una de las diferencias centrales que tenemos con el Frente Amplio. Para nosotros esta estrategia es utópica, especialmente en momentos de crisis económica internacional, en donde los márgenes para dar concesiones sociales sin romper con el capitalismo son cada vez más estrechos. Esto quedó demostrado dramáticamente en Grecia, en donde Syriza asumió con un programa de derechos sociales, pero terminó administrando los planes de ajuste de la Unión Europea.

Por su parte, en Latinoamérica los gobiernos progresistas otorgaron importantes concesiones apoyándose en la bonanza económica. Sin embargo, éstas no sólo se demostraron incapaces de resolver la pobreza y desigualdad estructural del capitalismo, sino que se hicieron a costa de cooptar la organización independiente de los trabajadores, única capaz de frenar el avance de la derecha y los planes imperialistas. El fin de la bonanza económica y la falta de una política propia de los trabajadores, independiente de los empresarios nacionales y extranjeros, está en la base de la crisis de los proyectos “pos neoliberales” en Latinoamérica.

El Frente Amplio no escapa a esta contradicción. Para hacer frente a este callejón sin salida se requiere un proyecto revolucionario que apunte a un gobierno de los trabajadores de ruptura con el capitalismo. Considerando las lecciones que nos dejan las experiencias reformistas a nivel internacional y el actual contexto mundial marcado por el triunfo de Trump, una mayor polarización política y social, y una crisis económica que está lejos de resolverse, nos parece que un proyecto revolucionario de estas características es el único realista.

Líneas de acción hacia el Frente Amplio

Sin embargo, quedarse en la agitación de un “programa correcto” o de la autoproclamación sectaria no sirve de nada. Hay que hacerse cargo de las ilusiones y entusiasmo que genera el Frente Amplio. Sólo en la práctica, al calor del debate y la acción política, es posible demostrar la corrección de nuestras ideas. Para esto, hay tres líneas de acción a proponer a las organizaciones del Frente Amplio.

En primer lugar, se hace necesaria la unidad de acción entre las organizaciones de izquierda en la lucha educativa, sindical y de género. Esta unidad significa dar batallas en común en torno a ciertos puntos de acción en los que tengamos acuerdo, como puede ser la defensa a la machi Francisca Linconao, el aborto legal, libre, seguro y gratuito, la lucha por terminar con las AFP, la pelea por el voto universal en el próximo Congreso CUT, etc.

En segundo lugar, en un año marcado por el ciclo electoral, debemos apostar por desarrollar el más amplio debate político y estratégico de cara al movimiento de masas. La organización de foros y debates, la discusión a través de artículos de opinión y otras formas de promover la reflexión política resultan indispensables. Es clave que dichos debates puedan darse en el seno de las organizaciones estudiantiles, sindicales, en los ámbitos académicos y demás espacios de organización.

Por último, para ayudar a contrastar los dichos con los hechos y esclarecer las diferencias programáticas y de práctica política existentes entre las diversas organizaciones de izquierda, es necesario desplegar una política de exigencia a los diputados y demás cargos de responsabilidad conquistados por el Frente Amplio.

Por ejemplo, hay que decir con todas sus letras que el proyecto presentado por Boric y Jackson para rebajar el salario de los parlamentarios es insuficiente para cuestionar realmente los privilegios de la casta política: es necesario que los diputados ganen lo mismo que un trabajador calificado, que es lo que practican y proponen los diputados del Frente de Izquierda y de los Trabajadores en Argentina. Hay que plantear públicamente que no basta con denunciar la usurpación de las forestales a los territorios mapuche; es necesario presentar un proyecto de ley para la expropiación de dichas forestales, poniéndolas bajo el control de los trabajadores y las comunidades, tomando el ejemplo de las leyes de expropiación de la fábrica ex Zanón y Madygraf en Argentina presentadas por los diputados del Partido de Trabajadores Socialistas de ese país.

