Sociedad

INFORME ESPECIAL

Niños y jóvenes vulnerados: un problema estructural de ayer y hoy

Casi la mitad de los niños, niñas y adolescentes son pobres. La política de ajuste y represiva de Cambiemos se asienta sobre la “herencia” recibida del kirchnerismo en materia social.

Sábado 24 de febrero | 23:41

Hechos instalan campañas. Ni bien se enteró el Gobierno nacional de que Luis Chocobar, el policía que acribilló por la espalda al joven Pablo Kukoc, había sido procesado y embargado decidió utilizarlo a su favor.

Primero hizo que varios de sus funcionarios hablaran bien públicamente del policía y lo calificaran de “héroe”. Luego, montó una escena, captada por cámaras de televisión y fotógrafos, en la Casa Rosada para que el presidente Mauricio Macri y su ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, lo recibieran con honores. El mensaje: apoyo incondicional al policía asesino.

Y la campaña surgió. Se inundaron los medios de periodistas, especialistas en seguridad y dirigentes políticos que disertaban sobre el rol de las fuerzas de seguridad, alabando en la mayoría de los casos la actitud del policía.

En el medio de la campaña, los defensores del accionar policial sufrieron un percance: un video que desmiente el argumento oficial de la “legítima defensa”. Sin embargo, el gobierno, decidió exacerbar su discurso y explicar la necesidad de instaurar una nueva “doctrina” a favor del gatillo fácil. La “doctrina” ya se llevó la vida de otro joven: Fabián Exequiel Enrique, asesinado por un efectivo del Grupo Halcón, también por la espalda.

Pero hay un debate que no surge en esta campaña. Que ni al Estado y sus funcionarios, ni a los grandes medios de comunicación les interesa. Y es la extrema condición de vulnerabilidad y precariedad en que viven casi la mitad de los jóvenes en nuestro país, condición que arrastran desde que son niños.

Un ejemplo es la vida de Pablo Kukoc, relatada por su madre a La Izquierda Diario.

Leelo en: ¿Quién era Pablo Kukoc, la víctima del policía Chocobar?

Millones de niños y adolescentes desarrollan sus vidas sobre esta base estructural con muchísimas menos oportunidades que el resto. Veamos.

Pobreza

Según los datos de la última Encuesta Permanente de Hogares del Indec, el 42,5 % de los niños de 0 a 14 años son pobres. Este número aumenta si tomamos en cuenta la pobreza multidimensional, esto es el acceso no solo a alimentos, sino también a educación, vivienda, asistencia médica, entre otros elementos. La Universidad Católica Argentina (UCA) sigue este parámetro, indicó que, hasta el tercer trimestre de 2017 el 48 % de los niños de 0 a 14 años eran pobres. Números parecidos había estimado Unicef en el año 2016 para niños entre 0 y 17 años.

Desempleo y precariedad laboral

Los jóvenes, junto a las mujeres, son quienes más sufren la desocupación y el trabajo precario. Mientras que el índice de desocupación nacional es de más del 9 % para la población en general, en el caso de los jóvenes entre 14 y 29 es de más del 17 % en hombres y más del 20 % en mujeres. Son también quienes más sufren el trabajo en negro y los peores salarios.

Matias tiene 30 años, vive en Merlo y está desocupado. Trabajó durante años de manera precarizada y haciendo de todo, fue desde vendedor ambulante hasta empleado en un taller clandestino.

De repente, pensó que su suerte había cambiado. Entró a trabajar en una poderosa multinacional alemana, Volkswagen, pero como trabajador tercerizado. “Juntábamos la basura de todos los sectores, el pago era y poco y alcanzaba nada mas que para viajar y vivir como se podía”. La diferencia entre sus condiciones laborales y salariales con la de los empleados efectivos y de planta era abismal. Le contó a La Izquierda Diario que “salvaban la comida”, o sea, recogían las sobras que dejaban los empleados, porque todo venía bien.

Luego de eso, paso por varias empresas. “No he podido todavía enganchar algún trabajo bueno, en blanco, con una buena paga. Siempre tercerizado”, dice con tristeza, pero sin resignación.

Represión estatal

Según el último informe de la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), desde la asunción de Cambiemos a diciembre de 2017, hubo 725 personas asesinadas por las fuerzas de seguridad y penitenciarias. Un muerto cada 23 horas. Desde 1983 a la actualidad suman 5.462.

La mitad de las víctimas, eran jóvenes de menos de 25 años, como Pablo y Fabián. Los números de la administración de Cambiemos muestran un endurecimiento de la política represiva contra la juventud. No solo el gatillo fácil contra Pablo y Fabián los ejemplifican. Otros dos jóvenes, Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, son las dos primeras víctimas fatales del accionar de las fuerzas represivas en represiones.

