Política Bolivia

TRIBUNA ABIERTA: #NIUNAMENOS

#Nosotras Paramos en Oaxaca, México

Viernes 21 de octubre | 10:15

Foto: Marielle Cauthin

La convocatoria al paro nacional que surgió en Argentina ante una coyuntura bien específica –segunda y consecutiva represión en un ENM que reunió a más de 90 mil mujeres, la intensa campaña mediática de desprestigio al movimiento de mujeres y los feminicidios a diario, entre ellos, la atrocidad cometida contra Lucía Pérez en Mar del Plata– no tardó en hacerse eco en varias ciudades de Nuestramérica. Aquí también las mujeres nos autoconvocamos a tomar las calles, en este rincón del mundo llamado Oaxaca, capital del estado sureño que lleva el mismo nombre, conocida por la tenaz resistencia de sus maestros y la reciente masacre que el estado mexicano desató contra ellos.

Desde las 11 de la mañana, para coincidir con las 13hs en Argentina, las mujeres llegamos de negro a la explanada de la iglesia de Santo Domingo, hicimos cartelones, conversamos, nos conocimos. La jornada se encendió abruptamente luego de que una mujer de unos sesenta años pegara un grito en el cielo: “Hace 30 años éramos sólo tres, ¡gracias jóvenes!”. Y entonces empezamos a cantar. Que ni una más, ni una más, ni una asesinada más; Que no, que te dije que no, ¡pendejo, no!; ¡Violadores y feminicidas, los tenemos en la mira!; ¡Patriarcado y capital, alianza criminal!; ¡Alertaaaaaaa!, alerta que camina la lucha feminista por América Latina, ¡y tiemblen, y tiemblen, los machistas! ¡Que América Latina será toda feminista!

Luego de una ronda de altavoz, en la que la mujer que lo deseara podía compartir los motivos que la movían a participar, marchamos hasta el zócalo. Cantamos ante la mirada atenta o atónita o desafiante de oaxaqueños, frente a las cámaras de los extranjeros y a la presencia de las fuerzas de seguridad que aún hoy infectan el centro de la ciudad.

En el corazón de Oaxaca de Juárez colgamos nuestros cartelones, cantamos, bailamos y nos protegimos del sol bajo los árboles. Entonces, en diálogo con Notas, algunas mujeres compartieron sus luchas, que también son las nuestras.

Una lucha sin límites
Dialogamos con Elvira Camacho, mamá de Ivonne Jiménez Camacho y miembro de la Unión de Mujeres Víctimas de la Violencia en Oaxaca (UMUVIO), integrada por 300 madres cuyas hijas han sido asesinadas, violadas, secuestradas o desaparecidas.
Elvira lee en voz alta un cartelón: “Si tocan a una, respondemos todas”; y problematiza la pasividad de la gran mayoría de la sociedad mexicana –y podríamos agregar, nuestramericana.

-Acá van tocando más de 7.000 mujeres en todo el país y apenas es la primera marcha nacional, apenas estamos abriendo los ojos…

El 4 de agosto de 2013 Kevin Gonzalo Rojas Martínez asesinó a su hija, Ivonne Jiménez Camacho. Ese día la vida de Elvira cambió para siempre.

-Ese día pasó el ex novio por ella. Sabía que entre ellos ya no tenían nada, pero simplemente la invitó a salir con él para que quedaran como amigos. Le dijo que no quería que quedaran enojados; y, pues, la convenció. Ella salió con él y nunca jamás volvió. Es indignante porque se pudo comprobar que él se la llevó, hubo testigos que lo señalaron. Él es el asesino, el autor principal. Hace tres años que salió la orden de captura y no se ha llevado a cabo la ejecución, porque el joven goza del privilegio de ser hijo de funcionarios del Tribunal Superior de Justicia del estado de Oaxaca.

El cuerpo de Ivonne fue encontrado sobre un terreno de sembradío, ubicado a la orilla de una carretera en jurisdicción del municipio de San Pablo Etla. A los pocos días a Elvira le enviaron la imagen de una balanza y un mensaje: “Soy la Justicia, dame dinero y estoy de tu parte”.

-¿Sabe qué quiere decir eso? Pues, que nunca hay justicia para el pobre. Necesitas tener mucha lana o un gran puesto para que te hagan caso. Pero si eres gente del pueblo, si eres gente humilde, nadie hace nada, nadie sabe nada y, pues, ‘ve a ver a aquél’, ‘ve a ver a este’…ya son tres años y no se ha llevado a cabo la ejecución de la aprensión. Él es Kevin Gonzalo Rojas Martínez, no me da miedo decir su nombre. Al principio me decían que me reservara de decir el nombre, pero ¿para qué? Al final de cuentas, mi hija no está conmigo; y él tiene la oportunidad de abrazar a su mamá, su mamá tiene la oportunidad de abrazarlo a él, aunque sabe que es un prófugo y un asesino. Y yo ya no la tengo, físicamente no la tengo.