Desde el Partido de Trabajadores Revolucionarios ya venimos impulsando algunas de estas líneas de acción, a través de nuestros referentes como Bárbara Brito, vicepresidenta de la Fech, Patricia Romo, presidenta del comunal Antofagasta del Colegio de Profesores y los dirigentes sindicales que componen Alternativa Obrera, como Lester Calderón, presidente del sindicato de Orica y parte de la directiva de la Constramet.

¿Qué es un programa de independencia de clase?

Las líneas de acción propuestas son una vía para huir tanto del abstencionismo, como del riesgo a diluir nuestras banderas en el neo reformismo. Sin embargo, tampoco basta con ir detrás de los acontecimientos o tener una actitud reactiva o defensiva ante el Frente Amplio. Como planteábamos más arriba, debemos ser capaces de proponer una alternativa política propia y adentrarse en la disputa por la emergencia política.

Si el neo reformismo impulsa un programa y una estrategia anti neoliberal que tiende a la re oxigenación del régimen político, debemos mostrar que existe otro programa y otra estrategia que plantea la perspectiva de un gobierno de los trabajadores de ruptura con el capitalismo. Justamente, la acción política tiene el objetivo de mostrar la superioridad de este programa.

Este programa debe responder a las demandas democráticas que se han instalado desde la calle apuntando a terminar con toda la herencia de la dictadura: educación gratuita para todos financiada por el Estado a sus instituciones y poner fin al subsidio a los empresarios educativos; terminar con AFP para sustituir el modelo de capitalización individual por un sistema de reparto solidario, con aporte tripartito y administrado por los trabajadores y jubilados; acabar con el Código Laboral de la dictadura para conquistar la negociación colectiva por rama, el derecho efectivo a huelga sin restricciones y el fin al subcontrato; aborto legal, libre, seguro y gratuito garantizado por el sistema de salud pública; el derecho a la autodeterminación del pueblo mapuche, entre otras demandas centrales.

Junto con esto, hay que responder al masivo descontento frente al régimen político y sus instituciones, planteando demandas que apunten a profundizar esta indignación y que logren poner al desnudo la democracia capitalista. La exigencia de que todo funcionario gane lo mismo que un trabajador calificado; la revocabilidad de los cargos de elección popular; la abolición del Senado y la figura autoritaria del Presidente de la República; la elección directa de los jueces y la instauración de jurados populares; la Asamblea Constituyente Libre y Soberana basada en la movilización de los trabajadores y el pueblo, son algunas consignas que responden a esta necesidad.

Dichas demandas democráticas deben articularse con consignas transicionales que permitan cuestionar el capitalismo, como es la nacionalización de los recursos naturales bajo control de los mismos trabajadores; la nacionalización sin indemnización y bajo administración de los trabajadores, de la banca y el comercio exterior; el reparto de las horas de trabajo con igual salario para terminar con el desempleo, entre otras. El norte debe ser la conquista del poder por parte de los trabajadores.

El desafío es articular un programa anticapitalista, revolucionario y socialista; un programa de los trabajadores independiente de cualquier variante empresarial. Nos parece también que dicho programa debe delimitarse tanto del neo reformismo, como de los progresismos nacionalistas de América Latina, planteando claramente que la perspectiva por la que luchamos no es la de administrar las instituciones del Estado capitalista para negociar con los empresarios y el imperialismo algunas concesiones para el pueblo. Sino que plantee que las luchas parciales tienen el objetivo de preparar las condiciones para la revolución.

La participación en las elecciones y nuestra estrategia de construcción de partido

El proceso que hemos iniciado como Partido de Trabajadores Revolucionarios para constituirnos como partido legal tiene el objetivo de agitar e instalar un programa de independencia de clase como el que acabamos de esbozar. Nos parece indispensable que en un momento marcado por la emergencia de una nueva izquierda y por el ciclo electoral que ya se abrió, exista una voz que intervenga en este terreno con un programa anticapitalista, revolucionario y socialista. Participar en las elecciones con candidatos propios busca concretar esta tarea.