Otra pata del accionar represivo del Estado es la política de hostigamiento y encarcelamiento a los jóvenes de sectores de bajos recursos y en situación de calle. Según los datos relevados por el Sistema Nacional de Estadística sobre Ejecución de la Pena (SNEEP) correspondientes al 2016 la mayoría de los detenidos eran jóvenes, entre 25 y 35 años. Y unos 1.300 adolescentes de menos de 18 años se encontraban encerrados en centros privativos de la libertad.

“Hueso” tiene 33 años, una hija y una historia más que dura. “A los 8 años se fue mi viejo de mi casa, a los 10 empecé a cirujear porque no quería que mi vieja compre cosas para mí porque trabajaba todo el día, a los 12 agarré la calle”.

Antes de cumplir los 16 años estuvo privado de su libertad en dos oportunidades en institutos de menores. Con 14 años, por el solo hecho de estar en la calle fue detenido y privado de su libertad por algunos meses. Fue víctima de prácticas habituales que realizan las fuerzas represivas en territorio bonaerense desde hace años. Cómo lo señala la Comisión Provincial de la Memoria es común la detención de niños, niñas y adolescentes en la vía pública bajo la utilización de figuras arbitrarias como detenciones por averiguación de identidad, averiguación de ilícito, disturbio en la vía pública, infracción de tránsito, entre otras.

“Ninguna de esas veces, cuando vuelvo a recuperar la libertad, el Estado existió, nunca envió una asistente social a hacer un seguimiento, a ver dónde vivía. Nunca me fueron a ver ni se preocuparon por mí", le contó “Hueso” a La Izquierda Diario.

Problemas que no son de hoy

La pobreza, las precarias condiciones laborales y la represión estatal que padecen niños y jóvenes son un combo explosivo que el gobierno de Macri ha aumentado, pero que existe desde hace años.

A fines de enero de 2009 (durante el primer mandato de Cristina Kirchner) desparecía Luciano Arruga, que tenía apenas 16 años, en un barrio pobre y humilde de Lomas del Mirador. Luciano fue secuestrado por la Policía Bonaerense y estuvo desaparecido durante 5 años y ocho meses.

Durante todo ese tiempo, testigos y pruebas indicaban que el joven era hostigado por la policía por negarse a robar para ellos. Sin embargo, la investigación fue entorpecida una y otra vez, y hasta la misma Policía Bonaerense fue la encargada de la investigación. Este caso destapó un doble accionar de las fuerzas policiales bonaerenses: la represión (hasta la muerte incluso) y el “reclutamiento” de jóvenes en beneficio propio.

Durante los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner (2003-2015), más de 3.000 personas murieron a manos de las fuerzas represivas, otra vez la mayoría fueron jóvenes de menos de 25 años.

Así como no es nueva ni exclusiva del macrismo la política represiva hacia los sectores juveniles, tampoco lo es la pobreza estructural que padecen.

Según la UCA, la desigualdad social se incrementó de manera brusca a partir de los años 2010/2011 (con el comienzo del segundo mandato de Cristina Kirchner) y fue la base sobre las cual luego impactaron fuertemente las políticas de ajuste de Cambiemos. Entre 2011 y 2015 la pobreza en niños de 0 a 17 años pasó de más del 34 a más del 40 %.

En 2013, un informe publicado por el Ministerio de Educación alertaba sobre la alta precariedad laboral entre los más jóvenes y sostenía que se mantenía la misma tendencia que en los ’90, 3 de cada 5 jóvenes trabajaban en empleos informales y ganaban un 56 % menos que los adultos.

Detrás de las estadísticas, el Estado capitalista

En Argentina, uno de cada dos niños, niñas y adolescentes son pobres. Niños, niñas y adolescentes sin acceso a servicios básicos para su supervivencia y desarrollo, sin trabajo o con “changas” informales, con jornadas laborales extenuantes, (muchas veces con la calle como escenario). Niños, niñas y adolescentes a quienes el Estado, no le garantiza más que penurias.

La realidad es que la pobreza es estructural en Argentina, y los números lo muestran independientemente de quien gobierne. Es la contracara del enriquecimiento exponencial del empresariado, cada vez más concentrado.

Perseguir, criminalizar, reprimir, asesinar a la juventud es una política de Estado, hoy y ayer. Es la respuesta que encuentra el Estado capitalista a problemas profundos y estructurales como la pobreza que no puede resolver. Porque para hacerlo debería afectar las ganancias de los capitalistas, dar vuelta de raíz las bases de este sistema que no hace más que condenar a la miseria y marginación a los que menos tienen.







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