La violencia que sufrimos las mujeres no la sufrimos todas de la misma manera. Las opresiones de géneros que se imponen en el marco del sistema patriarcal se constelan de maneras diversas con las opresiones de clase que constituyen el capitalismo rapaz y, a su vez, con las opresiones racistas que son el efecto más visible y cotidiano –por ello, naturalizado– de colonialismo. Elvira entonces nos está hablando de cómo se cruzan patriarcado, clasismo y racismo en el cuerpo de una mujer de clase trabajadora en Oaxaca. Y cómo la respuesta social a tal problemática es la impunidad más descarada.

Cruzar esa frontera, enmarcar la vida y la muerte individual, incluso anónima, de una hija en la trama social del devenir de un pueblo, transforma el dolor en praxis colectiva.

-Pues, yo lo único que pido es que se haga justicia. No nada más por mi hija, sino por todos los feminicidios que han sucedido en el estado de Oaxaca. No necesitamos que sigan matando más a nuestras mujeres. Lo que estamos viviendo en el estado de Oaxaca es que a diario, ¡a diario!, se asesina a una o dos mujeres. Y no hay respuesta por parte de las autoridades, lo cual es lamentable cuando tú bien sabes quiénes son los asesinos: los mismos que asesinan a nuestras hijas, pues, son los novios o los ex novios, los mismos esposos o ex esposos. Verdaderamente, yo estoy ahorita en un estado de decepción porque he caminado, he tocado puertas, he luchado como no se imaginan y digo: ¿qué más falta? Ya he recorrido mucho, he acompañado a manifestaciones, a marchas, he estado con mis compañeras que también han asesinado a sus hijas, me siento impotente ante el sufrimiento de ellas. La fortaleza que yo tengo se la agradezco a Dios; no viene de mí, viene de arriba, pues. Y cuando yo veo a estas mujeres que se tiran al piso, se revuelcan, gritan, se desesperan, maldicen el nombre de dios y no soportan el sufrimiento, ellas están encerradas entre cuatro paredes esperando a que ya dios les quite la vida, porque definitivamente ya nos acabaron. Físicamente, te mutilan. Es como si con una lanza te atravesaran el corazón. Es algo que está doliendo y permanece. Yo viví ese mismo dolor, pero mi fortaleza está latente.

Elvira habla de corrido, y no hay motivos para interrumpirla. Platica del dolor que significa la impunidad, la corrupción y la desidia estatal; que sólo ha logrado encauzar en las calles, rompiendo el cerco de las cuatro paredes, encontrándose en un grito colectivo.

-Lo que nosotras transmitimos de viva voz es nuestro dolor. Cada una tiene experiencias distintas, pero estamos dispuestas a unirnos todas, a fortalecernos entre todas. Porque es indignante que por ser pueblo, que por ser gente de bajos recursos, pues, no se haga justicia. Yo me siento, en primer lugar, orgullosa de que mujeres de todos lados, de Argentina, de Bolivia, se estén uniendo con nosotras. Que sintamos que no estamos solas, aunque sea lejos, a la distancia, que hay mujeres que se están uniendo con nostras. En lo personal, yo creo que nuestra lucha es perseverante; y creo que esto que voy a decir lo van a decir todas: mi lucha no va a tener un límite. Yo creo que hasta que dios me permita, voy a dejar de luchar. Porque yo tengo un ángel en el cielo que me da la fortaleza. Ese ángel se llama Ivonne, y en nombre de ella yo me uno a todas. A todas.

Una lucha colectiva
Notas también dialogó con Nallely Tello, representante de la Asociación Civil Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad Oaxaca, una organización que viene documentando y accionando ante cada uno de los feminicidios que se perpetran en el estado de Oaxaca.

-Lo que vemos en Oaxaca es que, a la vez que se incrementa el número de feminicidios, los asesinatos de mujeres son cada vez más cruentos. En lo que va de este sexenio –en México los períodos de gobierno son por 6 años– hemos contabilizado 515 feminicidios, y ya son 90 en lo que va del año. Creemos que el aumento de la crueldad es una constante en todas partes, no sólo de México sino del mundo.

- ¿Cómo evalúan la respuesta por parte del Estado y, en ese sentido, la exigencia de una “Alerta de género”?

-Nosotras, como organización, vemos que el Estado no tiene la capacidad para proteger la vida de las mujeres y brindar justicia respecto de los feminicidios; y mucho menos dar una respuesta a las familias. Sí creo que se requiere un alerta de género, pero también me parece que el nivel de respuesta del Estado, con o sin alerta, es bastante limitado. Es un fenómeno que está creciendo y creo que el alerta no va a ser suficiente. La sociedad tiene que despertar, pues, definir para sí misma cómo nos podemos cuidar. Ante un fenómeno que es muy complejo, que es multi-causal, nos toca como sociedad, no sólo esperar una respuesta del gobierno, sino también encontrar formas, estrategias y propuestas de cómo atender esta problemática.