Impulsar candidaturas obreras anticapitalistas permite utilizar las brechas abiertas en el régimen para amplificar la voz de los revolucionarios en el debate político nacional. Permite establecer un diálogo con sectores más amplios, que no necesariamente participan de los espacios de movilización y organización en los cuales tenemos presencia.

Pero no sólo eso, también permite profundizar debates políticos en estos espacios de base, sobre todo en el terreno sindical y estudiantil. Como decíamos más arriba, los llamados movimientos sociales no son ajenos a los debates político electorales ni tampoco son inmunes a las ilusiones que abren los nuevos fenómenos políticos. Por lo mismo, tener una táctica electoral permite desarrollar un diálogo ofensivo y no sólo reactivo o defensivo frente a un debate que, por esencia, está determinado por los ritmos del régimen. En síntesis, de lo que se trata es de aumentar la influencia de las ideas revolucionarias, tanto en sectores de masas como en el activismo.

La experiencia del Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT) en Argentina muestra que es posible concretar estos objetivos, sin transar ni rebajar el programa. Muestra que es posible salir de la marginalidad política con referentes, políticas y un programa propio. El multitudinario acto del FIT, que llenó el estadio abierto de Atlanta en Buenos Aires, muestra el avance de la influencia y la militancia política de una izquierda revolucionaria.

Nos parece que en Chile se pueden dar pasos en esta dirección. La legalidad del PTR puede ser un punto de apoyo para la formación de un bloque político de independencia de clase, que parta de un programa obrero y socialista. Nuestro llamado va dirigido a las organizaciones de la izquierda revolucionaria que compartan los ejes del programa que proponemos, para que en conjunto pensemos las vías para avanzar a un frente de estas características. Junto con esto, queremos poner a disposición nuestra legalidad partidaria para que activistas sindicales, estudiantiles y del movimiento de mujeres puedan presentar candidaturas propias que amplifiquen las demandas instaladas por la calle.

Las iniciativas audaces en el terreno político deben ir acompañadas de una profundización del debate teórico y estratégico. Se hace indispensable explicar que la participación electoral y la legalización no son sinónimo de emergencia de un partido revolucionario de la clase trabajadora. Se trata sólo de un medio para aumentar la influencia de los revolucionarios.

Justamente una de las grandes diferencias entre el trotskismo y el neo reformismo es que este último no pone en el centro la construcción de una fuerza material en los lugares de trabajo y estudio que se prepare para un escenario de mayores convulsiones sociales. Si para el neo reformismo el programa constituye fundamentalmente una herramienta para la disputa política y electoral; para nosotros es sobre todo una guía para el combate y que debe contener una estrategia orientada a la conquista del poder por parte de los trabajadores a través de una revolución. Si para ellos la “organización social” es una fuerza de presión sobre las instituciones; para nosotros el centro está puesto en los organismos de auto organización de la clase trabajadora, que se van forjando a través del frente único obrero defensivo, se desarrollan en el terreno ofensivo y en la lucha revolucionaria, para luego ser la base del poder político de un Estado de los trabajadores.

Si para el neo reformismo el partido está compuesto por una militancia cuyo centro es la actividad electoral y, a lo más, sindical (o social); para nosotros el partido revolucionario debe estar compuesto por los sectores más avanzados de la clase trabajadora y los sectores oprimidos, quienes deben ser organizadores políticos de su clase y constituirse como “tribunos del pueblo” que logren ser portavoces del conjunto de las problemáticas sociales.

En otras palabras, cualquier táctica electoral debe pensarse en articulación con una estrategia para la revolución social y para la creación de una fuerza material organizada de los trabajadores, única fuerza capaz de hacer frente a los planes de la burguesía nacional e imperialista y ofrecer una alternativa de poder en un mundo cada vez más convulsionado.




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