Géneros y Sexualidades

#NiUnaMenos se sintió en Uruguay

Las mujeres nuevamente en las calles en todo el país. No queremos más feminicidios, ni violencia machista de ningún tipo. Y queremos que el Estado deje de mirar para otro lado.

Karina Rojas

Montevideo

Domingo 3 de junio | 21:58

Jornada contra los feminicidios 3 - YouTube

En Montevideo, pero también en Salto, Colonia y otras ciudades las mujeres salimos, tomamos la calle, las plazas y los espacios públicos. Bajo frío, a veces alguna llovizna, pero firmes por nuestras hermanas que ya no están.

En Montevideo salimos del callejón de la Universidad hasta la Plaza de los 33 Orientales. Allí se pintaron las siluetas con el nombre de las mujeres asesinadas porque sus parejas, ex parejas o familiares no aceptaron un No, no soportaron que ellas dijeran Basta, no aprobaron nuestra autonomía ni nuestra capacidad de decidir.

Ya son 21 mujeres asesinadas en lo que va del año producto de la violencia machista. La más cruel de todas las violencias, aquella que te quita la vida. Pero sabemos que no es un problema individual, sino profundamente social y basado en un modelo patriarcal-capitalista de sumisión.

No podemos esperar nada de ningún gobierno que administre el Estado al servicio de los capitalistas, en comunión con las iglesias y la derecha más recalcitrante. El Estado es responsable de no otorgar lo mínimo, como hoy es atención a las mujeres en situación de violencia, o educación sexual en las escuelas.

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El Frente Amplio, que dice tomar las reivindicaciones de las mujeres, hoy cínicamente deja sin presupuesto la Ley Integral contra la violencia de género y en la actual Rendición de Cuentas deja sin plata su implementación. Una manera elegante de posar de “feminista” pero no hacer nada por las mujeres.

De patriarcados y capitalismos

A este sistema le conviene que seamos dóciles y sumisas. Nos quieren silenciadas a la hora de disponer de nuestro cuerpo, de utilizarlo en comerciales exponiéndonos. Nos usan y descartan, como un juguete que se rompe, cuando nos explotan sexualmente. Nos quieren indefensas, como con las gurisas desaparecidas, a las que se presume las secuestraron las redes de trata en complicidad con policías, jueces y políticos.

Nos enseñan desde chiquitas que tenemos que decir que sí a todo, en especial a lo que quieran los hombres. Nos dicen que lo mejor para nosotras es casarnos y aguantarnos lo que venga.

A este sistema capitalista y patriarcal le conviene la sumisión de la mujer. Cuando en los trabajos tenemos que aceptar cualquier tipo de condición, inclusive el acoso sexual, para poder llevar el alimento a nuestras casas. Las mujeres trabajadoras deben sufrir jornadas extenuantes en condiciones de precarización total, con sueldos bajísimos, sin derecho a poder faltar si estamos enfermas nosotras o nuestros hijos e hijas, y siempre con el peligro de que nos echen a la calle.

El trabajo doméstico es funcional al capitalismo, porque es la tajada de trabajo no remunerado que permite que la masa obrera vuelva a trabajar pronta para una nueva jornada, a costa del esfuerzo femenino.

#NiUnaMenos, un clamor mundial

Entonces tenemos que decir claramente que no queremos ni una muerta más, ni una mujer menos. Y también que no queremos ni una enferma más por los ritmos de producción, no queremos más trabajo precario y mal pago, no queremos más objetivación de nuestros cuerpos. Queremos decidir, queremos ser libres, queremos conquistar nuestra verdadera emancipación.

Somos parte de un movimiento internacional que también se manifiesta contra la violencia y la explotación. Somos parte de las mujeres que en Brasil enfrentan al gobierno golpista de Temer, o de las mujeres que en Argentina defienden sus puestos de trabajo y luchan contra los tarifazos del derechista Macri. Somos parte de esas mujeres que en Medio Oriente cuestionan la cultura patriarcal y re-definen su lugar en la sociedad. Somos parte de aquellas que en el mundo no se contentan con obtener algunos derechos, sino que cuestionan profundamente este orden de cosas y se proponen un cambio de raíz.

Hay que revolucionar todo

Ni el voto femenino, ni el derecho al aborto ni el conjunto de las libertades conquistadas fueron un regalo de los gobiernos ni de un Estado capitalista y patriarcal que reproduce día a día las condiciones de nuestra sumisión. Debemos arrancarle a estos Estados todo lo más que podamos, pero saber que nuestra emancipación vendrá de la mano de cuestionarlo todo.

Como hicieron las y los estudiantes del Mayo del 68, como lo hicieron nuestros y nuestras estudiantes uruguayas en ese mismo año, cuestionar de raíz esta sociedad que nos inunda de desigualdad y de miseria – padecida en su mayoría por mujeres.

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No queremos resistir siempre, queremos vencer, y para eso somos conscientes que debemos unirnos y organizarnos. Y pelear por nuestras demandas en las escuelas, liceos y facultades, pero también en los lugares de trabajo. Habremos ganado una batalla si conseguimos que nuestros compañeros varones reconozcan nuestra lucha y levanten nuestras demandas, y en ese camino reconozcan sus propios privilegios y juntos enfrentemos este sistema injusto y lo destruyamos.






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