- En ese sentido, ¿cuál es la potencia de esta convocatoria que en este mismo momento está movilizando mujeres en distintos países de América Latina?

-Creemos que esta es una manifestación que exige el respeto de nuestra vida como mujeres; que nos hermana a todas ante una problemática que nos estamos enfrentando, muchas veces, sin herramientas; y creemos que salir a las calles y vernos juntas nos brinda la esperanza de decir que no enfrentamos un fenómeno solas, y al mismo tiempo nos llama a decir que no es un fenómeno que tenga que atender determinado sector de la sociedad o sólo ciertas organizaciones; sino que es una convocatoria ampliada, en la que todas las mujeres estamos convocadas, independientemente de nuestra pertenencia política. Entonces creo que es eso: es un llamado a estarnos cuidando entre nosotras a nosotras mismas y es un llamado a la hermandad, a estar atentas y a construir una respuesta.

La defensa de la autodefensa frente a la ausencia de respuestas por parte de las instituciones del Estado puede graficarse no sólo con el testimonio de Elvira Camacho; aquí también la experiencia de un grupo de jóvenes que, movilizadas en colectiva, irrumpieron en la concentración con una batucada que fue aire fresco bajo el sol aplastante del mediodía.

-Abi Tonche: Nos mueve el hecho de estar en peligro por ser mujeres. Tener que estar siempre alertas. Para ninguna de nosotras es agradable tener que pensar cómo nos vamos a vestir antes de salir, o pensar qué calles vamos a tomar que sean menos peligrosas, a qué hora volver a la casa, o tener que pagar un taxi para volver sanas y salvas.

A pesar de no ser una organización en el sentido estricto de la palabra, Abi y Susana llegaron a la marcha en manada. Se destacó la ausencia de organizaciones partidarias en la movilización, que no contó con ninguna de las banderas de siempre, sino exclusivamente con consignas y los rostros de las mujeres que fueron víctimas hasta la muerte.

-Abi Tonche: Si tocan a una respondemos todas. Ahora nos estamos organizando como batucada, y algunas de nosotras formamos parte de un grupo de autodefensa. Es algo que hacemos entre amigas, nos mueve la misma rabia, el mismo dolor; y nuestra manera de hacer algo es organizarnos para hacer ruido y también para ayudarnos a cuidarnos entre nosotras, y aprender a cuidarnos a nosotras mismas cuando estamos solas.

- ¿Cómo sienten el hecho de que la convocatoria haya tenido eco a nivel internacional?

-Abi Tonche: Creo que es un gran grito en toda Latinoamérica y el hecho de que nos estemos organizando es un gran paso a decir basta y a armarnos de valor y también a armar nuestros cuerpos, armar nuestra voz y armarnos con instrumentos para pedir que ya paren de matarnos.
- Susana Ramírez: Yo me sumo sin pensar si fue en Argentina, en Colombia, donde sea. Yo parto de que sea mujer y que está bien cabrona la situación que estamos viviendo, porque no podemos estar pensando que cómo vamos a salir a la calle sólo porque a un cabrón se le antoje tocarnos o gritarnos en la calle.

- ¿Creen que hay cambios o apertura al debate en la sociedad oaxaqueña?

-Abi Tonche: Mucha gente se suma en las manifestaciones, sobre todo mujeres, pero pasa que cuando estamos con los compas, sobre todo en los movimientos, les resulta violento que llevemos a cabo nuestro discurso de la autodefensa. Y caen rápidamente en decir “estas mujeres son demasiado violentas” y terminan por no apoyar. Pero siento que en Oaxaca la energía entre mujeres y organizaciones de mujeres se ha hecho bastante buena y colaborativa, como que estamos conectadas entre todas. Cuando vas por la calle o estás en una fiesta, siempre hay alguna mujer que te conoce y que te cuida, que te hecha el ojo, y viceversa.

Frente a la naturalización de un miedo crónico, frente a la impunidad, frente a la ausencia estatal y al avance neoliberal que nos precariza, frente al disciplinamiento de nuestros deseos y sexualidades, frente a las violencias específicas que sufrimos ante el machismo y racismo de los sistemas Policial, Penal y Judicial, frente a la muerte cada vez más cruel; frente a esta agonía que nos quieren imponer como destino, nosotras reaccionamos. Desde México hasta Argentina, nos hacemos cuerpo colectiva, grito común, un sólo puño. Y es en ese encuentro, tome la forma que tome, donde vamos a construir una sociedad sin machismo. Por todo esto, porque vivas nos queremos, porque no queremos un feminicidio más, nosotras paramos.




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