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Nuestra Rosa la Roja

Reseña bibliográfica sobre "La Rosa Roja", la edición en castellano de la novela gráfica de Kate Evans, por Diana Fuentes, doctora en Filosofía y académica de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Diana Fuentes

Doctora en Filosofía y académica de la UNAM.

Jueves 12 de octubre | 20:28

“La Rosa roja” es el título de la novela gráfica sobre la vida de Rosa Luxemburg de la británica Kate Evans que recientemente ha sido editada en español por Ediciones IPS en su colección Mujer, gracias a la traducción al español de Alejandra Crosta y Josefina Luzuriaga Martínez. Originalmente titulada “Red Rosa” por la casa editorial Verso, esta biografía es el resultado de la investigación y el trabajo artístico con el que la autora recrea la apasionante vida de la mujer más emblemática de la primera generación de revolucionarios de principios del siglo XX.

La esmerada composición y el uso de citas de textos originales combinados con ficción logran una narrativa amable, clara y lúdica, que aprovecha muy bien el dinamismo propio de este género, dando oportunidad a que el lector avezado en la vida y la obra de Luxemburg disfrute tanto como aquél que la conoce por vez primera. Con este fin, las viñetas y las láminas se completan con una sección final de Anotaciones donde se pueden encontrar las referencias completas de los textos que nutren los diálogos y la voz de la narradora, de modo que quien esté interesado en obtener más información puede buscar la mayoría de las referencias utilizadas.

La cualidad de un trabajo como este tiene que ver, sin duda, con la desacralización petrificante de una personalidad como la de Luxemburg, que por la fuerza de su pensamiento, pero, sobre todo, por la estigmatización que contrajo su radicalidad tanto para propios y extraños, ha sido, lo mismo que Lenin o Trotsky, lanzada una y otra vez al exilio de las historias librescas del siglo XX. Finalmente, no hay mejor modo de sepultar el pasado que convirtiéndolo en historia oficial o transfigurando a sus actores en figuras tan excepcionales que se vuelva inimaginable para el sentido común ya no digamos seguir sus pasos, sino comprenderlos siquiera.

Así, alejada de broncínea historia, Evans muestra cómo es que de suyo la biografía supone una valoración sobre la importancia de los detalles en la reconstrucción de la vida de los sujetos, y cómo los motivos, los deseos, los avatares y el juego del azar que acompañan a la condición humana, al ser rescatados para narrar esta historia, producen una empatía en el lector que posibilita la comprensión de las profundas preocupaciones e intereses que articularon la praxis de la revolucionaria.
Bajo este telón, Rosa, nuestra rosa roja, es tratada por la autora con la dignidad que su estatura intelectual y moral ameritan, teniendo el cuidado suficiente de revelarnos a una mujer en la que se mezclaba un profundo compromiso con su tiempo y una potente voluntad, en un cuerpo amante, sensible y solidario. Polaca, judía, mujer y comunista, toda ella, tal como lo revela la novela gráfica, era una terrible combinación para un siglo que comenzaba marcado por la emergente lucha imperial que llevaría a la muerte a millones en la Primera Guerra Mundial y que, unas décadas después, en la Segunda Guerra, arrasaría la vida muchos millones más.

Así, Evans nos lleva desde los primeros años de una joven brillante y rebelde capaz de romper con los cánones esperados para una mujer de principios de siglo, hasta el momento en que se convierte en una de las más sagaces continuadoras de la obra de Karl Marx, ganando así el respeto y el temor de tirios y troyanos gracias a su excepcional inteligencia y temple. Y nos muestra cómo la denodada oposición de Luxemburg a la guerra imperial fue parte del elemento moral que animó su labor teórica y práctica. La aguda analista, la revolucionaria, la fundadora junto con sus amigos Clara Zetkin y Karl Liebnecht de la Liga Espartaquista; la militante que conmovió con sus discursos a la clase obrera alemana y quien, fascinada por las posibilidades abiertas por Revolución Bolchevique, fue la voz más crítica contra la decadente socialdemocracia alemana. Nos retrata a la mujer que no tuvo reparo en enfrentar a sus camaradas ni en erigir su voz ante las continuas amenazas y el encarcelamiento, desde una óptica en la que se entretejen sus historias de amor, sus temores y su pasión por la vida con su capacidad de dirección política e infatigable voluntad, hasta el momento de su ilegal arresto y cobarde asesinato en 1919.

Se cuenta así la vida de Luxemburg, pero se representa también la historia de las primeras décadas del siglo XX, en un momento en el que la balanza aún no se había inclinado ni a favor ni en contra de la revolución internacional; ese tiempo de peligro, como lo llamaría Walter Benjamin, en el que la moneda aún estaba en el aire. El lector, sin embargo, sabe lo que vino después y lo que siguió y siguió, por ello pareciera que ante la inevitable desazón que produce la desgarradora forma en la que acabaron con una vida tan extraordinaria, la narradora pone un toque personal que busca hacer de esta aproximación una inspiración a sus lectores, recordándonos de cierto modo la vigencia de la histórica dicotomía aún irresuelta que Luxemburg supo intuir mejor que nadie: socialismo o barbarie.






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