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No, la universidad gratuita no es regresiva

En este artículo contestamos a un texto de Students for liberty en el que se argumenta que la universidad gratuita es en realidad socialmente regresiva.

Pere Ametller

@pereametller

Lunes 4 de diciembre | 20:35

El artículo empieza señalando un lugar común de la crítica a la universidad de los liberales:

“Actualmente los estudiantes de grado tienen que cubrir el precio de la matrícula y las tasas universitarias en estudios de grado y máster público, el que representa entre un 15% y un 25% del coste de los estudios. Por lo tanto, los estudiantes universitarios están lejos de pagar la totalidad del coste de su formación.”

Este 15% a 25% que se señala que pagan los estudiantes es lo que estos pagan de manera directa por sus estudios. Pero ¿de dónde sale el resto del dinero? Del gasto que el Estado realiza a través de los presupuestos generales en educación y concretamente en la universidad. Y¿ de dónde sale el dinero del Estado? De los impuestos. Por un lado, estos provienen de los impuestos directos (IRPF) y de los indirectos (IVA) que pagan los trabajadores. Por otro lado, los impuestos que provienen de gravar al capital como el impuesto de sociedades que grava los beneficios empresariales.

Respecto a los primeros queda claro que son los mismos estudiantes como actuales o futuros trabajadores y sus padres quienes pagan los impuestos que se dedican a costear el gasto universitario. Respecto a los segundos, ¿quién paga esos impuestos? Los pagan los empresarios, pero ¿de dónde provienen los beneficios de los cuales se pagan los impuestos?

De la parte del trabajo que el empresario no paga al trabajador y obtiene él como plusvalía Así, vemos que en todo caso de manera directa e indirecta, son los trabajadores los que pagan la totalidad del coste de la universidad. “El problema es que por mucho que los impuestos ganen en progresividad, este gasto sigue siendo regresivo (...) el 20% de población de renta más elevada tiene una tasa de escolarización a la universidad de cerca del 50% (20 puntos por encima de la media), mientras que el primer 20% no supera el 22%.

¿Por qué los impuestos progresivos no pueden evitar que el gasto universitario sea regresivo? Quizás porque no se plantean unos impuestos sustancialmente progresivos. Planteemos la eliminación del IVA y la exención de IRPF en un primer tramo que iría de los 0 a los 19.000 euros y que afectaría a la mitad de los asalariados con los ingresos más bajos.

Estas dos medidas evidentemente supondría una progresividad ya que la mitad más pobre no pagaría impuestos. Incluso sin llegar hasta este punto, se ve como por poder sí que se puede alcanzar una progresividad en los impuestos. Esta rebaja de impuestos se podría contrarrestar con implementar un impuesto de sociedades progresivo sobre los beneficios de las empresas y sobre el patrimonio de las grandes fortunas. Junto con medidas que evitasen la evasión de impuestos y de capitales.

Por otro lado, respecto a la realidad de que son los que pertenecen a las familias con ingresos superiores los que en mayor porcentaje acceden a la universidad, sería justamente una universidad gratuita, sin nota de corte y con becas-salario que no obligase a compaginar estudios y trabajo lo que haría que los estudiantes con menos recursos económicos accedieran en mayor porcentaje a la universidad. En países como Argentina, con un PIB per cápita que es la mitad que el de España ya existe una universidad gratuita y sin nota de corte.

En esta línea también se argumenta que las diferencias entre los estudiantes ya se producen desde muy pequeños influidos por su entorno socioeconómico. Por lo tanto, argumentan, es en la educación primaria donde se debe invertir para garantizar la igualdad de oportunidades.

Siendo cierto que se debe invertir mucho más en la educación infantil, primaria y secundaria para garantizar la igualdad de oportunidades, esto en ningún caso hace menos necesario que esta igualdad de oportunidades continúe en la universitaria con la medidas ya mencionadas: gratuidad, becas-salario y eliminación de las notas de corte para acceder a las carreras universitarias.

Para que esta igualdad en la etapa de los 0 a los 18 fuse se tendría que acabar con las escuelas concertadas y privadas, y garantizar una escuela pública para todos que tuviese el mismo nivel que la mejor de las actuales escuelas privadas. Es decir, igualar por arriba y no por abajo.

Como medida compensatoria a la no gratuidad se propone reforzar las becas, en la línea que argumentó el ex conseller Mas-Colell para justificar la subida de tasas del 66% el 2012 que supuso la expulsión de la universidad de miles de estudiantes.

Pero es evidente que las becas sobre la matrícula no garantizan la igualdad de oportunidades en el acceso a la universidad. Primero, porque tener unos ingresos que superan por poco el máximo para recibir una exención parcial o total del pago de la matrícula puede dejarte con muchas dificultades para llevar a cabo este pago. Segundo, y ligado a esto, es que la necesidad de trabajar de los estudiantes con menos ingresos dificulta cumplir con los requisitos académicos necesarios para mantener la beca.






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